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Por la preservación de los lugares públicos La histórica “palmera” de San Justo
Hace casi medio siglo que andamos tratando de cuidarlos, hasta ahora, en la mayor parte, total o parcialmente chocamos con los Molinos de Viento del Quijote, y hoy, vamos a referirnos a la “Palmera de San Justo”. En ella está presente una gran parte de un pasado matancero que no debe olvidarse y que no debe destruirse. Esa palmera se eleva majestuosa dentro de un San Justo moderno a la vera de una Avenida enormemente transitada y frente a la “Plaza Italia”. Es el testigo permanente y vigente de una gran parte de la historia -no sólo la lugareña-, sino también nacional. Frente a esa palmera transitaron las carretas que iban haciendo “La Patria” con su marcha a “La Tierra”. Frente a esa palmera se detenía a reposar de su marcha a Buenos Aires (viniendo desde nuestra “Estancia del Pino”) el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Allí, también habrá reposado su vista en su marcha al martirio, el asesinado en Navarro, Manuel Dorrego y el Tigre de Los Llanos, Don Facundo Quiroga. Y el Padre Castañer que iba a ofrecer su última bendición a Don Manuel. En ese mismo lugar, más de una vez se habrá detenido aquel heroico médico que se llamó Casullo que, cuando nadie venía a San Justo a socorrernos durante la epidemia de Cólera, él se “allegaba” con su botiquín y su modesta “calesa”. Bajo la sombra de esa palmera -en esos momentos juveniles-, pasaba en rauda marcha a Lobos el legendario Juan Moreira huyendo de la Justicia, y por ese mismo camino venía el mismo guapo enamorado a visitar a su compañera en San Justo. Esa ciudad del siglo XIX que siempre añoramos. Pero sigamos la historia, frente a ese lugar palmeril estaba ubicado el mercado donde se “allegaban” los “comerciantes” del pueblo para surtirse de mercaderías que traían las carretas y donde se juntaban los vecinos para hacer su compra directamente a los “mayoristas”. El mercado grande estaba en la Gran Ochava -hasta hace muy poco- y, el chico, como sabemos, estaba frente a la plaza mayor de San Justo, que después se llamará plaza Ezcurra. Como dijo Don Nicolini en ese lugar se encontraba el Estanco de Montero o de Villamayor. Al referirse a la zona, ese gran escritor que se llamó Bilbao dijo al respecto: “a la altura de San Justo se encuentran las ruinas de lo que fue el estanco de Montero, depósito de naipes y tabacos en la época de la Colonia”. Ese camino que, los que estamos acostumbrados a recorrerlo nos trae la vivencia de las antiguas “rastrilladas indígenas”. Luego, fue evolucionando, y de “Rastrillada” pasó a ser “Camino”, más tarde, “Camino Real” y posteriormente, llevará el nombre de “Ruta Nacional 3”, en algún momento, “Provincias Unidas” y hoy, “orgullosamente lleva el nombre de Avda. Brigadier Don Juan Manuel de Rosas” a través del artículo 1` de la Ordenanza 7875, expediente int. 34613-84 (en la cual tuvimos el honor de colaborar), glorioso nombre que algunos “despistados” después de 20 años de vigencia lo ignoran. Pero continuemos con el motivo de la nota, la palmera, si bien se la ve lozana, corre el serio peligro (por senectud biológica o por descuido) de desaparecer y, con ello, se perdería uno de los jalones históricos, quizás sencillo, pero emotivo. Por esta razón, hay una ley que obliga a cuidarlo, pero siempre vemos en su tronco las cicatrices que dejan los clavos que ayudan a sostener los carteles, pancartas o avisos. Siempre vemos en su ondular el susurro de los decenios que acunaron cuantas historias vistas y cuantas dejaría de ver. Hace unos años, junto a un grupo de vecinos hicimos de marco a las autoridades municipales que concurrieron a colocar una placa de mármol y un pequeño “canterito”, de eso... nada más. Pero, lo “oficial”, solamente no vale, sino que valdría que hagamos algo por el amor y es por eso que oportunamente habíamos propuesto y hoy lo reiteramos, y sería importante para los centenares de visitantes del partido y de fuera del mismo, que en misión de paseo la ven, que se haga una pared cerco en el frente del predio y lógicamente una vereda. Por otra parte creemos que es obligatorio hacerlo, caso contrario correría un constante peligro de desaparición. Además, no afectarían mucho a los fondos municipales llevar a cabo la obra. Estamos seguros de que nuestros laboriosos concejales estarían dispuestos a posibilitar esa labor, sabemos que los que colaboran en el predio y en las cercanías se encargarían de cuidar la vereda-parquecito. Posteriormente, en esa pared se pintará un mural alegórico a la história de ese lugar (hemos presentado incluso un bosquejo que podría servir de guía para hacer coherente ese trabajo). Entonces, cada vez que pasemos por ese lugar, rememoraremos un pasado que no morirá nunca, porque todos los habitantes del “pago matancero” están empeñados en mantener siempre vivo ese icono. Estamos seguros que antes de llegar a los 150 años de San Justo, el pueblo de La Matanza tendrá una nueva belleza para contemplar y admirar: “el complejo palmera-mural”. Formulemos una expresión de deseos: el 29 de julio, en el día del partido de La Matanza, que el homenaje se haga frente a la histórica y emotiva querida palmera de San Justo. |
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