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Por el Pbro. José Guillermo Mariani
Corresponde a la sorpresa de un descubrimiento luego de una prolongada búsqueda. Se ha encontrado finalmente un principio de solución. Se ha destapado la raíz de un problema. El ternero mamón, buscando ansiosamente la ubre que lo alimenta, ha identificado el mugido materno. Estamos viviendo una situación parecida. Las iniciativas del Gobierno nacional cuajan en leyes, decretos y estadísticas alentadoras. Se conserva una línea inicial de compromiso con los problemas económico-sociales. Pero la cosa no llega a la gente. Es sintomático el aumento de salarios y jubilaciones por única vez, decretado con ocasión de este fin de año. Aunque puede atribuírsele un valor simbólico porque rompe la tradición de que lo único que no ha aumentado por años son los salarios, sin embargo se le pueden hacer múltiples objeciones en el orden de la eficacia y oportunidad. La Sra. Carrió objeta con objetividad y argumentación muy seria y atendible. Quizás ella hubiera procedido aun más desacertadamente, si atendemos a las últimas alianzas con que se halla comprometida. Admitiendo su crítica, parece , sin embargo que no es al Gobierno en su nivel más alto, en que se origina el decreto, sino a los niveles intermedios, a quienes hay que orientar la denuncia y la exigencia de honestidad. ¿Cuántos empresarios, argumentando que no pueden pagar el aumento, lo ignorarán olímpicamente? ¿Cuántos harán firmar a sus empleados como si lo hubieran recibido, aprovechándose del miedo bastante real, de perder el empleo si no acceden a esa firma? No hace mucho tiempo estuvo con nosotros Jesús Olmedo cura de La Quiaca. Señaló que en un comienzo los planes “trabajar” dieron muy buen resultado. Hasta que cayeron en manos de los punteros políticos, esos personajes tan importantes cuando se trata de conseguir votos o afiliaciones de independientes para elegir a una presidenta del partido y que, insensiblemente se hacen dueños de todo lo que pueda significar alivio o mejora de la situación de las clases más empobrecidas. Este es otro nivel en que naufraga cualquier iniciativa que no los tenga en cuenta. En Córdoba el Gobierno Municipal proyectaba disminuir la influencia de los punteros que siempre es corrupción. No pudo lograrlo. Ellos tienen más fuerza en la pulseada. Y a esto viene el título de esta reflexión. Allí en los niveles intermedios está ahora instalada la corrupción más fuerte. Si no se logra desenmascararla seguirá siendo esponja que absorba todos los esfuerzos e iniciativas. Y quienes denuncian al Gobierno debieran fijarse, aunque esto pueda quitarles votos, en denunciar concretamente esos niveles intermedios. Del “que se vayan todos” se defendieron bastante bien los políticos. En realidad no se fue ninguno. Pero, además, cada uno se quedó con sus punteros obsecuentes y sus empresarios patrocinantes. Y “allí está la madre del borrego”..
Y no se fueron
Se defendieron bastante bien, hay que reconocerlo. En un principio se atemorizaron. Asumieron la discreta resolución de no mostrarse en público para no ser abucheados o escarchados por la gente que adquirió extraordinaria sensibilidad para descubrirlos. A tanto llegó el miedo que algunos planearon la construcción de un túnel secreto que les permitiera llegar a la legislatura, sin “pasar por la gente”. Y, finalmente, no se fue ninguno. Allí están. Aun aquellos que, desde adentro anunciaron su retiro y fueron ácido denunciantes, allí permanecen. Las aguas se han aquietado y lentamente se están retomando viejas tácticas. Decía que no se fue ninguno pero no es exacto. Algunos figurones sí se fueron. Pero ¡están volviendo! Recogiendo desde su pobreza, colaboraciones para reunir los pesos que se les exigen como caución. Y , entre paréntesis ¡que mal gusto anunciar la vuelta para Navidad! Pero afortunadamente no es sólo eso lo que nos trae este fin 2004. El clima de incertidumbre y escepticismo ha disminuido. Se respira mejor si comparamos con los finales de año del pasado inmediato. Ha entrado lentamente, en varios gobiernos de todo nivel, nacional, provincia y municipal, un nuevo estilo, que se está defendiendo y manteniendo. Se han tomado decisiones fundamentales que, seguramente los más severos críticos de hoy, no se hubieran atrevido a tomar. La trenza de la resistencia en búsqueda del poder es muy fuerte y muy poderosa. Se han cometido errores y hay promesas que no se han terminado de cumplir. Pero lo cierto es que la gente está más animada y hay un rayito de esperanza que no significa pasividad sino, al contrario, aliento para continuar la lucha. Creo que tenemos que aprovechar ese rayito y apoyarnos en él para seguir buscando la luz. Navidad significa eso para los cristianos. Una luz pequeñita, infantil, que puede producir un incendio luminoso y feliz. Alrededor de la mesa familiar, los que creemos en Cristo alentémonos en nuestro compromiso por mejorar lo que nos resulta posible. Pasando por alto al gordo de los regalos, que reduce esta fiesta a la superficialidad de unos colores y una obesidad que se derrama y prolonga con la bolsa de juguetes llenos de tickets comerciales, recuperemos nuestra posibilidad de renacer, aunque tengan que repetirse los dolores de parto..
