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El Caribe que nos une Por: Marta Cabrales serviex@prensa-latina.cu
La vocación caribeña de la ciudad de Santiago de Cuba rebasa ampliamente el hecho de que ese mar bañe unos 200 kilómetros de las costas territoriales donde está enclavada.
Así lo demostró el Primer Taller
Internacional Nuestro Caribe en el Nuevo Milenio, recientemente desarrollado
aquí y encaminado, al igual que muchos otros encuentros y acciones, a
fomentar y fortalecer esos vasos comunicantes de los pueblos que habitan
esta porción del planeta. Junto a profesores e investigadores de varias instituciones docentes y culturales cubanas, convocados por el Centro de Estudios Cuba-Caribe, de la Universidad de Oriente, aportaron su visión de la actualidad y la historia de estas naciones, estudiosos de Canadá, Estados Unidos, Venezuela, Francia, Chile y España. Muy vinculados con Cuba y particularmente con los lazos que desde esta ciudad se tienden hacia el Caribe, están el doctor Anton Allahar, canadiense nacido en Trinidad-Tobago, y la doctora Nancy Mikelsons, académica independiente norteamericana. Ellos expusieron sus consideraciones en torno a la impronta de la Revolución Cubana en el área y los primeros contactos de haitianos con la Isla, respectivamente. En su disertación, Allahar defendió la tesis de que el proceso de radicales transformaciones económicas, políticas y sociales desarrollado durante los últimos 45 años en Cuba deberá influir en los destinos de las naciones caribeñas ante el fracaso del capitalismo con sus secuelas de inequidades y pobreza. La unidad que tan necesaria es para esas aspiraciones redentoras de estos pueblos tiene, de acuerdo con lo expuesto por Mikelsons, un precedente que se remonta a los aborígenes pobladores de estas tierras, quienes se comunicaban a través del Paso de los Vientos e intercambiaban así patrones culturales ya desde entonces emparentados. Otros temas de la agenda ilustran el interés por escrutar aquellos ámbitos donde la savia común precisa develarse en toda su magnitud: La Revolución Haitiana vista en su relación con el prócer independentista cubano Antonio Maceo y el líder antillano Jean Jacques Dessalines, el modelo de la plantación en la sociología caribeña, la gestión local en el manejo integrado de zonas costeras y la educación ambiental en universidades del área. Impactos de la globalización en las economías de estos países, proyección del ALCA en la región, turismo y política cultural a partir del caso cubano, experiencias de la Isla en el enfrentamiento a las drogas y la amistad entre los poetas cubano y norteamericano Nicolás Guillén y Langston Hughes, respectivamente, fueron también asuntos abordados en la cita. La presencia de una representación del recientemente creado Ministerio de Educación Superior de la República Bolivariana de Venezuela trajo al encuentro la vivencia fresca y enriquecedora de los procesos transformadores que tienen lugar allí y fue mostrada mediante pósters una amplia información sobre las misiones que los impulsan. La disertación ofrecida por el artista de la plástica santiaguera Alberto Lescay, considerado por la UNESCO el principal escultor de monumentos del Caribe, puso sobre el tapete el protagonismo de la cultura y los creadores en este empeño aglutinador de la más amplia diversidad. Así, desde esta ciudad volcada por entero y generosamente a este mar, se abrió un nuevo capítulo de reconocimiento y descubrimiento mutuos, el cual se suma a otros de larga data. La Fiesta del Fuego, que desde hace 25 años celebra la Casa del Caribe, es punto culminante en este quehacer y su evento teórico El Caribe que nos une ha desbrozado la senda para ese necesario acercamiento. Hacia esa dirección apunta también el funcionamiento de un Centro de Estudios de Postgrado para esos países en la Universidad de Oriente, la reciente gira por Martinica del Orfeón Santiago, coro emblemático de la villa, y la exposición de pinturas de artistas caribeños en una de sus instituciones culturales. En ese contexto resulta particularmente significativa la presencia de cientos de jóvenes de esas naciones que cursan aquí carreras universitarias y traen de primera mano costumbres y tradiciones que se imbrican con naturalidad en la vida cotidiana de los santiagueros. La doctora Olga Portuondo, Historiadora de la Ciudad y acuciosa investigadora de estos temas, se refirió en su conferencia magistral al artificio imperial que acentúa las diferencias en favor de sus ambiciones. Son distintas, sin dudas, las prácticas religiosas y políticas, las lenguas, las razas y hasta los hábitos alimentarios, pero la sangre india, africana y europea que sustenta en su mestizaje al ser caribeño invoca desde la raíz. Como quedó claro en el encuentro, la conciencia de su identidad y de su interrelación es una fortaleza con la que estos pueblos deberán enfrentar los desafíos del nuevo milenio derribando siglos de manipulación colonialista. *La autora es corresponsal de PRENSA LATINA en Santiago de Cuba.
