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El Internismo: Una peste argentina Por Walter Moore
A muchos ha sorprendido el destacado lugar que ha ocupado la Argentina en el ranking de la corrupción mundial. Con independencia de la verdad o mentira de tal ranking, de los motivos que tienen los que emiten estas noticias para encerrarnos en el corral eléctrico con la cual se controla el pensamiento de las masas, es cierto que hemos aceptado a la corrupción como una forma de vida. Y es la corrupción la que genera las bases de la interminable e indescifrable interna que se encuentra en cualquier institución argentina, sea un organismo del Estado, una empresa privada, una entidad de bien público o una ONG, montada o no, por el Imperio para saquearnos mejor. Todo grupo que tiene una finalidad común dispone de una cantidad limitada de energía humana para llevarla a cabo, el estudio de la dinámica de los grupos, ha dividido la forma en que se utiliza esa energía en dos modalidades principales: La Actividad, o sea el resultado de la acción del grupo en su relación con el entorno externo, o el Proceso de lucha por el poder. Mientras mayor sea la cantidad de energía utilizada en el Proceso, menor es la energía disponible para el objeto del grupo, o sea la Actividad. Es por eso que Internismo e ineficiencia son sinónimos. Pero las internas van más allá de la ineficiencia; le restan transparencia y eficacia a cualquier gestión, porque los objetivos explícitos de cualquier institución o de cualquier sistema operativo de estas, se ven siempre distorsionados por la lucha interna que existe dentro de estas. Tanto es así que todos sabemos que si queremos conseguir algo que no consista en poner la plata sobre la mesa y llevarnos una oferta, debemos encontrar un amigo adentro que nos lleve de la mano, nos garantice ante los otros, o nos explique como funciona esto realmente, que nos guie entre las trampas internas existentes. Esta forma de proceder se ha convertido en una segunda naturaleza en los aplastados ciudadanos argentinos, imprescindible si quieren conseguir algo, por mínimo que sea. Existen dos fuentes principales que alimentan el internismo, uno es el miedo a ser expulsado del grupo y quedarse sin el trabajo o los ingresos imprescindibles para vivir. El que los puede expulsar ocupa el otro lado del mismo proceso, es el que manipula para controlar al grupo, sea por interés, para asegurar la propia supervivencia o para eternizarse en el rinconcito de poder que han conseguido. Otra fuente que alimenta la energía de las internas, es la destinada a asegurar la complicidad de los miembros en las actividades corruptas dentro de la institución. Sea la oficina de compras, la que decide si tal o cual proyecto se pone en marcha, o el sector administrativo o comercial, es necesario controlar que no salga a la luz pública todo lo que ocurre por debajo de la mesa, que no se sepa como funcionan los insondables caminos del intercambio de favores, coimisiones, reparto de bienes ajenos, chantajes, aprovechamiento de los más desprotegidos y arbitrariedades de todo tipo, a veces sólo destinadas a quedar bien con algún otro que tiene (o suponen que tiene) algún poder de decisión. Es así como las instituciones de la sociedad argentina se han vuelto cada vez más opacas, donde toda transparencia es eliminada para evitar que se vea la corrupción existente y apagada inmediatamente toda luz destinada al desarrollo de nuevas iniciativas, o a imponer algo de racionalidad al sistema. En esto se manifiesta una feroz eficiencia de esa burocracia de cucarachas humanas que han hecho del tránsito por el zócalo de las instituciones la única forma de subsistencia o de incremento de su poder. No asomes la cabeza es el primer consejo que recibe todo aquel que entra en una institución pública, y en no pocas empresas privadas, porque cualquier acción que salga de los carriles implícitamente establecidos se considera un ataque al sistema existente y su responsable se encontrará con un despido con una causa inexistente, un sumario, una abrupta finalización de su contrato, su traslado inmediato, o en el mejor de los casos, una callada