| La
solidaridad como herramienta cotidiana
Vivir
para ayudar a los demás
En
un comedor de Gregorio de Laferrere se alimentan cientos de chicos
y grandes todos los mediodías, aumentando cada vez más
la cantidad de gente que llega a este lugar pidiendo por un plato
de comida * Sólo siete personas se encargan de la difícil
tarea de no poder decirle que no a nadie, ya que por más
que en ciertas oportunidades no den a basto, siempre tratan de que
todos se vayan con el estómago lleno* A pesar de las dificultades
permanentes, este sitio se transformó en una parte muy importante
de la vida de quienes trabajan allí, que luchan constantemente
por paliar las necesidades de una localidad golpeada por la pobreza
*
Por
Claudio Brusca.-
Si
hay algo por lo que siempre se caracterizaron los argentinos, es
por la enorme solidaridad con la que se trata a los más necesitados,
no sólo desde el punto de vista alimentario, sino también
por lo que se brinda en materia pedagógica y el afecto y
la dedicación desinteresada puesta en la asistencia del que
menos tiene.
Tal es el caso de un comedor ubicado en el barrio “La juanita”,
de la localidad de Gregorio de Laferrere, en el cual conmueve ver
a una multitud de chicos y grandes que reciben a diario el almuerzo
en el comedor “Corazón valiente”.
En la calle Del Tejar 3824, todos los días se les da la comida
a más de 120 personas, que se acercan desesperadamente pidiendo
ayuda, ya que su única oportunidad de ingerir alimentos en
“buen estado”, es a través de la buena voluntad
de los vecinos, o en esta ocasión, de un comedor que deja
bien en claro cuál es su meta con la sociedad.
Muchos de los que se arriman son niños que pasan toda la
jornada “cartoneando” abajo del sol o tratando de no
caer en las adicciones que los condenen por el resto de sus vidas.
Cuando llegan las 12.00, saben que en el barrio hay un casa en la
cual pueden comer bien y ser escuchados en referencia a las distintas
situaciones por las que tienen que atravesar en el duro camino de
la calle.
Susana Molina, es la fundadora del lugar, está casada, tiene
6 hijos y aún se emociona al contar las historias que se
van tejiendo en cada almuerzo, y especialmente, no aguanta sostener
las lágrimas en los relatos que denotan el amor que recibe
por parte de la gente del barrio que no se guarda nada al elogiar
con palabras la tarea de la directora.
Los vecinos paran a saludarla, los chicos le hacen regalos y no
dejan de darle besos a esta señora que se ganó el
cariño de todos los habitantes de una localidad que la siente
como una “fiel trabajadora y artífice de la solidaridad”,
dicen.
El hogar arrancó con sus actividades hace cuatro años,
en principio dándole la merienda a 25 chicos, pero con el
correr del comentario que se hacía fuerte en un Laferrere
sufrido por el hambre, la gente se fue acercando en gran número,
hasta llegar al centenar que se junta hoy en cada mediodía.
Un
verdadero esfuerzo que vale la pena contar
La
gran demanda provocó un fuerte trabajo de las 7 “valientes”
que se encargan de cocinar y de tratar de atender a las personas
que se acercan, no sólo para ofrecerles un plato de comida,
sino también para escuchar sus carencias e inquietudes cotidianas.
Son muchos los problemas que se presentan, desde cómo calmar
todos los días el hambre después de una dura jornada
de trabajo, hasta casos de violencia familiar en niños y
mujeres.
“Hay gente que viene y que no esta anotada en los registros,
a la que no le puedo negar un plato de comida, por eso con el pasar
de los meses nos vamos dando cuenta que somos cada vez más”,
comentó Molina.
A su vez, la fundadora agregó: “A pesar del momento
que vive el país, estamos conformes con la ayuda que percibimos
de Acción Social, a la que hay que sumarle algunos actos
solidarios de comerciantes cercanos que tratan de darnos una mano
constantemente, eso hace que nos podamos adaptar a la realidad”.
En los alrededores de este barrio, se pueden percibir necesidades
esenciales, viviendas precarias en las que viven familias numerosas,
muchas con más de 5 o 6 hijos, lo que hace muy difícil
que alguna “changa” pueda paliar las insuficiencias
de un ambiente de estas características.
Ayudar
es el principal remedio
A Susana
Molina le detectaron un cáncer de estómago hace varios
años, pero en el peor momento de su enfermedad, su alma caritativa
la impulsó para llevar adelante este formidable proyecto
y seguir firme con la esperanza de curarse definitivamente.
“Los niños me quieren como a una madre, y es el cariño
que ellos me brindan lo que lleva a que mi debilidad física
vaya desminuyendo con el pasar del tiempo. Hoy, con todo el afecto
que recibo, me siento realmente sana”, enfatizó la
mujer que es pilar de esta gran obra de bien.
Humildad, amor y solidaridad, son unas de las tantas sensaciones
que se perciben al sentir el trabajo que se realiza en este hogar,
que recoge a diario el rígido presente de un sector de la
sociedad que todavía tiene esperanzas de que las cosas mejoren.
Si algo queda claro al finalizar el análisis, es que en esta
casa verdaderamente sobra la valentía y la dedicación
por el prójimo, teniendo como lema inquebrantable y motivador,
que a pesar de las adversidades, el comedor se debe llenar de fuerzas
para transformarse a cada minuto en un pulmón sólido
del barrio “La juanita”.

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