Comienzo
del juicio por el caso Ramírez-Salas
El Tribunal 3 inició el debate denegando
la prisión domiciliaria al principal imputado
El
acusado de disparar a Salas deberá seguir encarcelado * Fue
lo primero que los jueces resolvieron ayer al arrancar la audiencia
* Los testigos iniciales describieron el caos en el que sucedieron
los dos crímenes durante los saqueos de 2001 en Ciudad Evita
* La madre de Damián Ramírez fue la primera en declarar
y acusó a los sospechosos de haber sido los únicos
que estaban armados cuando ocurrieron las tragedias, mientras que
a uno de ellos solía verlo siempre armado por el barrio *
Por Soledad Saliola.-
Tras
varias postergaciones, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 3
de La Matanza dio inicio ayer al primer juicio por dos víctimas
de los saqueos ocurridos en diciembre de 2001 en Ciudad Evita, aunque
no fue un buen comienzo para uno de los imputados de darle muerte
a Ariel Salas, Franco “El tano” Mazzi, quien pidió
volver a tener prisión domiciliaria y le fue denegada por
haber infringido ese régimen.
Mientras los familiares de las víctimas, nucleados en la
asociación “Madres de La Matanza contra la impunidad”,
festejaban el comienzo tan esperado por ellos del juicio dos veces
pospuesto, la defensa del acusado Mazzi volvió a encontrarse
con un revés en su estrategia, después de haber hecho
retrasar el desarrollo del proceso cuando estaba a punto de iniciarse
y presentó la recusación del Tribunal, que finalmente
resultó rechazada por la Cámara de Apelaciones y Garantías.
Mazzi cumple prisión efectiva desde hace unos días
en la Unidad penitenciaria 29 de Melchor Romero, luego de que se
comprobara que violó la morigeración que cumplía
en su domicilio de la localidad de Villa Madero. Y ayer, en la apertura
del debate, su defensor, el polémico abogado Miguel Angel
Pierri, solicitó que le restituyeran su anterior régimen,
pero el Tribunal no hizo lugar al pedido.
Además, según informaron fuentes del caso, Mazzi había
brindado una declaración al principio de la causa que lo
comprometía y no le era conveniente para su defensa; entonces
Pierri también requirió fuera sacado ese testimonio,
argumentando que en ese entonces su cliente no había estado
defendido y que no le habían comunicado las pruebas en su
contra. Pero el Tribunal tampoco hizo lugar a la nulidad planteada
por el letrado, al considerarla como improcedente porque la declaración
había sido “oída respetándose todas las
garantías constitucionales”.
Antes
que se empezara con la recepción de la prueba, las partes
demandante y defensoras coincidieron en desistir de los testimonios
de identidad reservada, previstos para declarar de entre una totalidad
de 35 testigos, así como también el fiscal de juicio,
Sergio Antín, descartó la presencia de otros 3 testigos.
Parece que la perspectiva sería quedarse con los declarantes
más esenciales para acortar las jornadas de debate.
La primera en ser llamada a declarar fue Raquel Arrieta, madre de
Damián Ramírez, que tenía 14 años cuando
fue asesinado el 19 de diciembre de 2001. La mujer empezó
su relato ante los jueces Jorge Fabián Van Staden, Diana
Nora Volpicina y Liliana Logroño, diciendo que su hijo salió
de su casa -en la calle Cristianía y Maciel- a ver los saqueos
que se estaban produciendo en negocios de la vereda de enfrente
y ella lo siguió, hasta que en un momento determinado advirtió
a Damián tendido en la calle y con dos heridas.
Antes de suceder eso, contó, alcanzó a ver a los acusados
Franco Mazzi, Bernardo Joulie y César Enrique Maguicha juntos
apoyados sobre la cortina baja del supermercado Las Delicias, y
los acompañaba otro muchacho de gorra blanca conocido del
barrio, la mujer de Maguicha, su hijastro y el hijo de Mazzi. De
a cuerdo recordó la mujer, a Mazzi lo vio portando “algo
largo” que no sabía si era un palo o un arma y que
Maguicha “siempre anduvo armado por el barrio”, a la
vez que aseveró que “se escuchaban muchos estruendos,
que eran disparos, suaves y fuertes” y que “la gente
de alrededor no estaba armada, sino la masacre hubiera sido mayor”.
También la testigo afirmó que cerca de los acusados
había un grupo de al menos diez personas que le decían
que dejara de tirar.
Ese mismo día y en el mismo sitio cayó muerto Ariel
Salas, de 31 años, quien venía de trabajar, y al bajar
del colectivo y cruzar la calle para dirigirse a su casa, le pegaron
un escopetazo en la cara.
“Mataron porque tenían ganas nada más porque
esos negocios jamás fueron saqueados”, se refirió
Raquel a los comercios cuyos locales daba en alquiler Mazzi y que
Joulie custodiaba.
El segundo testigo presentado fue el policía José
María López, ahora capitán de la Dependencia
del Mercado Central, que en aquel entonces era el segundo jefe de
la comisaría de Altos de Laferrere.
El
funcionario policial declaró que ese 19 de diciembre llegó
acompañado de otros tres uniformados al lugar en cuestión
por una denuncia de disparos, donde se encontraron con “el
caos reinante, movimiento de mucha gente de un lado para otro, y
mucha otra gente que estaba saqueando una carnicería y otro
comercio”, narró.
Allí, siguió contando, sobre la vereda de Cristiana
descubrieron dos vainas y dos cartuchos servidos de escopeta, los
cuales incautaron. Además, a la pregunta de los jueces acerca
de cuáles fueron las directivas para que actuara la Bonaerense
en esa conflictiva situación, el capitán López
respondió que las medidas de prevención dispuestas
fueron las de “tratar de evitar que ocurrieran los saqueos",
aunque se vieron “superados por la cantidad de personas saqueando”.
A lo que agregó que frente a este desborde, la directiva
fue de “tratar de pedir refuerzos”, cosa que no hizo
según afirmó, o “tratar de controlar la situación
para evitar un mal mayor”.
Además del acusado de la muerte del adolescente Ramírez
y de instigar el asesinato de Salas, el comerciante Franco Mazzi
(50) -que estuvo varios meses
prófugo-, está siendo ajusticiado Bernardo Joulie
(55), ex uniformado de la Prefectura, como presunto responsable
del fallecimiento de Salas, cuya defensa es ejercida por la abogada
Isabel Cantera. En tanto, están procesados pero en libertad
los comerciantes César Rafael Orellana (41) y César
Enrique Maguicha (45), que está representado por el defensor
oficial Eduardo Sbriz, de la Defensoría Nº 1 de La Matanza.
Al momento de la tragedia, según habrían declarado
estos imputados, estaban cuidando los locales y dispararon “en
defensa propia”. Fue debido al estado de conmoción
por esos días y las características en que transcurrieron
los hechos por lo cual el juez de garantías Rubén
Norberto Ochipinti les dictó a Mazzi y a Joulie una prisión
preventiva morigerada a ser cumplida en sus domicilios y con monitoreo
electrónico hasta que se sustancie el juicio oral. Mazzi
no la respetó y por eso ayer el Tribunal que lo juzga decidió
confirmarle la prisión efectiva en la cárcel.

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