| Camino
a la Beatificación
Padre Mario Pantaleo y padre Ignacio Lombardini:
¿Dos santos para La Matanza?
Por
Alfonso Corso.-
Siempre
hemos dicho que “...el agradecimiento, es la única
flor que se puede prodigar sin que se agote y sin que se extinga...”
y en base a ese sentido del agradecimiento, el pueblo de La Matanza
ha sabido recordar a los que se han brindado para hacer culminar
una nueva obra, un pensamiento, una enseñanza y, en esos
días, una nueva esperanza se ha iluminado en el acontecer
lugareño, esa esperanza (y más que eso una expresión
de deseos) nos permitió en el año 1992 solicitar respetuosamente
al Santo Padre el inicio del proceso de Beatificación de
dos sacerdotes matanceros: El padre Mario Pantaleo y el padre Ignacio
Lombardini, dos sacerdotes enraizados en el acontecer de nuestro
“pago”, que en vida supieron prodigar su bondad y sus
esfuerzos para que sin que ellos lo desearan, entraran en la inmortalidad
popular, y en esos casos, bien lo sabemos, que la voz del pueblo
es la voz de Dios.
La
semilla diseminada por nuestro monseñor Marcón, hace
de esto más de seis décadas, fue tomada, acrecentada
y embellecida por la obra que, tanto el padre Mario Pantaleo como
el padre Ignacio Lombardini llevaron a cabo día a día,
metro a metro, rezo a rezo, y hoy cuando ambos se alejaron de la
vida terrenal es que nos atrevemos humildemente a solicitar que
la presencia de esos dos ilustres guías de nuestro pueblo
lleguen a los altares.
Sabemos perfectamente que, para que eso suceda debe haber de por
medio milagros, y sabemos que la Iglesia es muy cuidadosa en el
análisis de esos hechos (gracias a Dios) y es por eso que
nos atrevemos a presentar aquí los milagros del padre Mario
Pantaleo y el padre Mario Lombardini.
Hemos conocido profundamente a ambos sacerdotes, y es por eso que
podemos recordar a aquel “curita” que andando en bicicleta,
con su sotana siempre salpicada de barro de las entonces polvorientas
calles de Laferrere y con sus largos días de ayuno brindaba
su plato de caldo a algún pobre como él y extendía
su humilde capita entre las ramas de un árbol, y bajo ellas
iniciaba sus misas para un puñadito de fieles.
Ese puñadito de fieles se iba poco a poco nucleando hasta
formar compactas feligresías y es allí cuando se producía
el milagro de la fe. Las capillas en Laferrere se iban multiplicando
y el padre Ignacio Lombardini daba sus misas en ellas: Nuestra Señora
de Fátima (en la Loma de los ingleses), Nuestra Señora
de Luján (en el ex barrio Las Flores), San Cayetano, San
Ignacio (Villa Unión ruta 3 kilómetro 26), y el Centro
San José del barrio Jorge Newbery; todas creada por él.
En cada una de las capillas fue dando a diario su esfuerzo y esa
capilla dio a luz una nueva fe que hoy a la distancia de su humilde
y casi olvidado alejamiento físico, nos atrevemos a solicitar
su elevación a los altares.
El padre Mario Pantaleo, creador de los sermones comunitarios campestres
(tengo en mi poder un video de la década del 80 en el cual
se ve al padre Mario oficiando humildemente en medio del verde.
¿Y qué podemos decir del padre Mario que no se ha
dicho?. Nacido en el año 1915, en plena guerra mundial, absorbe
en su sensibilidad el dolor de la muerte injusta de millones de
seres. Terminada la desolación se traslada con los suyos
a la Argentina radicándose en Córdoba, estudia en
un colegio salesiano y vuelve a su país natal (Pistoia, Italia)
donde en 1944 se ordena sacerdote bajo la advocación del
Papa Pío XII cuyo “motus” era Pastor Angelicus
y eso fue el padre Mario Pantaleo: un pastor angélico.
De inmediato se traslada a González Catán y en esos
momentos no dejaba de ser una zona semirural, si bien muy habitada,
no llegaba a los 10.000 habitantes, pero allí hace crecer,
fiel al lema que lo preside su labor de pastor.
Los distintos Papas le van brindando la fe de su lema. Juan XXIII
como pastor Et Nauta (debió navegar para llegar y debió
navegar en las trágicas inundaciones locales); después,
Paolo VI, Flos Florum, la flor de las flores, una flor de bondad
al servicio de la humanidad; Juan Pablo I, De Medetate Lunae, el
semi ocaso de la fuerza papal para culminar con Juan Pablo II cuyo
lema fue De Labore Solis (de los trabajos del sol) y ese fue el
trabajo del padre Mario, de sol a sol para la comunidad: Un área
educativa de ayuda a la discapacidad, centros de día, salas
de auxilio, misas comunitarias campestres (sin fines mediáticos
y sí pastorales), talleres laborales comunales, hogares para
pobres, alivio material y espiritual a los enfermos y a los desvalidos,
obra cultural y de apoyo a la cultura de la que se habla poco y
que me consta fue intensísima, fundaciones y su actividad
modesta y callada pero efectiva (miles de personas pueden dar fe
de eso), cura sanador.
En fin, creemos que si bien en estos momentos se habla mucho del
padre Mario (en buena hora) tratemos que ambos sacerdotes puedan
entrar a la gloria de los altares.

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