El mundo será mejor sin la injerencia norteamericana
Mario Mainadé Martínez
Cuando Estados Unidos se sintió prevaleciente en el mundo, la palabra injerencia alcanzó su máximo significado en el espectro político: entremeterse. Una vez que puso fin a los lazos de los países latinoamericanos como España, terminando el monopolio que esta última tenía, se hizo visible en ellos la intervención estadounidense en la vida política, social y económica. Paralelo a este proceso, se desarrolló un fuerte sentimiento antinorteamericano en las naciones directamente afectadas por las expoliaciones de Norteamérica. A pesar de la posición de no intervencionismo oficial, anunciada por el presidente George Washington en 1796, Estados Unidos soñó desde el primer momento con apoderarse de aquellos territorios contiguos. Así ocurrió con La Florida, que en 1819 pasó de manos de España a la de la voraz Unión por la bagatela de cinco millones de dólares, aunque ya aparecía también Cuba en su mira. Ya por aquella época se había propuesto fijar sus límites en la desembocadura del río Bravo, tirando una línea recta hasta el Pacífico, tomando por consiguiente las provincias de Texas, Nuevo Santander, Coahuila, Nuevo México, Nueva Vizcaya y Sonora. Sus sueños de injerencia hacen que en 1840 comience a manifestar la idea de justificar el expansionismo, cuyos apologistas y parlamentarios llamaron Destino Manifiesto. El documento atribuyó a esa nación una misión civilizadora, de ángel guardián de la libertad y de la democracia, pero otorgándole a su vez vastos territorios para conquistar y una vocación dominadora e injerencista sobre todo el Nuevo Mundo. Los Estados Unidos aplicaban la idea contenida en la doctrina Monroe de "América para los americanos", pero en realidad la interpretaron como si hubiera sido "América para los norteamericanos", como lo demostró el despojo de México, dramáticamente instructivo. Al comenzar el siglo XX, Norteamérica había alcanzado una gran influencia. Su poder se había hecho sentir en Centroamérica, Sudamérica, el Caribe y Pacífico. Ya se materializa su interés en ser potencia industrial, comercial y tener un papel trascendente en los asuntos internacionales. España e Inglaterra quedaban atrás para dar paso a la fase imperialista de Estados Unidos, que proyectaba su injerencia con la creación de una moderna marina de guerra, bases militares en numerosos países y el desarrollo tecnológico de la industria militar. En resumen, la política practicada hasta ese momento era parte de un acuerdo del gobierno norteamericano para alcanzar una hegemonía mundial.
Los distintos pasos siguieron el camino
previsto. Hoy estamos en el siglo XXI y el mundo es cada día más ingobernable debido a la globalización neoliberal impuesta por Washington, que no es otra cosa que mucha más injerencia con nombre distinto, pero con objetivo similar. Es necesario reflexionar y debatir sobre el papel de Estados Unidos en el presente y el futuro de los pueblos, la supervivencia de la cultura y el bienestar de las naciones en peligro de extinción. Estamos de acuerdo con los que afirman que "un mundo mejor es posible"... pero sin injerencias ni guerras. Esto último lo corrobora el eminente sociólogo estadounidense James Petras, cuando afirma que Washington "fabrica crímenes" para justificar guerras, y pone como ejemplo "la guerra con España por Cuba, el conocimiento previo que tenía el presidente Roosevelt del ataque a Pearl Harbor o el 'infamante incidente' del golfo de Tonkin durante la guerra de Vietnam". *El autor es miembro del departamento de Análisis y Calidad de PRENSA LATINA.
Mujeres de Guatemala piden derogar decreto que exime a violadores
Un comunicado de prensa difundido en esta capital consideró urgente reformar dicha normativa, pues no se penaliza a las personas que cometen violación, estupro, abusos deshonestos y rapto, si contraen nupcias con sus víctimas. "Esos son delitos y constituyen violencia contra las mujeres", recalcó la nota, en la que se califica la situación de alarmante y se demanda a las autoridades erradicar esos flagelos, a tono con los compromisos internacionales suscritos por el Estado. Según el FNMG, las más perjudicadas son siempre las menores de edad, ya que por prejuicios y patrones socioculturales son a menudo obligadas a contraer matrimonio con su agresor, como una forma de "limpiar el honor de la familia". La agrupación feminista reclamó al gobierno y a los diputados al Congreso tomar en cuenta lo plasmado en los acuerdos de paz firmados en 1996. En una parte de ese extenso documento que puso fin a 36 años de guerra se señala que se debe "revisar la legislación nacional y sus reglamentaciones, a fin de eliminar toda forma de discriminación contra la mujer en la participación social, cultural y política". El referido foro consideró llegado el momento de demostrar que esta nación "cumple con sus compromisos constitucionales ordinarios e internacionales en materia de derechos humanos de las mujeres y las niñas, a fin de promover su igualdad y respeto". Guatemala es signataria de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la Plataforma de Acción de Beijing y la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, entre otros. Durante una visita realizada al país en febrero de este año, la relatora especial de la ONU sobre Violencia contra la Mujer, la turca Yakín Erturk, comparó el controversial artículo 200 del Código Penal guatemalteco con el Derecho de Pernada. Esa práctica era muy común en la Edad Media y permitía al señor feudal pasar la primera noche de nupcias con la mujer de cualquiera de sus siervos. Además de los abusos, en este país la violencia de género se proyecta de forma preocupante por los asesinatos de al menos 460 mujeres en lo que va de 2004.