Sin solución y sin diagnóstico
Disminuyeron las luces de fuegos artificiales en el cielo de Córdoba y aumentaron los estruendos y las explosiones. Hubo una impresión bastante generalizada de que esto fue así en la noche navideña. Pero hubo otro apagón de luces aquí abajo, que dejó huellas tristes. Los accidentes que provocaron saturación del Hospital de Urgencias provocados o sufridos en la mayoría de los casos por conductores jóvenes alcoholizados, y la cantidad de chicas y muchachos deambulando como perdidos a la salida de los Boliches ya en plena mañana. Todo esto dejó la penosa impresión de una celebración que ya es “familiar” sólo de paso y se inclina más hacia la juerga y el descontrol. Esta realidad afecta a muchas familias y contiene una carga de impotencia angustiante. El primer resultado es mirarnos entre nosotros los adultos, todos de alguna manera afectados por los hechos y las noticias, para señalar lo que otros deberían hacer. Ya no es problema la violencia en las Escuelas, porque terminaron las clases. No son problema los secuestros. Se acalló la campaña Blumberg. Se han multiplicado leyes, prohibiciones, vigilancia, controles. Todo parece inútil, para contener este afán de autodestrucción que parece afectar a gran parte de nuestros jóvenes. Se trata de un problema complejo. Yo quiero, sin embargo, aventurar mi parecer señalando dos aspectos que quizás no se hayan reflexionado lo bastante. El problema tiene tales características que es imposible hacer caso a la máxima “que cada uno se arregle y lo resuelva como pueda” a que nos tiene acostumbrados el capitalismo liberal. Ni siquiera es válido confiar en cualquier institución o grupo para que arbitre todos los medios necesarios. Ya es indispensable que se reactive la formación de grupos de padres, con educadores del ámbito escolar, con funcionarios relacionados con la formación juvenil en cualquiera de sus aspectos. Grupos no demasiado numerosos pero importantes, para cambiar ideas, para aportar experiencias, para excitar la creatividad, para acordar conductas. No hay muchos más espacios de esperanza para buscar soluciones y habrá que recurrir a esta comunidad de inquietudes para solucionar un problema que ya es de todos. El segundo aspecto es que me parece que hay un mensaje que nos están dando masivamente los jóvenes con estas conductas que denotan falta de control. Y es fundamental descifrarlo. Aunque muchos interpretan que es un mensaje a los padres que dejan solos a sus hijos, por motivos laborales, por sentirse impotentes o por haber tenido que romper la convivencia del hogar buscando nuevos rumbos, pareciera más bien tratarse de un mensaje social. Dirigido a reclamar por determinadas características de la realidad social. ¿Una corrupción generalizada? ¿Una negación de espacios para desarrollar y mostrar sus capacidades? ¿Un futuro sin futuro? ¿Campañas moralizantes desde la amoralidad? Creo que se combinan muchas cosas pero puede resultar interesante la intervención de peritos en la materia para hacer un diagnóstico que nos permita entender el mensaje. Así no andaremos tan perdidos. |
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