| Un
caso polémico
Ofrecen
50 mil pesos de recompensa por el paradero del asesino de Daniel
Sosa
Es
un ex policía de La Matanza * Fue sentenciado por un caso
de gatillo fácil que tuvo como víctima a Daniel Sosa
* Pero en la jornada final del juicio escapó y hasta hoy
está prófugo * Ahora el Ministerio de Seguridad ofreció
50 mil pesos de recompensa *
El
Ministerio de Seguridad bonaerense ofreció ayer una recompensa
de 50 mil pesos para quien brinde datos fehacientes que permitan
localizar al ex suboficial de la policía bonaerense Aníbal
Ramón Olivera, prófugo desde que fue condenado a 18
años de prisión por un tribunal de La Matanza por
el asesinato de Daniel Alejandro Sosa.
Quienes estén en condiciones de aportar información
pueden comunicarse al teléfono 0221 429-3015 o dirigirse
a una Fiscalía General de Cámara de cualquier departamento
judicial de la Provincia de Buenos Aires. Por Olivera, el Ministerio
de Seguridad bonaerense ya había ofrecido una recompensa
en julio del 2004, que entonces ascendía a 30 mil. La captura
del ex policía está activa desde el 30 de abril del
2004 cuando fue condenado por el crimen de Sosa, cometido el 2 de
febrero del 2001, en lo que la familia de la víctima consideró
un caso de "gatillo fácil".
Sosa era chofer de la empresa "Transportes Ruta 12" y
padre de dos niños de 8 y 11 años. Fue asesinado en
la medianoche del 2 de febrero de 2001, a la altura de la calle
San José al 2200, en Aldo Bonzi, justo frente a la casa del
policía. Todo ocurrió cuando Sosa volvía en
su coche a su casa desde el Hospital Británico de la Capital
Federal. Allí se había atendido porque había
sufrido un esguince en el tobillo derecho al intentar bajarse del
camión de una empresa de transportes del cual era chofer.
Durante la etapa de instrucción, Olivera admitió que
había matado a Sosa porque éste lo había querido
asaltar. Sus abogados defensores trataron de demostrar en el juicio
que el policía había actuado en legítima defensa,
y pidieron su absolución.
Pero las
partes acusadoras lograron desvirtuar totalmente esa causal de justificación
que la defensa pretendía probar. Y por el contrario, se comprobó
a lo largo del debate que “en realidad esto no fue otra cosa
que un fusilamiento. Es decir, que se fraguó el enfrentamiento
armado, se fraguaron las pruebas”, dijo el abogado de los
Sosa. Las pericias balísticas tiraron abajo la versión
que había dado Olivera durante la etapa de instrucción.
Incluso su declaración en la audiencia del lunes, también
fue contradictoria con lo que había declarado en 2001. También,
durante el debate oral, peritos de la Policía Científica
dijeron haber probado que Olivera le plantó un arma a Sosa
(para simular que había intentado asaltarlo) y que después
-posiblemente con ayuda de dos de sus hijos- movieron de lugar el
cuerpo para modificar la escena.
Tanto las pruebas testimoniales como las periciales balísticas
corroboraron que “en todas las declaraciones vertidas por
Ramón Olivera, había mentido para tratar de zafar
de una imputación penal”, calificó Becker. Este
juicio, en definitiva, “posibilitó probar que Daniel
Sosa era una persona de bien, honesta, trabajadora, excelente padre
de familia y alejado totalmente de todo lo que pueda ser vinculado
con hechos ilícitos”, resumió el profesional.
“Es decir, quedó a salvo su honor y el de la familia.
Hecho que en todo momento se trató de corroborar, fue una
búsqueda constante”, añadió.
La
fuga
Después
de emitir su veredicto, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº
3 de San Justo ordenó su inmediata detención ante
el peligro de fuga del imputado. Pero ya era tarde: Olivera no fue
hallado por personal de la Comisaría de Tapiales que fue
asignado para arrestar al policía en la vivienda donde tendría
que haber estado cumpliendo un regimen morigerado de prisión
preventiva. Por unanimidad, el jurado encontró a Olivera
“autor material del delito de homicidio simple”, motivo
por el cual se mandó su rápido arresto mediante una
comisión policial que debía entregar al detenido a
la Comisaría 2ª de Ramos Mejía, para ser conducido
a la Unidad de Servicio Penitenciario Bonaerense que se le asignase.
Otro de los que está complicado en esta causa es el hijo
mayor del hoy prófugo. Se presume que Roque Olivera -también
policía- estuvo involucrado en el plantado de pruebas. Según
se reveló en la última audiencia, se mandó
a extraer testimonios de la sentencia a los fines de investigar
la comisión del delito de encubrimiento como asimismo se
giraron actuaciones al Ministerio de Seguridad y Justicia para que
se le inicie un sumario interno y lograr así su exoneración
de la institución policial.
En lo que respecta a Diego Olivera, otro hijo del detenido, el abogado
querellante advirtió al final del juicio que “el criterio
sería similar, aunque entiendo que la responsabilidad podría
ser menor al de su hermano Roque, que participó activamente
en las maniobras de adulteración de las pruebas”.

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