Personas y fichas


 

Ambas resultan muy útiles en determinadas circunstancias, y ambas traen sus inconvenientes. 

Me estoy refiriendo a quienes integran las Instituciones que, además de una cantidad de variantes intermedias suelen adoptar  más o menos establemente actitudes de personas o de fichas en un tablero. Si los objetivos institucionales se colocan en el crecimiento, actualización, creatividad, superación de limitaciones, los que siguen pensando, sugiriendo, objetando, buscando, renovando resultan altamente beneficiosos. Si los objetivos se subordinan a la disciplina, la sujeción y el cumplimiento de órdenes, las fichas, de madera o cualquier otro material  “aneuronal”, resultan sumamente útiles. 

Es indudable que el tiempo fortalece a las Instituciones. La “institucionalización” es precisamente un proceso que supone permanencia en el tiempo. Así se afirman los principios  constitutivos,  se especifica la identidad, se aumentan las relaciones entre los integrantes, se estabilizan ciertas costumbres y estilos de conducción y pertenencia.  Hay sin embargo una gran tentación en esto de la permanencia en el tiempo en lo que algunas, entre ellas la iglesia católica, asientan su gran argumento de su autenticidad. La tentación consiste precisamente en que para “durar”, los objetivos fundamentales se van oscureciendo y se va aumentando el concepto de disciplina y autoritarismo. Se llega así a una instancia en que la “obligación” abarca hasta el nivel íntimo del pensamiento y las opciones. Y esta actitud de “fichas” se internaliza en muchos integrantes, porque constituye un elemento de seguridad que su falta de madurez necesita imprescindiblemente. Esos son los que repiten “si no le gusta váyase” “si no está conforme, sepárese” Los mismos de esa máxima que se usó para excluir del país a los que protestaban contra las Dictaduras: “ámelo o déjelo”. 

Creo que la Iglesia católica a nivel nacional y también mundial está cayendo en esta tentación. Hay muchas cosas que se defienden con el ardor que sólo merecen los “dogmas o verdades fundamentales”. Y para esa defensa no se presenta ninguna clase de argumentos y, lo que es peor, no se escuchan los  argumentos ajenos, por valiosos que sean. Y cuando alguien se atreve a usar el sentido común expresando desde la Iglesia, lo que los demás no se atreven, se lo considera destructor de la Santa Madre. 

He escuchado a diferentes obispos en diferentes tiempos, calificar como blasfemas , indignas u ofensivas de la fe y de Dios muchas manifestaciones y actividades.  Desde que teniendo unos quince años acompañamos a jóvenes de Acción Católica a apedrear los carteles en que se anunciaba el espectáculo de las “Mulatas de Fuego”, pasando por la bomba que se colocó en el teatro porteño en que iba a exhibirse como estreno hacia los setenta, Jesucristo Superstar y las condenas de la autoridad eclesiástica cordobesa cuando se pasó en Semana Santa “La Vida de Brian” o “El huésped” de Passolini, o el reclamo del Vaticano por el premio Nobel a Saramago porque “El evangelio según Jesucristo” era una injuria al cristianismo y a la Iglesia, todo esto lo he ido inventariando y es evidente que además de lo que puede haber de ofensivo, en cada una de esas expresiones, es necesario darle al humor, al arte, a la historia, a la religión, a la educación o cualquier otra actividad, el lugar que le corresponde, y no hacer un guiso con todo mezclado, que impedirá lógicamente juicios serenos y justificados. .

 

Pbro. José Guillermo Mariani.


  

Marketing Bergoglio o“el tiro por la culata”


 

 

"La civilización occidental y cristiana"

León Ferrari - 1965

 

¡Maestro! Con sólo una palabra hizo famosa la muestra del Leon Ferrari y provocó la publicación de sus obras en todos los medios. La palabra mágica  fue ¡Blasfema!

 

Habitualmente cuando se producen excesos defensivos se está descubriendo tanto en personas como en instituciones, una falta de seguridad. En este caso, falta de fe. ¿Por qué? Porque si uno pensara que se hiere la fe de los cristianos con una expresión de cualquier nivel y categoría, ¿qué reacción podríamos esperar frente a los escándalos financieros del Vaticano, o a las ambigüedades sobre la muerte de Juan Pablo I denunciadas en “Por voluntad de Dios”, o  los escándalos de sacerdotes y obispos abusadores y acosadores que alcanzaron publicidad en los últimos tiempos? Una fe inmadura, sostenida con alfileres, se pierde con uno sólo de estos sucesos. Una fe madura los asume como parte de una realidad dolorosa que no se remedia ocultándola. 

¡Ha blasfemado! Fue la acusación definitiva contra Jesús de Nazaret. Porque para los judíos el presentarse como hijo de Dios era blasfemia, ofensa gravísima y vituperante contra el Dios verdadero. Para Jesús y para nosotros es la verdad que fundamenta y hace absolutamente original la revelación cristiana. 

Ciencia, religión, arte . . .son espacios cuyos límites son difícilmente definibles. Por eso hay que tener cuidado. Galileo en el siglo XVII fue condenado por el santo Cardenal Belarmino y encarcelado por el Papa como hereje. Confusión de límites entre religión y ciencia. Exageración defensiva. En el siglo  anterior Miguel Angel Buonarotti había realizado la maravillosa obra del juicio final en la bóveda de la capilla Sixtina. Muchos de los personajes estaban desnudos. Fue contratado un pintor al que la gente designó como “il braghetone” que colocó una especie de taparrabos a todas las desnudeces. Cuando por los ochenta se quiso restaurar la obra, se intentó quitar esos adminículos. No fue posible volver a la obra original. Los desnudos herían el pudor y eran  blasfemos en un lugar sagrado. Y quedaron tapados. 

¿Hasta dónde el arte es arte, la ciencia es ciencia, la religión es el único modo de relación con Dios? 

¿Cuántos diversos enfoques se pueden dar a una expresión humana de acuerdo a los propios principios, la realidad circundante, la creatividad de sus autores, los intereses predominantes . . .? 

Defender la fe solidificándola en sus conocimientos y apoyándola con la práctica y el testimonio de un compromiso profundo con los derechos humanos fundamentales, eso sí es defenderla en contra de la única blasfemia realmente objetiva que toda violación de los derechos humanos. Jugarse en pronunciamientos descalificantes es muy peligroso. Muchas veces sale el tiro por la culata. Como en este   caso y cuando el Obispo Ñáñez sin leer “Sin tapujos” pronunció su opinión, su condena y su sanción. Si hubiera esperado un poquito cuántos dolores de cabeza se hubiera evitado él mismo y hubiera evitado a la comunidad católica  de Córdoba que no son sólo sus sensibles y fácilmente perplejos devotos..
 

Pbro. José Guillermo Mariani.

 

Para mayor información sobre esta reflexión, invitamos a leer:  

Poder, Iglesia y Proceso (Entrevista a León Ferrari por Conrado Yasenza)

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