| Comisaría
de la Mujer de La Matanza
Asesoramiento y contención a las víctimas
de violencia familiar
El servicio es brindado gratuitamente por un gabinete de distintos
profesionales que trabajan en forma interdisciplinaria * En febrero
se registraron en esta dependencia policial más de 500 casos
de violencia doméstica *
Por Soledad
Saliola.-
Por
lo general la víctima es una mujer; llega a denunciar su
situación convencida por un familiar o un vecino, pero con
mucho miedo, sentimiento de culpa y desconocimiento total de sus
derechos. Es en ese momento que se hace indispensable la intervención
del equipo de especialistas con el que cuenta la nueva Comisaría
de la Mujer y la Familia de La Matanza, encargada de orientarla
y ayudarla a cambiar su realidad de opresión o maltrato.
Como en las restantes 13 comisarías de este tipo en territorio
bonaerense, la de La Matanza -inaugurada hace poco más de
cinco meses en San Justo- tiene un gabinete interdisciplinario:
una estructura que depende del Ministerio de Seguridad bonaerense,
conformado por una asistente social, psicóloga y abogados.
NCO dialogó con dos de estos profesionales quienes destacaron
que “difícilmente un profesional en forma particular
pueda solucionar un problema tan complejo como la violencia familiar”.
La
Comisaría de La Mujer está situada en Ombú
3720 de la ciudad de San Justo
Alejandra Soria, una joven policía de Infantería,
es estudiante de Trabajo Social en la Universidad de La Matanza
y presta un servicio de colaboración ad honorem en el gabinete
al igual que su tío, Alejandro Antonio Soria, también
policía, que como abogado ayuda en el asesoramiento legal.
La mayoría de los casos de agresión que atienden,
según comentó Miguel, es del hombre hacia la mujer,
pero también se dan los casos de menores golpeados y ancianos
maltratados por mujeres, así como también muy pocos
casos de hombres golpeados que por pudor no lo reconocen.
“Generalmente cuesta mucho que la persona asuma ese rol de
víctima. El victimario hace creer a la persona culpable de
lo que le pasa, y nunca va a ver la opción de querer mejorar
porque piensa que es ella que tiene que cambiar, no va a ver que
él tiene que irse de la casa para no sufrir más ella
los golpes. La víctima no percibe eso con claridad, entonces
llega al extremo cuando no soporta más, la han golpeado y
maltratado a los hijos y quizás por los vecinos y la familia
vienen hasta acá.”, explicó Alejandra.
“Vienen con un montón de dudas y desconociendo todo.
No saben lo que dice la ley, no saben los beneficios que tienen;
por eso el papel fundamental de este gabinete que se implementó
desde la Dirección de Políticas de Género”,
agregó la trabajadora social.
En el caso de los chicos violentados, suelen venir con las abuelas
o con la persona que los esté cuidando. “Atendemos
a gente de toda La Matanza y siempre se trata de madres abandónicas
por diversos motivos. A veces las mismas abuelas vienen a denunciar
a sus hijas porque quieren hacer algo para que reaccionen”.
Otra de las constantes en la comisaría, son la cantidad de
mujeres “reincidentes”. En este sentido, Miguel las
describe: “tienen muchos años de matrimonio, han sufrido
violencia siempre y toman la determinación de separarse pero
ante la insistencia de que va a cambiar el agresor, vuelve a convivir
y vuelve a sufrir la agresión”.
Como
actúa el gabinete
Hay
tres momentos de la intervención del grupo de profesionales
ante cada uno de los casos que se les presenta, lo que significa
varios encuentros con el damnificado, un seguimiento de su situación.
El primer paso, describe Alejandra, que coincide con la entrevista
inicial con la víctima, consiste en “resguardar la
vida de esa persona”, esto implica que tome la “decisión
de denunciar” al agresor que no siempre es el esposo. “Le
explicamos lo que significa hacer una denuncia y los pasos que siguen
y transmitirle seguridad, que conozca qué se viene de acá
en adelante”, dijo.
Es también parte de ese objetivo buscar que el individuo
salga del lugar de agresión, con lo cual muchas veces tienen
que ubicarlo en un refugio. Para eso el gabinete cuenta con una
red de centros (familias organizadas que ofrecen gratuitamente asilo
momentáneo).
El segundo momento, prosiguió, “tiene que ver con fortalecer
las potencialidades de cada uno”, en el que se trabaja con
el aspecto emocional de la víctima de violencia que “pierde
su autoestima, se siente menospreciada y sin ningún valor”.
Por último, la psicóloga interviene en el aspecto
de cómo esa persona se prepara para rehacer una nueva vida,
“darle las herramientas necesarias para que no repita todo
lo anterior”, sintetizó Alejandra.
Respecto a este trabajo interdisciplinario, por su parte Miguel
subrayó que “si bien tenemos la Ley 12.569 de violencia
familiar, es muy buena y tiene una rapidez notable en cuanto a su
instrumentación, pero no le hablamos (a la víctima)
que la solución de sus problemas de violencia pase exclusivamente
por la ley. Sí le damos la certeza que a través de
la ley, con los beneficios de la exclusión del hogar para
el agresor, del perímetro de seguridad para que no se acerque
a sus ámbitos, le damos la seguridad policial y jurídica.
Pero hay que hacerla entrar en un contexto que ella deba comprender
que es víctima”.
“La Ley 12.569 de la provincia de Buenos Aires, en el artículo
1 establece que la violencia familiar puede ser física, psíquica,
emocional, por restricción a la libertad, sexual, económica.
Es importante que la mujer sepa que teniendo alguna de estas situaciones
igual puede acercarse y hacer la denuncia y tener el asesoramiento
nuestro aunque no haya sido golpeada. La ley la protege igual”,
aclaró el letrado.
Estadística
alarmante
En
el último mes, según los datos proporcionados por
la capitán Marta Valenzuela, titular de la dependencia, se
registraron en la Comisaría de la Mujer de La Matanza 512
denuncias de violencia doméstica en sus diferentes formas,
lo que significa muchos más de 500 casos recibidos, en los
que quizás la mujer sólo busca asesoramiento que la
anime a tomar por sí misma una determinación de terminar
con el círculo de violencia.
Este es un significativo número de denuncias, teniendo en
cuenta que en los primeros días de inaugurada la seccional
(22 de septiembre de 2005) se asentaron sólo unas 19. Con
el tiempo, fueron incrementando y esa cifra subió a 296,
de octubre a noviembre de ese año. Los dos mes siguientes,
llegó a 376 denuncias.
Al comenzar el 2006, hubo 457 casos registrados, que se transformaron
luego en 512 en febrero.

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