Latinoamérica todavía tiene 53 millones de personas desnutridas
(AFP) Unos 53 millones de los 852 millones de personas desnutridas en el mundo viven en América Latina y el Caribe, según el informe anual sobre la inseguridad alimentaria divulgado en Roma por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). El informe, que analiza el periodo 2000-2002, advierte que la lucha contra el hambre en todos los continentes no sólo ha registrado pocos avances sino que hay 34 millones más en los países en desarrollo. Según las cifras de la organización de Naciones Unidas, cuya sede central se encuentra en Roma, 815 millones de personas padecen hambre en los países en desarrollo, 28 millones en los llamados países en transición y 9 millones en los industrializados. De los 53 millones de personas que padecen hambre en América Latina, 33 millones viven en América del Sur, casi 7 millones en el Caribe y 12,6 en América Central y México. Es la primera vez que la FAO produce un informe con el objetivo de evaluar - como afirmó el director general de la entidad, el senegalés Jacques Diouf-, los "abrumadores costes" del hambre desde el punto de vista moral y de las "pérdidas económicas". "La desnutrición supone costes muy elevados para las personas y los hogares, así como para las comunidades y naciones", sostiene el informe de la FAO, que calcula que el hambre produce pérdidas de productividad, de ingresos y de consumo en un año por cerca 500.000 millones de dólares. Según los estudios de la Academia para el Desarrollo Educativo, citados en el informe de la FAO, con sólo 25 millones de dólares al año se podría reducir la desnutrición en 15 países de América Latina y Africa antes 2015 y salvar a unos 900.000 niños de la muerte por hambre. Para la entidad, la proporción resulta interesante porque con poco dinero se podría recuperar la salud de millones de niños, que podrían convertirse en eficientes trabajadores en el futuro. Un estudio de la FAO y la Organización Mundial de la Salud sobre la mortalidad infantil demostró que la reducción del 60% de los niveles de insuficiencia de micronutrientes, como la vitamina A, figura entre las principales causas de muerte por paludismo, diarrea y neumonía. En el caso de América Latina hubo un descenso del 16% de muertes de niños con la mejora de la nutrición, según el estudio. El nuevo perfil de la desnutrición indica que 7 millones de personas dejaron de padecer hambre del 1990-1992 al 2000-2002 en América Latina. Sin embargo, hay países en donde la situación empeoró, entre ellos Venezuela y Colombia, mientras en Brasil y Perú mejoró, según el informe. Para la FAO cerca de cinco millones de niños mueren cada año de hambre en el mundo. La institución de Naciones Unidas considera insuficientes los esfuerzos para cumplir el objetivo establecido por la comunidad internacional de reducir a la mitad para el 2015 el número de personas que padecen hambre. Pero no pierde las esperanzas de lograr el objetivo al señalar que en 30 países, donde se concentra la mitad de la población en vías de desarrollo, "se han hecho rápidos progresos" al haber reducido en un 25% el número de desnutridos en la década de los noventa.
Precios, salarios, costos y quejas en Latinoamérica
JORGE COVARRUBIAS Associated Press
NUEVA YORK - ¿Cuánto cuesta vivir en Latinoamérica? ¿Con qué precios se topa un ama de casa que va al mercado a comprar leche? ¿Y el estudiante que quiere ir al cine o la oficinista que necesita comprarse un par de zapatos? Para adquirir un televisor mediano conviene hacerlo en Chile, donde se consigue por unos 166 dólares, y no en Guatemala donde puede costar 400. Mientras uruguayos y brasileños pagan por un litro de leche el equivalente a 39 centavos de dólar, los puertorriqueños deben pagarla dos dólares. Y si alguien necesita un traje de hombre le conviene toda la vida comprarlo en Colombia, donde lo consigue a 24 dólares y no en la vecina Venezuela, donde le pueden pedir más de 500. ¿Hay acaso ofertas especiales de esas que suscitan la envidia de los demás? Pues en Paraguay se pueden comprar zapatos de cuero nacional para mujeres desde 4,88 dólares y en Brasil a partir de los 7; en Cuba se puede ir al cine por 10 centavos de dólar y en Venezuela el litro de gasolina cuesta apenas 3 centavos de la moneda estadounidense. Ésas son algunas de las conclusiones a las que llegó un estudio comparativo de la Associated Press sobre el costo de vida en toda Latinoamérica. En los casi 10.000 kilómetros que van del Río Bravo al norte de México hasta los confines del continente en el Cabo de Hornos, oscilan los precios, los salarios y el poder adquisitivo en las 21 naciones latinoamericanas. Pero una queja común recorre la columna vertebral del continente: el dinero no alcanza, los sueldos son insuficientes, el costo de vida es abrumador. "Todo ha subido", se queja Emma Méndez, una maestra de primaria jubilada en Costa Rica. "Uno hace milagros con la plata para pagar todos los recibos". "Hay que hacer milagros y tener inventiva para mantener una casa todos los días", la secunda Beatriz D'Alessandro, empleada y ama de casa en Uruguay. Muchos dan tintes dramáticos a la situación, como Juan Zacarías, un taxista de Guatemala para quien "la situación es insostenible", o el economista y cineasta haitiano Arnold Antonin, según el cual "el costo de vida es inaguantable para la mayoría del pueblo". La gasolina, que es baratísima por estar subvencionada en un país productor como Venezuela, a 3 centavos de dólar el litro, cuesta 42 