Un estudio desde el paradigma de la corrupción
La UNLaM y una apuesta a la ética en una exhaustiva investigación


           
Es una experiencia que se inició en 1995 * Fue luego de que el gobierno de Carlos Menem eliminara por decreto un artículo de la Ley en el que se planteaba la enseñanza de la ética profesional * El trabajo se dividió en cinco temas y cuatro ya llegaron a su fin *
 

A fines de la década del noventa, la demanda de mayor ética apuntada directamente al corazón de la dirigencia política, empresarial y social argentina, empezó a extenderse progresivamente entre el conjunto de la ciudadanía nacional.
           Tan pronto como entonces, un grupo de investigadores y docentes universitarios tomó nota del reclamo colectivo, y se planteó el desafío de intentar acercar respuestas desde los pasillos de la Universidad a la necesidad difundida por las calles de la comunidad. 
           “El marco teórico con el que comenzamos nuestro trabajo en 1998, puede caracterizarse como una convocatoria ineludible que nos incitaba a participar activa y comprometidamente en búsqueda de los aportes que sobrevienen desde el campo de la ética”, explica la doctora Elisa Basanta, quien encabeza el equipo de investigación encargado de desarrollar el programa “Ética y Educación Superior”.
            Con el trabajo incansable de doce docentes, pertenecientes a la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), este programa integral de investigación empezó a forjarse y llevarse adelante como un intento de  corporizar aquella exigencia de la sociedad argentina.
            El programa se descompuso así en cinco proyectos específicos y los cuatro primeros ya fueron terminados: se trata de “La Ética como Tema Transversal”, “Fundamentos Éticos del Neoliberalismo”, “La Formación Ética en las Instituciones de Educación Superior” y “Ética, Ciencia y Tecnología en Educación Superior de Iberoamérica”.
            En tanto, el quinto trabajo, “La Formación Humanística en las carreras de Ciencias Económicas de las Universidades Nacionales de la República Argentina”, está actualmente en plena etapa de ejecución.
            La doctora Basanta afirma que “vincular la ética con la educación superior es una línea de investigación que comenzó a desarrollarse desde la secretaría de Ciencia y Tecnología del Departamento de Ciencias Económicas de la UNLaM”.
            En referencia al contexto más amplio en el que se inscribió esa inquietud específica, la investigadora comenta que “el de la ética era un reclamo instalado en la sociedad en su conjunto, y estaba tomando distintas formas en las diversas instituciones educativas argentinas”.
           “Fue una respuesta concreta a una demanda que iba incrementándose con el correr del tiempo”, completa el concepto Basanta, quien por estos tiempos encabeza el área de investigaciones del Departamento de Ciencias Económicas de la citada Casa de Altos Estudios.
            La realización íntegra de esta investigación exigió ya la sistematización de más de mil documentos de trabajo vinculados a la educación. El exhaustivo relevamiento, entre otros importantes elementos de análisis, arrojó  el dato de que, sobre un total de 4.136 asignaturas existentes en carreras de Ciencias Económicas de las Universidades Nacionales de la Argentina, apenas hay 13 presencias de la materia “Ética”, lo que representa menos del 0,004 por ciento.
            Esta realidad no es fruto de la casualidad, sino que es consecuencia directa de decisiones políticas. La Ley de Educación Superior 24.521 sancionada en 1995 en su artículo 19 instó a las instituciones universitarias a “formular y desarrollar planes de estudio, de investigación científicas, de extensión y servicios a la comunidad, incluyendo la enseñanza de la ética profesional”.
            Sin embargo, un decreto del menemismo del mismo año (el 268) desautorizó su enseñanza específica, al considerar que “la ética profesional constituye un aspecto fundamental que debe estar presente en todo programa de estudio y en cada una de las asignaturas, por lo que no resulta conveniente se imponga como materia autónoma”.
            En la práctica, el efecto obvio fue diluir la enseñanza de la ética en la vida académica de los universitarios, aquellos que a la postre conforman el universo de profesionales que conducen los destinos del país Ante esta situación, el grupo de docentes de la UNLaM peregrina por foros y congresos exponiendo un planteo tan contundente como sencillo: “Que se respete el espíritu de la ley”. Y formula un planteo superador del contrapunto surgido: “Cada carrera debe tener incluida la asignatura Deontología Profesional, y cada disciplina además contemplar la ética en todo su plan”.
            “Toda Universidad debe garantizar que los egresados tengan competencias éticas y esas competencias éticas deben estar espejadas en los planes de estudio”, sostiene Basanta. Y concluye: “La Universidad debe dar respuesta al clamor de la sociedad en favor del desarrollo de la ética. No hay forma de alcanzar esto si no se inserta en la formación de los ciudadanos”.
             La labor investigativa constituye, indefectiblemente, uno de los pilares de la vida universitaria. Su desarrollo en correspondencia con las exigencias de la sociedad, resulta una práctica extraordinariamente saludable. Sirva de ejemplo esta experiencia ideada, diseñada y pergeñada de cara a los anhelos de la ciudadanía.
 

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