oposición a todo lo que hagan en adelante. En las empresas privadas grandes, en especial con las empresas extranjerizadas (eufemísticamente llamadas privatizadas) el internismo ha encontrado un nuevo camino: No ascienden aquellos que cumplen más cabalmente con los objetivos explícitos de la empresa, tales como ganar cada vez más dinero para sacarlo de la Argentina o explotar más eficazmente a sus trabajadores, sino que son promovidos a los más altos cargos aquellos que aún despreciando estos altos objetivos particulares de cada empresa, encuentran alguna forma de apretar el collar destinado a facilitar el saqueo de las riquezas y el trabajo de los argentinos. Es así que podemos comprobar que son promovidos como principales directivos aquellos que encuentran la manera de hacer que más argentinos sean ignorantes, desesperanzados, desnutridos, cómplices involuntarios o inconscientes de las políticas del saqueo, tomando como propias ideas tales como ?honrar la muerte? pagándoles a los usureros deudas que no tenemos. En estas organizaciones ascienden aquellos que colaboran con todas las agendas imperiales en el campo de la deseducación, del incremento de la pobreza, de la insensibilidad ante las familias que duermen en la calle, de la remisión a España, Italia, Estados Unidos, Alemania o Inglaterra de montos equivalentes a varios presupuestos nacionales como ganancias de las empresas extranjerizadas o de las pocas argentinas que no van a aprender hasta que no se las castigue en forma ejemplar. Los cargos altos son destinados a aquellos que trazan los caminos para eludir el pago de impuestos o mejor aún los que convencen a nuestros corruptos legisladores y gobernantes de que dichos impuestos no son necesarios porque si uno es rico y extranjero no tiene porqué pagar impuestos, mientras todos los argentinos deben hacerlo en forma agobiante. Aquellos ?buenos muchachos? son ascendidos a los más altos cargos en las grandes empresas extranjeras o de sus filiales gubernamentales, tales como el Banco Central, el Ministerio de Economía, la Secretaría de Comunicaciones, los organismos de control de las extranjerizadas, etc. Los Imperios Saqueadores, tanto el Imperialismo Nacional Norteamericano como el Imperialismo Internacional del Dinero (ambos de acuerdo en el saqueo a los países del Tercer Mundo, y en especial a países con grandes recursos naturales como el nuestro) han instalado la idea de que lo que nos pasa es culpa de los argentinos. Hay una parte de verdad en esto. Si no fuera por la complicidad de los gerentes argentinos de las empresas extranjerizadas, por la estupidez de los directivos de los grandes grupos económicos de origen nacional que pensaban que los intereses de la Nación Argentina estaban contrapuestos a los suyos, sino fuera por los directores editoriales de los grandes medios de difusión y de las agencias de publicidad, por la corrupción de los principales miembros de los gobiernos nacionales, provinciales y municipales, por la voracidad canalla de los prebenderos políticos y buscavotos que se sientan en nuestras legislaturas, por los jueces que saben (o no) que es imposible impartir justicia en este Estado corrompido, pero que se quedan en los cargos por los sueldos y las prebendas; por los generales, almirantes y brigadieres que pensaron que matar a compatriotas era algo ?necesario? para defender a la Argentina de la invasión extranjera, cuando era el Imperio el que los manipulaba para luego destruirlos, por los sostenedores de ideas europeas totalmente funcionales a la pinza imperial de derecha e izquierda. Por culpa de todos estos argentinos estamos así. Pero, si sumamos a todos los que tomaron las decisiones que han hecho desaparecer a la Argentina que heredamos de nuestros abuelos, no creo que los responsables superen el número de 38.000, o sea que por cada argentino realmente culpable de este desastre existimos 999 que no tenemos responsabilidad alguna. Nadie puede echar la culpa a mil por los males ocasionados por uno. Lo que se debe hacer es castigar en forma ejemplar a los argentinos realmente responsables del desastre, tanto para evitar tentaciones futuras como para