centavos en Bolivia, 43 en Ecuador, 46 en Puerto Rico, 50 en Colombia, 58 en Panamá, 67 en Argentina, 68 en El Salvador. La escala va subiendo hasta llegar a 70 centavos en Nicaragua, 80 centavos en Costa Rica, 87 centavos en Honduras, 95 centavos la gasolina especial en Cuba, el equivalente a un dólar en Perú y 1,14 en Uruguay. ¿Y la entrada al cine, que apenas cuesta 10 centavos en Cuba? En Perú hay entradas desde 1,50 dólares. Para ir al cine en Honduras hay que desembolsar 2,15 dólares, 2,44 en Paraguay, 2,50 en Ecuador y Panamá, 3 dólares en El Salvador, 3,65 en México, 3,73 en Argentina. Pero en algunos países latinoamericanos cuesta mucho más: 4,23 dólares en Uruguay, 4,28 en la República Dominicana, 5 dólares en Chile y nada menos que 6 en Puerto Rico. Para comprar una nevera de tamaño mediano nada mejor que México, donde se puede conseguir a 227 dólares. En Perú se venden a partir de los 240. O por un poco más, unos 260 dólares, se compra una nevera brasileña en Uruguay. En Chile le cuesta 285 dólares, en Guatemala 292, en Nicaragua 300, en Panamá 329 y en Argentina 340. La escala va subiendo y en la otra punta aparecen Brasil con precios de 435 dólares, Paraguay 455, Haití 722, Venezuela 781 y Puerto Rico con oscilaciones entre 500 y 900 dólares. Haití, el país más pobre del continente, suma a sus penurias las de sufrir algunos de los precios más caros. Además de las neveras, entre las más costosas del continente, debe pagar el tercer precio más caro después de Guatemala y Brasil por un televisor mediano (305 dólares), también el segundo más alto después de Venezuela por un traje de hombre (305 dólares), y el segundo más caro para un litro de leche (hasta 1,95) después de Puerto Rico. Con la diferencia de que un haitiano _si tiene la suerte de tener trabajo_ puede ganar desde apenas 2,08 dólares diarios mientras que un puertorriqueño recibe 1.645 dólares mensuales. La leche, más barata en Uruguay y Brasil (39 centavos) y más cara en Puerto Rico (2 dólares), tiene también una fuerte oscilación. En Bolivia cuesta casi 44 centavos de dólar, en Colombia 48, en Nicaragua 50, en Perú 60, en Panamá 65, en México 82, en El Salvador 93, en Guatemala 1,15, en Honduras 1,34, en la República Dominicana 1,625. Auxiliadora Larios, una empleada doméstica en un barrio de clase media baja en Nicaragua, confiesa resignada que "no compramos leche en mi casa". En lo que respecta a los cigarrillos importados, un puertorriqueño paga ocho veces más que un boliviano, ya que mientras éste los puede comprar a 50 centavos de dólar, los boricuas deben desembolsar 4 dólares. Después de Bolivia los más baratos se compran en Paraguay (81 centavos), Brasil (89) y Nicaragua (1 dólar). Pero en Colombia cuestan 1,20, en Costa Rica 1,32, en Ecuador 1,50, en México 1,55, en Perú 1,81 y en Chile 2. La mayoría de los latinoamericanos se queja por los precios altos y los sueldos bajos. "La plata no alcanza para nada", dice el obrero José Toscano en Ecuador. Para doña Margarita, una vendedora callejera de Bolivia que no da más que su primer nombre, "aquí hay de todo para comprar pero lo que falta es la plata". Norma Pérez, una estudiante universitaria en Honduras, se queja de que "los sueldos se mantienen estáticos pero las cosas suben y suben... y nadie detiene sus costos". Y Azcual Rojas, un analista de sistemas en Venezuela, comenta que "la gente lo que anda es llorando por falta de trabajo, y los que tienen un empleo ganan muy poco para vivir. Aquí todo lo que hacemos es sobrevivir". Hasta quienes admiten cierta mejoría tienen sus motivos de queja. "Como país, estamos mucho mejor que antes", admitió el lechero chileno Héctor Contreras. "Pero todavía hay mucha hambre aquí". Dania Torres, una universitaria panameña, dice que "hay cosas que están baratas como la ropa y los cosméticos, pero la comida está cara y los salarios son muy pobres". Y el taxista dominicano Alexis Gutiérrez afirma que "los precios han bajado, pero no como uno esperaba, porque yo ando en la calle trabajando y con lo que gano no puedo comprarme nada, sólo da para la comida del día". Los argentinos, que hace más de medio siglo podían vanagloriarse de tener la séptima u octava economía del mundo, hacen malabarismos para sobrevivir con un salario promedio de 200 dólares, muy inferior al de Chile y menor al de la mayoría de los países centroamericanos. Siempre acostumbrados a quejarse del costo de la vida, ahora lo hacen con fundamento. Uno de ellos, el empleado administrativo Fernando de Quevedo, dijo que lo peor ha sido que "perdí la capacidad de ahorrar". El Salvador concretó el sueño que no se pudo dar el ex presidente argentino Carlos Menem de dolarizar su economía. Pero el ingeniero salvadoreño Jorge Alberto Jovel se queja de que "todo subió con la dolarización. La canasta básica sigue aumentando. Los más afectados son los estratos más bajos". Y en Paraguay, donde se siguen usando los guaraníes, el abogado Antonio Barrios opina que "el dinero perdió su valor adquisitivo, tal vez porque todo se cotiza en dólares". En Costa Rica, donde la entrada al cine cuesta 3,53 dólares, más caro que en otros doce países latinoamericanos, el costo de vida afecta hasta el romance. Como explica el mecánico Alex Campos, "salir con la novia es difícil porque hay que pensarlo para ir al cine y hasta para comerse un helado a la salida". ¿Cuánto le cuesta el helado? Un "cono" simple de una sola bola de helado, como le dicen los ticos, cuesta el equivalente a 1,05 dólar... pero nadie pide una sola bolita.
