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“Cuando los sumisos y obsecuentes más se someten al poder para buscar supuestos beneficios, más el poder los humilla y los desprecia. El poder desprecia la obsecuencia siempre y obtiene placer en humillar a los sumisos”. (Shakespeare, 1611)





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Aniversario de la ciudad
San Justo cumplió 149 años, ¡¡y nadie lo recordó!!


Por Alfonso Corso.-

Parece increíble pero es verdad, pensemos un poco, casi 2 millones de habitantes, varios centenares de alumnos, centenares de funcionarios, centenares de profesores y de licenciados, y el día en que la cabecera del distrito, la ciudad de San Justo cumplía 149 años, entre en la historia porque, fui el único que se acerco al busto de Don Justo Villegas para colocar una flor, una rosa en el busto (que ahora, para mayor escarnio está nuevamente sin placa recordatoria).
Nos hemos sentado en la “paresita” para pensar por que motivo nadie se arrimó y hemos imaginado mucho, mucho trabajo, mucho calor, los festejos de una santa navidad, los problemas de la vida, en fin, muchos motivos pero San Justo no fue recordado y Don Justo Villegas tampoco.
Por esas cosas de la vida, hace prácticamente desde el centenario (casi medio siglo) que nos acercamos a este recuerdo, de una manera o de otra, he dado decenas de discursos frente al busto (tanto del viejo busto de Chierico como el nuevo) pero nunca recordamos el aniversario como este.
Y nos pusimos a meditar, y quisimos recordar a Don Justo Villegas, a mas de 160 años de su muerte, junto a él sus hijos, y allí estaba Emilio, Ángela, Marina, Carmen, Petrona, y estaban sus yernos y nueras, y allí estaban estaba Don Gorhs que hacia las veces de apoderado, y el periodista de la familia, y Manuelita Rosas que con tanto afecto lo recordaba y allí estaba Don Líate, y allí estaban los vecinos de Marcos Paz, y allí estaban todos los que veían nacer una futura ciudad, como bien decía Almafuerte, en el mismo lugar que hasta esos momentos habían brotado los cardos, unos cardos enormes que más de una vez sirvieron de aliento calido en las noches frías de los inviernos crudos del pago liminar.
Y me quise imaginar esos 150 ladrillos que se usaron para la piedra fundamental (de los cuales solo una docena quedan, uno de ellos en San Justo) y esa excavar junto al mojón numerado para levantar la piedra cuando se construye el asilo Italiano (y ahora quieren excavar en la plaza con “sonar”, con “radar” y con otras cosas pero, para recordar a Don Justo no tuvieron tiempo) ¿vivían en San Justo? O no sentirán a San Justo.
Y recordamos a todos los personajes que nos honraron con su presencia, Laferrere, Almafuerte, Argerich, Martiniano Leguizamo, los maestros Pizzurno, Arroupe de Vilas, Valle, Lazcano, Vidal, Ancheschi ( que dio su vida por salvar a los niños de su escuela) a los médicos que en las luctuosas épocas de la epidemia del cólera morían por decenas para salvar a los que buscaban la vida, y lo hacían modestamente sin desear ser personajes aunque lo eran, a todos los que nombro en mi libro sobre la historia de San Justo ( que aunque ha sido objeto de plagio por mas de uno, los perdono porque lo hacen “de buena fe”) a las autoridades que han pasado en estos mas de 150 años, desde Villegas, Don Juan Manuel, a Cademartori, a Cavalli, al “arrepentido” Madariaga, a Silveyra, a Tovares, a Barros Pazos, a Dalmacio Vélez Sarsffield que dentro del horrible drama que cerniría su vida, allí estaba.
Y como olvidar a ese mártir que se llamo Melchor Romero, que sin embargo vivió para legarnos un San Justo constituido, y a Pueyrredon, y a Rubio.
Y como olvidar a esos pioneros que demarcaban con sudor y palas la existencia de nuestro San Justo, y a esos primeros médicos que iniciaron nuestra liminar salita que tantos miles de vidas salvó, y a Otalora, y a Fardin, y a Ramón Quiroga, y al factor de las cajas reales, y al inspector de túneles de Rosas que nos dio limites, y al eterno Don Weiguel que dio lustre a su apellido legando sabios al pago matancero y a San Justo en particular, y a Velloso, y a Arozarena, y a don Scort, y a los Pampagenos y a los Pampaches ( aunque hoy los quieran llamar de otra manera) y a don Juan Moreira, y a los Molina, y a los Humanes, y a los Niglia, y a Outes, y al Dr. Bonzo.
Y al primer Intendente local, legal y “moderno” Don Ricardo Eastman, y a Cossio, y a Teherán, y a Valdivia, y Avendaño, y a Estrogamou, y a Roca y a Leguineche, y a Larre.
Y como podemos olvidar a Hilario Schoo, a Fernando Tovares, a Gorosito, a Cibils, a la Corporación Municipal, al liminar Lorenzo Ezcurra, en la Presidencia de la Municipalidad y a Don Basail.
Y como olvidar al hasta ahora único Sacerdote Intendente, Don Francisco Acquavella, y a Don Ardoino y al comisionado Luis Herrera García, y a don Carlos Canda, y Meana y a don J. N. Russo que en la década del 40 fue uno de los pioneros comisionado interino, y a don Iannone que murió modestamente, casi olvidado, después de haber tenido el honor de haber sido uno de los primeros gobernantes aplaudidos por Perón.
Y como olvidar al gaucho, y a don Ferro (el primero que substituyo rectamente los cuarteles para transformarlos en localidades o ciudades)
En fin en ese día, mientras estaba solo colocando una flor ante el busto de Don Justo Villegas sin placa, sentía que un poco un poco representaba ( y que me perdonen por mi petulancia) a estos Próceres que nada pidieron al partido y en todos dieron junto con otros centenares que no están mas y a los miles de trabajadores que con su sudor, van construyendo este San Justo, que estoy seguro que en el sesquicentenario de su fundación, se verán abundantes concurridos en homenajes, ¡¡que así sea!!

 

 

 

 

La Edición Digital del diario NCO, está dedicada a la memoria   de Antonio Mamerto Gil ("El Gauchito Gil") en reconocimiento a las gracias concedidas.

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