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CULTURA
Historia de
la Literatura Argentina
De
1810 a 1879 Dentro del panorama de las literaturas de Hispanoamérica, el
origen de la argentina carece de los rasgos amerindios que distinguen, por
ejemplo, a las de México y el Perú. Los primeros registros son crónicas de
viajeros extranjeros: Ulrico Schmidel, Martín del Barco Centenera y Ruy Díaz
de Guzmán. Luis de Tejeda, discípulo de Góngora y San Juan de la Cruz, es el
primer poeta argentino. Las letras de la época colonial o virreinal -seudoclásica,
barroca y épica- crecen al amparo del fervor independentista: Vicente López
y Planes, Pantaleón Rivarola y Esteban de Luca. Aparecen los esbozos de la
gauchesca: Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo, un
género nativo que alcanzará su máxima expresión con la obra El gaucho Martín
Fierro, de José Hernández, representativo del sentimiento y el carácter
nacionales. La ruptura con la tradición española, en favor del romanticismo
francés que postula el retorno a las fuentes populares y al pasado medieval,
permite que Esteban Echeverría, su primordial epígono, sea el creador del
primer cuento local y realista: El matadero, y del poema La cautiva, donde
el escenario de la pampa es primordial. Germina una literatura de madurez
intelectual y política. A mediados del siglo XIX José Mármol publica la
primera novela argentina Amalia. Mientras la poesía decrece su espíritu
combativo y se vuelve hacia lo anecdótico y sentimental: Carlos Guido y
Spano y Ricardo Gutiérrez, las crónicas costumbristas: Vicente Fidel López,
Lucio V. Mansilla y Juana Manuela Gorriti y las históricas: Bartolomé Mitre
y Domingo F. Sarmiento, testimonian el sentimiento de la organización
nacional.

De 1880 a 1900 La generación de 1880, traza teórica y metódica de una
literatura con señales propias, acentúa la coloración europeizante y la
primacía cultural de Buenos Aires por antonomasia. Todavía no son
significativas las letras de provincia. La corriente inmigratoria de variada
étnica acentúa el cambio de la gran aldea por la urbe cosmopolita. La poesía
es lírica e imprecatoria: Leopoldo Díaz y Almafuerte; el ensayo es un género
reciente: José Manuel Estrada, Pedro Goyena y Joaquín V. Gonzáles; la
narrativa pendula entre lo social y el costumbrismo: Miguel Cané, Eugenio
Cambaceres, Julián Martel, Francisco Sicardi y Carlos María Ocantos.
Hacia
final de siglo, de la mano y la letra de Rubén Darío, surge el MODERNISMO.
Preciosismo y simbolismo resumen la nueva estética, la que dará la voz más
alta de la poesía argentina contemporánea: Leopoldo Lugones, a quien se
debe, asimismo, el primer cuento de ciencia ficción en nuestra literatura.
Lugones es el paradigma que cesura en dos campos la literatura argentina.
La voz de Lugones, entonces, resonará por largo tiempo, pero, lateralmente,
surgen otras dos líneas de creación: el CRIOLLISMO, pontificador del
realismo rural con Horacio Quiroga y Roberto J. Payró, y el SENCILLISMO, una
poética de lo popular con Evaristo Carriego y Baldomero Fernández Moreno. Un
intermedio crítico permite rescatar, entre otros, el tradicionalismo de
Ricardo Güiraldes y Guillermo E. Hudson; el preciosismo de Enrique Larreta;
y el mester de juglaría de Enrique Banchs.
De
1900 a 1940 La primera generación consolidada dentro de la literatura
argentina es, sin duda, la de los MARTINFIERRISTAS (c. 1922). El movimiento
aporta una doctrina intelectual en la que confluyen sendas corrientes
representativas: la de Florida, adscripta al ultraísmo con Oliverio Girondo,
Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal y Macedonio Fernández y la de Boedo,
impresionada por el realismo ruso con Raúl González Tuñón, César Tiempo y
Elías Catelnuovo. De todos ellos, sobrevive Ricardo E. Molinari, de estilo
clásico, lírica y preciosista.
Al filo de esa década y comienzo de la siguiente, se insertan los
NOVÍSIMOS, una promoción de poetas: Arturo Cambours Ocampo, Carlos Carlino y
José Portogalo, narradores: Arturo Cerretani, Roberto Arlt, Luis María
Albamonte y Luis Horacio Velázquez y dramaturgos: Roberto Valenti, Juan
Oscar Ponferrada y Javier Villafañe. Este grupo postula la reflexión
filosófica del hombre y la restauración de la escencia de la argentinidad.

De 1940 a 1960 La
GENERACION DE 1940 se centra en la poesía, donde desarrolla lo descriptivo,
lo nostálgico y lo memorioso con Vicente Barbieri, Olga Orozco, León Benarós
y Alfonso Sola Gonzáles. Los narradores se alinearon en el idealismo: María
Granata, Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar y Manuel Mujica Láinez y el
realismo: Ernesto L. Castro, Ernesto Sábato y Abelardo Arias con algunos
toques urbanos y costumbristas: Joaquín Gómez Bas y Roger Plá. No abundan
los ensayistas: Antonio Pagés Larraya, Emilio Carilla y Luis Soler Cañas.
Hacia
1950 surge otro hito: el NEOHUMANISMO, que es una respuesta al nuevo estado
del pensamiento de postguerra. En un andarivel corren los vanguardistas:
Raúl Gustavo Aguirre, Edgar Bayley y Julio Llinás; en otro, los
existenciarios: José Isaacson, Julio Arístides y Miguel Ángel Viola; más
allá, quienes concilian ambas tendencias con un soporte regionalista:
Alfredo Veirabé, Jaime Dávalos y Alejandro Nicotra. En los narradores
encontramos testimonios candentes de la época: Beatriz Guido, David Viñas y
Marco Denevi. Se percibe, en la mayoría de estos escritores, una fuerte
influencia de la poesía anglosajona e italiana.
De 1960 a 1990 Nueva cesura generacional en 1960. Las influencias son
heterogéneas: Sartre, Camus, Eluard; algunos españoles, como Celaya; y
connacionales como Borges, Arlt, Cortázar y Marechal. Dos tendencias se
advierten: el rastreo del tiempo metafísico y la historicidad: Horacio
Salas, Alejandra Pizarnik y Ramón Plaza y las convulsiones urbanas y
sociales: Abelardo Castillo, Marta Lynch y Manuel Puig.
Los
años setenta son oscuros para la creación intelectual. El signo de la época
es el exilio: Juan Gelman y Antonio Di Benedetto o la muerte: Roberto
Santoro y Harolodo Conti. Algunos poetas: Agustín Tavitiány Antonio Aliberti,
narradores: Osvaldo Sorianoy Fernando Sorrentino y ensayistas: Ricardo
Herreray María Rosa Lojo sobresalen entre las vicisitudes y renuevan el
campo de las ideas éticas y estéticas. Nuevamente son sus referentes Eluard,
Eliot, Montale y Neruda.
La década actual de los
noventa señala el reencuentro de los sobrevivientes de las distintas
generaciones, en una coalición intelectual de revisión de valores y textos,
frente a un final de siglo enigmático pero esperanzado.

Luis Ricardo Furlán
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