Para este informe colaboraron Mayra Pertossi (Buenos Aires), Harold Olmos (Río de Janeiro), Vivian Sequera (Brasilia), Eduardo Gallardo (Santiago), Raúl Garcés (Montevideo), Javier Baena (Bogotá), Carla Salazar (Lima), Fabiola Sánchez (Caracas), Andrea Rodríguez y Anne-Marie García (La Habana), Ricardo Zúñiga (San Juan), Ramón Almánzar (Santo Domingo), Michael Norton (Puerto Príncipe), Gonzalo Solano (Quito), Katia Martínez (Panamá), Pedro Servín (Asunción), Carlos Valdés (La Paz), Eduardo Castillo (México), Marcos Alemán (San Salvador), Filadelfo Alemán (Managua), Sergio de León (Guatemala), Freddy Cuevas (Honduras), Marianela Jiménez (San José).
Un mundo pobre, injusto e insolidario
¿Cómo viviría usted –si se puede llamar vivir-con menos de dos dólares al día? Esa es la situación de 1.400 millones de trabajadores, según el Informe sobre empleo en el mundo de 2003, de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Imagínese el triple de la población de la Unión Europea o cinco veces el total de habitantes de EEUU viviendo con sólo dos dólares diarios. Tal miseria repercute en la familia, a la que sumar la situación de los agricultores del mundo, y el resultado final es que el 49,7% del planeta malvive en la pobreza. Incluso en los países desarrollados aumenta la pobreza que, desde 1990, creció un 25%. Según la OIT, el objetivo de ONU de reducir la pobreza a la mitad en 2015 tiene escasas posibilidades de alcanzarse; considera que, como mucho, se conseguirá reducir el actual índice de pobreza del 49,7% al 40%. Continúan siendo demasiados pobres. ¿Qué maldición condena a la Tierra? Un sistema de codicia, maquillado con brillantes eufemismos y juegos malabares de palabras pretendidamente científicos, es el responsable. Fíjense hasta que punto hemos creado un mundo absurdo que, aunque la productividad industrial sería clave para acabar con la pobreza, según la citada OIT, la productividad puede destruir empleo. En los noventa, la producción de acero aumentó en EEUU de 75 a 102 millones de toneladas, pero los empleos en esa industria se redujeron a 74.000. La destrucción de puestos de trabajo es la pauta de los últimos veinte años junto con el empobrecimiento de los que se mantienen. Y si nos fijamos en la agricultura, la evidencia de las causas de pobreza es obscena. Novecientos millones de personas dedicadas a la agricultura en el mundo son pobres o, para ser conceptualmente justos, han sido empobrecidas. Precios de productos agrícolas y prácticas ventajistas de comercio internacional están en el origen. Los precios de algunos productos, de los que dependen una treintena de países empobrecidos, se desploman desde los ochenta. Nadie con sano juicio puede creer que el inaprensible mercado –pretendidamente acéfalo y anónimo- sea responsable de la desgracia de cientos de millones. El mercado tiene nombres y apellidos. El precio del café, por ejemplo, se ha desplomado un 77% entre 1997 y 2001. ¿Mala suerte? Cuatro transnacionales de EEUU o la UE (Kraft, Nestlé, Sara Lee y Procter & Gamble) han controlado y controlan el negocio mundial del café e imponen precios a pequeños y medianos cafetaleros de Guatemala, Camerún, Costa de Marfil, Tanzania o Vietnam. A principios de los 80, por ejemplo, la paupérrima Haití producía casi todo el arroz que necesitaba. El FMI obligó a abrir su mercado nacional al arroz de los EEUU, fuertemente subvencionado. Hoy, miles de pequeños agricultores han empobrecido y la desnutrición en zonas rurales se ha disparado. Mil millones de seres humanos de países pobres dependen del algodón directa o indirectamente; es el caso de Burkina Faso, Mali, costa de Perú y región Maharashtra de la India. EEUU dedica cerca de 4.000 millones de dólares a subvencionar a sus algodoneros, aunque sólo un reducido número de grandes empresas (el 10%) recibe casi el 80% de ayudas gubernamentales. También la UE subvenciona a sus algodoneros. Podríamos continuar con el azúcar, el cacao y un largo etcétera, pero recordemos que otra causa de pobreza en el mundo agrícola es la aplicación de reglas comerciales que son una versión maquillada de la ley del más fuerte, mecanismo que recuerda los procedimientos de gángsters en Chicago años 30. Los países ricos dificultan la entrada de productos agrícolas de países pobres; con la impagable ayuda del FMI, Banco Mundial y OMC, los obligan a abrir fronteras a sus productos, en tanto subvencionan con miles de millones de dólares sus productos agrícolas, condenando a la miseria a pequeños y medianos agricultores de países empobrecidos porque no pueden competir. Y ahora que la OMC empieza a reaccionar, los países ricos pretenden continuar con sus patentes de corso y saqueo con acuerdos bilaterales de “libre comercio”: el acuerdo de EEUU, Canadá y México ha llevado a la miseria a 5 millones de cultivadores de maíz mexicanos. Hay que acabar con los subsidios y subvenciones y enterrar las actuales barreras comerciales de ricos, imposiciones de desregulación económica y privatizaciones a ultranza y veto a la intervención del Estado. De no hacerse así, no sólo no se acabará con la pobreza sino que aumentará la desigualdad hasta extremos difíciles de imaginar.