satisfacer la sed de justicia que todos sentimos ante tanta iniquidad impune. Y todo esto sería inútil si al mismo tiempo no desarmamos el aparato jurídico y administrativo montado para saquearnos y destruirnos. Solamente se puede lograr un cambio estructural en la actual Argentina corrupta sustituyendo a la actual Justicia Legal por la Justicia Comunitaria que sabiamente establecieron nuestros ancestros antes de que llegaran los que nos saquearon durante medio milenio. En otras palabras, las bases establecidas por el Derecho del Imperio Romano deben ser reemplazadas por lo establecido por el Derecho Incaico, articulando desde la Cultura Ecológica Andina de nuestros mayores los magros aportes de la invasora Cultura Capitalista Europea, hoy en completa decadencia. El poder que les permitió dominarnos hace medio milenio, en los albores de la sociedad industrial iniciada con el Renacimiento Europeo, les permitió establecer su poder basándose en la superioridad tecnológica de entonces, el hiperactivismo y la concentración del poder lograda al destruir las culturas de los pueblos invadidos. Esto ya no es posible. En la sociedad post-industrial el poder tiende a desconcentrarse en forma de redes, hoy la tecnología se difunde tan velozmente que su conocimiento no significa ninguna ventaja comparativa, hoy sabemos que la diversidad cultural es tan imprescindible para la vida social como la biodiversidad para la preservación de la Naturaleza. Es la preservación y no la depredación de los recursos naturales lo que marca el camino de la supremacía en el futuro inmediato. La espiral incontrolable de la economía virtual basada en la contabilidad endeudadora no se podrá sostener mucho tiempo ante la realidad tangible de la economía física. Y todo este cambio requiere ser articulado por una Cultura diferente al materialismo europeo, a la Cultura del Frío, agresiva, acumulativa y legalista. Y una cultura no se inventa, como pretendieron hacer los marxistas (y así les fue). Una cultura se desarrolla durante milenios de adaptación genética y productiva de un pueblo a su territorio, a su visión cósmica del mundo, del futuro y del pasado. Que no es otra que la cultura de las grandes masas populares de América, la cultura de los pueblos que avasallaron los Pizarro, los Bereford, los Alberdi, los Videla y los traidores como Menem o Lula, y tampoco los ineptos como De la Rua, Chacho Álvarez o Sanchez de Lozada, pero que a pesar de todo no la lograron destruir ni hacerle perder nada de su potencia, pues esta se basa en la verdad, y la verdad prevalecerá, pues "solamente la verdad nos hará libres", dijo Jesús. Este es el privilegio que tenemos los americanos no colonizados mentalmente: Adherirnos a la Cultura Ecológica Andina, que entre otras diferencias sustanciales, adecua la Justicia a las necesidades Comunitarias y no al texto de una letra muerta, sacraliza la relación del hombre con el territorio, establece el criterio de verdad basado en la felicidad que esta produce, o sea que lo verdadero es verificable con el corazón y no con el cerebro. Todo el aparato montado por el dominio de la lógica occidental del mercado se caerá como un castillo de naipes con el viento de la transparencia institucional posible gracias a Internet, y vemos como la desesperada adecuación de las estructuras decadentes a estas nuevas energías de la Humanidad, sólo les permite funcionar a fuerza de engaños y miedo sistematizado, con lo cual todo el mundo siente que se encuentra en medio de una pesadilla. El 19 y 20 de diciembre del 2001 los argentinos tuvimos el primer despertar de esta pesadilla en este Nuevo Milenio. Es un sueño de 500 años, el despertar no será sencillo, pero una vez que se abren los ojos, recuperamos el recuerdo de años felices, y al final nos pondremos de pie, nos sacudiremos este pasado espúreo y encontraremos el camino que necesita la Humanidad entera, que no es otro que el Camino de la Vida y la Verdad, que siempre ha triunfado sobre el Proyecto de la Muerte y la Mentira que impone el Imperio.
N&P: El Correo-e del autor es Walter Moore ecodemocracia@yahoo.com
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