Xavier Caño Periodista ccs@solidarios.org.es
Pocos hijos y mejor si son chicas
Necesitamos comprender los cambios y las tendencias de población ante el desafío demográfico global. Mientras en las regiones más pobladas del planeta es preciso aplicar políticas de control y planificación familiar, en las sociedades desarrolladas occidentales el problema es el envejecimiento progresivo de la población y una tasa de natalidad muy baja. Un estudio del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revela que los españoles no sólo registran la tasa de natalidad más baja de Europa sino que además prefieren que sean hijas. Margarita Delgado y Laura Barrios, expertas del CSIC, autoras del estudio, llegaron a esa conclusión después de analizar las causas, ver qué elementos condicionan la maternidad y prever las tendencias futuras. La preferencia de hijos del sexo femenino se manifiesta, según el estudio, en el hecho de repetir, o no, la maternidad en función del sexo de los hijos anteriores. Las madres de un varón tienden a tener otro hijo en mayor medida que las que dieron a luz una primogénita. Cuando el primero fue niño, sólo el 16,5% de las madres decidieron no tener más, pero cuando el primer bebé fue una niña la proporción subió al 20%. Y cuando las madres tienen educación universitaria, esta preferencia por las niñas es aún mayor. Las mujeres europeas tienen su primer bebé cada vez a una edad más tardía. Con ello, la fertilidad se reduce y también es menor la posibilidad de tener más de un hijo. En 1975, las españolas tuvieron un promedio cercano a los tres hijos y la edad de las madres al nacer el primero rondaba los 25 años. Para 2002 la tasa de fecundidad era poco más de un hijo y la edad de tener el primero era ya de 29 años. En la actualidad, casi la mitad de las españolas tienen 30 años o más al nacer su primer hijo. "Si se mantiene el retraso en la edad a la que se tiene el primer hijo, será muy difícil que se recupere la fecundidad", advierte la demógrafa Margarita Delgado. Como el nivel educativo y las responsabilidades laborales de las mujeres van en aumento, es difícil que esa tendencia cambie salvo que existan razones atractivas para tener hijos. Las sociedades occidentales encuentran en la llegada de los inmigrantes un alivio a la tendencia de natalidad decreciente, pero será insuficiente si no se armonizan políticas públicas de apoyo familiar. Entre otras dificultades están el difícil acceso a la vivienda y la precariedad laboral. Para otras grandes regiones del mundo como India o China la cuestión es muy diferente. En las zonas más pobres de la India es mala noticia para una madre saber que traerá al mundo una niña. (Además de no prometer beneficios económicos, el matrimonio y la dote son un problema que endeuda y esclaviza a su familia). China, el país más poblado del mundo, con más de 1.310 millones de habitantes, aplicó desde finales de los años 70 una política de planificación familiar para controlar el crecimiento demográfico. La llamada «política del hijo único», unida a la preferencia por los hijos varones provocó cierto desequilibrio. Según los datos de 2002 por cada 119 niños chinos menores de 5 años había 100 niñas. Y en provincias como Guangxi y Hainan se llegaba a 140 niños por cada 100 niñas. Si esa tendencia no se modifica, dentro de 20 años será difícil para un chino encontrar esposa. Hay expertos que atribuyen esta situación al fenómeno de las niñas que, cuando nacen, son entregadas a parientes sin ser registradas. En otros casos, las niñas fueron abortadas o abandonadas. Las mujeres chinas, objeto de diferentes tipos de violencia, raptadas o vendidas en matrimonio, han sufrido abortos selectivos, infanticidio femenino, abandono o insuficiente cuidado de las niñas y discriminación social de las mujeres sin hijos varones. En la actualidad, el equilibrio poblacional de cualquier lugar del mundo pasa inevitablemente por el acceso a la educación de las niñas y un lugar digno en el espacio laboral para las mujeres que les corresponde.
María José Atiénzar Periodista mjatienzar@solidarios.org.es
Para que el café llegue a nuestras mesas hace falta comprar la semilla, tener una tierra en la que sembrarla, gozar de una infraestructura de regadío y recolección y cuidarla de seis a diez meses en jornadas laborales de extrema dureza para que el fruto alcance su madurez. Cuando está maduro, los agricultores tienen que vendérselo a una gran empresa para que lo distribuya. Después de todo este trabajo, los agricultores sólo reciben el 5% del precio final del café que llega a nuestros hogares. El mercado mundial del café está saturado, se produce mucho más del que se consume. La cuota que reciben los productores ha ido descendiendo cada año como la soga que se aprieta poco a poco hasta que ahoga. El precio del café se desplomó un 77% entre 1997 y 2001 llegando al nivel más bajo en 30 años. Muchos agricultores tienen que aceptar menos de lo que les ha costado cultivarlo, mientras que las empresas transnacionales obtienen beneficios sin precedentes. Esta es una de las principales denuncias del informe “La crisis enterrada” de Intermón Oxfam. En Centroamérica, donde gran parte de los agricultores dependen del café, en 2002 el empleo fijo cayó un 54% y el temporal más del 21%. En Guatemala, 5.000 familias dependen de donaciones de alimentos para no morirse de hambre. En Camerún, Costa de Marfil y Tanzania muchos productores se han visto obligados a abandonar la producción de café. Mientras que Vietnam, que nunca había cultivado ese producto, se ha puesto a la cabeza por el interés de las multinacionales. Los organismos oficiales ignoran el problema, dando la espalda a 25 millones de familias campesinas sumidas en la pobreza. Para ellos su único medio de subsistencia se ha convertido en la losa que los empuja a la pobreza. Las compañías tostadoras y distribuidoras compran cada vez más barato, pero mantienen sus precios de venta al consumidor. Kraft, Nestlé, Sara Lee y Procter&Gamble controlan el 40% del negocio mundial del café. El margen de beneficios de Nestlé supera el 20%, mientras en Dak Lak (Vietnam) el precio que reciben los productores apenas cubre el 60% del coste de producción. ¿Por qué sucede esto si el mejor café y la mano de obra más barata se encuentra en estos países? Porque los agricultores sufren una situación de desigualdad en la negociación del precio de los productos, ya que el comercio es libre sólo para algunos. La liberalización incondicional ha dejado indefensos a los más débiles, poniendo en riesgo su alimentación y el futuro de sus hijos. El liberalismo entra en contradicción cuando cae en el “haz lo que digo, no lo que hago”, como un mal padre que no predica con el ejemplo. Mientras los países desarrollados mantienen impresionantes barreras comerciales, cuatro veces más altas que las aplicadas a otros países desarrollados, los países empobrecidos son obligados por la OMC, el FMI y el Banco Mundial a abrir sus mercados. Esto les cierra la oportunidad de competir y les obliga a vender más barato en otros países empobrecidos, lo que hunde aún más los precios internacionales. Además, las grandes empresas agroalimentarias reciben ayudas de sus gobiernos que les permiten inundar los mercados internacionales con exportaciones a precios por debajo del coste de producción. EEUU, la Unión Europea, Japón, Canadá y otros países ricos destinan más de 200.000 millones de euros anuales a subvencionar a sus agricultores y empresas agrarias. Es lo que se conoce como dumping, una competencia desleal que hunde los precios llevando a la ruina a millones de productores en todo el mundo en desarrollo. La VI Conferencia Ministerial de la OMC se celebra en Hong Kong en este mes de diciembre. En ella se marcarán las reglas del juego en el comercio agrario para los próximos 15 años. Es la última oportunidad que tienen Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Japón y otros países ricos para establecer unas reglas comerciales justas y desbloquear el desarrollo de los países pobres. Es el momento de pasar a la acción. Es necesario que las empresas tostadoras garanticen que los productores reciban un precio digno por el café y que incrementen sus ventas de café de Comercio Justo. Los países productores y consumidores tienen que acordar esquemas de gestión de la oferta que ayuden a reequilibrar los precios para que el café valga igual para todos y que la riqueza no siga siendo el monopolio de unos pocos.
Fran Araújo Periodista ccs@solidarios.org.es
El futuro está en el cambio
Naciones Unidas necesita reformarse. Así lo ha declarado el Secretario General de la Organización, Kofi Annan, en una carta a la Asamblea General tras el informe elaborado por el grupo de sabios creado por el propio Annan para analizar la capacidad de la ONU ante la comunidad internacional. El estudio Un mundo más seguro: nuestra responsabilidad compartida fue presentado el pasado 2 de diciembre al Secretario General de la ONU por el presidente del panel de alto nivel que lo elaboró, el ex primer ministro de Tailandia, Anand Panyarachun. El panel, nombrado por Annan en noviembre de 2003, está compuesto por 16 políticos y diplomáticos prominentes de distintos países que han tenido la tarea de identificar las amenazas que afronta la comunidad internacional, evaluar la capacidad de respuesta de las Naciones Unidas ante estos desafíos y recomendar los cambios pertinentes a la Organización. La ONU ha crecido en tamaño y obligaciones desde su fundación en 1942. Pero su base sigue intacta. La organización está anquilosada en su diseño marcado por el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo era bipolar y representantes de 26 naciones se comprometieron a seguir luchando juntos contra las potencias del Eje. En 2005, se celebra el 60º aniversario de la Carta de Naciones Unidas y desde la organización se quiere hacer coincidir con un cambio de imagen de la institución. El Secretario General ha asegurado: “El estudio ofrece a la ONU una oportunidad única de redefinir y renovar nuestras instituciones” Una afirmación que es una realidad pero al mismo tiempo una empresa compleja. La reforma del Consejo de Seguridad, el órgano que vela por la paz y la seguridad del planeta, es el cambio más esperado y laborioso. El problema viene por la lucha de poderes que pueden presentar los países miembros. Desde la organización se quiere evitar que el órgano se convierta en una cámara de compensación de intereses. En el camino que quieren seguir los sabios, las reformas presentadas contemplan siempre la ampliación del número de asientos del Consejo de Seguridad. El grupo de los cuatro formado por Alemania, Japón, India y Brasil aspira a un puesto permanente e incluso a tener plenos derechos de veto. En las opciones ofrecidas cualquiera de estos países del grupo de los cuatro estaría siempre en cabeza para convertirse en nuevo miembro permanente. En ninguna de las alternativas posibles Sudamérica y África pueden mostrarse satisfechas. Existen posibilidades de que Nigeria, Sudáfrica, Egipto o Indonesia consigan algún puesto permanente, pero con la ampliación se teme que existan más países poderosos que representen sus intereses que el común o el regional. Desde el propio Grupo de los Cuatro se reconoce que “el problema está en explicar a los países de América Latina y África que los nuevos miembros permanentes es la opción que más beneficia al conjunto” Un conjunto formado en su mayoría por países en vías de desarrollo o pobres. En el informe se habla de nuevas amenazas, refiriéndose al derecho de legítima defensa y las acciones preventivas en materia de seguridad internacional, pero para esta mayoría del mundo las amenazas siguen siendo las mismas: el hambre, la pobreza, la injusticia. El plan de renovación de la organización es un paso necesario para avanzar hacia la democratización del planeta. Se trata de que las acciones sean un consenso entre todos. En palabras de un diplomático de la organización: “la reforma es inevitable, antes de que los países se tomen la ley por su mano” Los nuevos retos del siglo XXI deben tener a la ONU como protagonista. Y en este camino a compartir, los vientos de cambio no deben volar las semillas ya plantadas.
Fernando Navarro Periodista ccs@solidarios.org.es
La ciudad, espacio de encuentro
Hace casi 2.400 años, Aristóteles ya sostenía que la ciudad es una comunidad constituida con el objetivo de un cierto bien, una entidad formada para satisfacer las necesidades vitales y para permitir un buen vivir. Cerca de la mitad de la población mundial vive en las ciudades y se prevé que, para 2015, habrá 4.000 millones de habitantes urbanos, según el Programa Hábitat de la ONU. De los 3.000 millones que viven en las ciudades, un tercio vive en zonas deprimidas. Los gobiernos tienen el reto de convertir estas ciudades en un espacio de encuentro para no tener que albergar grandes focos de conflicto. La creciente pobreza del campo y los conflictos sociales en muchos países han empujado a millones de personas hacia las ciudades en busca de una vida más prometedora. Los gobiernos de las ciudades están preparados pocas veces para acoger e integrar el flujo inmigrante y adoptan modelos que excluyen a las personas. Estos modelos excluyentes son caldo de cultivo del crimen, la prostitución, la drogadicción y el narcotráfico. Aunque es necesario enfrentar los problemas de inseguridad como medida de supervivencia, hay que tomar medidas radicales, que vayan a la raíz del problema. No se puede utilizar la fuerza de forma arbitraria ni se puede luchar contra la pobreza urbana luchando contra los pobres. Si se echa a la gente pobre de los centros económicos importantes, sólo se desplazan hacia otras partes de la ciudad. Quienes organizan las redes del crimen no son los pobres, sino aquellos que se aprovechan de su desesperación para manipularlos, explotarlos y obtener grandes ganancias. Para que dejen de ser manipulados, son necesarias una educación adecuada y medidas de integración. No atentarán contra la sociedad sólo si forman parte integral de ella. Si se pretende un desarrollo equilibrado de las urbes, las ciudades deben ser lo suficientemente inclusivas como para que todos sus habitantes compartan el mismo sentimiento de ciudadanía. Es necesario un equilibrio entre el desarrollo urbanístico, la gestión del medio ambiente y aspectos sociales como la convivencia y la educación. No sólo se trata de mejorar las condiciones de quienes ya viven en la ciudad, sino también las de aquellos que viven en el campo y en pequeñas ciudades para evitar que se desborden las ciudades. La inmigración repercute de manera positiva cuando se trata de buscar y encontrar oportunidades, pero no cuando el ritmo de expansión rebasa los recursos disponibles. Anna Tibaijuka, directora de la agencia Hábitat, señala que se deben tomar dos tipos de medidas. “De un lado, deben aplicarse planes preventivos, que busquen reducir la tasa de urbanización y que permitan un desarrollo equilibrado del territorio, con ciudades de tamaño medio, en lugar de ir hacia megaciudades (más de 10 millones de habitantes). Del otro, hay que aplicar políticas de adaptación, para que la gente que ya se encuentra en los guetos no tenga que abandonar la ciudad”, señala Tibaijuka. Por eso son necesarios los programas de formación y de educación, y la garantía del acceso a la vivienda. La facilitación de pequeños créditos podría provocar la creación de pequeños negocios. En varias ciudades grandes de Latinoamérica se ha impuesto un modelo de desarrollo urbanístico que crea guetos, ciudades que combinan las residencias amuralladas con las zonas marginadas en un paisaje esperpéntico, triste y gris. No hay una barrera lingüística como la que enfrentan las ciudades europeas. La marginación es socioeconómica. Por eso, cuando hay tormentas o desastres naturales, suelen destruirse las viviendas de los pobres, hacinados en las laderas de los cerros o junto a los ríos que se desbordan. La noticia no es que mueran miles en un ciclón, un temblor o una inundación. La noticia es que han muerto porque viven en una ciudad excluyente. ¿Qué esperanza pueden tener las personas que viven en una ciudad sin formar parte integral de ella? No hay esperanza sin una educación capaz de formar a los jóvenes marginados y sin trabajo. Por eso piden a gritos que las ciudades los integren. Con educación, con un intercambio cultural y con un espacio de encuentro común.
Carlos Miguélez Periodista miguelez_carlos@yahoo.com.mx |
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