¿Planeta impasible?


Por el Pbro. José Guillermo Mariani  

 

Amigos, una reflexión dolorida porque la angustia impotente ante las tragedias tremendas del Sudeste asiático y esta más próxima de Bs. As, resisten a toda explicación y llaman con urgencia a la responsabilidad de todos para salvarnos 

 

Hablamos del Planeta y nos figuramos una gran masa inerte moviéndose en el concierto del Universo, resultado de una conjunción de energías coincidentes en formarlo y lanzarlo a la aventura de un sistema planetario, el solar. La ley de la gravedad nos mantiene adheridos a su superficie, y su estabilidad y duración dependen de leyes que no podemos alterar y desconocemos en su gran mayoría. 

Con esta visión dejamos de lado la concepción de una entidad organizada, en dinamismo constante y con toda la sensibilidad de reacciones propias de un organismo vivo, no sólo porque la vida es posible en él, sino también porque la íntima relación entre todos sus componentes lo hacen muy semejante a un cuerpo vivo con órganos (organizado) para mantener el equilibrio y la estabilidad.  Las agresiones violando esa organización y equilibrio no quedan impunes. Las defensas naturales actúan y se producen necesariamente reacciones terribles que nosotros podemos calificar de injustas porque no castigan a los culpables sino a toda la especie humana y no sólo a una generación sino a todas las que vendrán.  

No es exageración afirmar que hoy, el mayor agresor del Planeta es  Estados Unidos. La atmósfera invadida por los gases letales que producen los países industrializados se convierte en reservorio del calor del sol y produce lo que designan como “efecto invernadero” con una cantidad  de efectos todavía no estudiados, o al menos no dados a conocer por quienes los estudian. Seguramente, la intensificación de las tormentas (cinco semanas con cuatro huracanes devastadores en la zona de La Florida y alrededores) y las olas de calor con efectos mortales desconocidos  hasta ahora, son producto de esa reacción atmosférica. ¿También los terremotos y maremotos como el tsunami? La  pregunta está flotando.  

El mayor productor de los gases que envenenan la atmósfera es Estados Unidos. Pero sus representantes en las convenciones sobre cambios climáticos y defensa de la Ecología se niegan a aceptar el Protocolo de Kyoto que compromete a la disminución de la producción de esos gases. La omnipotencia de la mayor potencia armamentista ¿llegará a pensar que todas las injurias al Planeta van a quedar superadas por su tecnología?  

Mientras  los países con recursos codiciables, como Afganistán o Irak, viven tragedias provocadas directamente por las armas sofisticadas, otros los más pobres sin posibilidades de defenderse, son castigados por la reacciones de la naturaleza agredida sin ningún cuidado por los poderosos, que creen poder salvarse del desastre general. El dolor de las víctimas y el de los que quedan sumidos en el desamparo y la impotencia, no pueden contenerse con palabras y llanto. También hay “bronca” en contra de los que podrían evitar o al menos aminorar estas tragedias.  

 Otro aspecto de la cuestión son los supuesto videntes que, basando sus afirmaciones en pasajes bíblicos interpretados a la letra, aseguran que estas son las señales del fin del mundo, anunciadas en la Biblia. En un auténtico análisis de todos los textos bíblicos es imposible encontrar fundamento serio para esas predicciones. Lo que sí es cierto es que estamos produciendo con nuestra suficiencia de creernos anclados en un planeta impasible, un acercamiento hacia desastres imprevisibles, si no detenemos a tiempo las agresiones a este Planeta absolutamente sensible y justiciero.



Allí está la madre del borrego


 

Corresponde a la sorpresa de un descubrimiento luego de una prolongada búsqueda. Se ha encontrado finalmente un principio de solución. Se ha destapado la raíz de un problema. El ternero mamón, buscando ansiosamente la ubre que lo alimenta, ha identificado el mugido materno. 

Estamos viviendo una situación parecida. Las iniciativas del Gobierno nacional cuajan en leyes, decretos y estadísticas alentadoras. Se conserva una línea inicial de compromiso con los problemas económico-sociales. Pero la cosa no llega a la gente. Es sintomático el aumento de salarios y jubilaciones por única vez, decretado con ocasión de este fin de año. Aunque puede atribuírsele un valor simbólico porque rompe la tradición de que lo único que no ha aumentado por años son los salarios, sin embargo se le pueden hacer múltiples objeciones en el orden de la eficacia y oportunidad. La Sra. Carrió objeta con objetividad y argumentación muy seria y atendible. Quizás ella hubiera procedido aun más desacertadamente, si atendemos a las últimas alianzas con que se halla comprometida. Admitiendo su crítica, parece , sin embargo que no es al Gobierno en su nivel más alto, en que se origina el decreto, sino a los niveles intermedios, a quienes hay que orientar la denuncia y la exigencia de honestidad. 

¿Cuántos empresarios,  argumentando que no pueden pagar el aumento, lo ignorarán olímpicamente? ¿Cuántos harán firmar a sus empleados como si lo hubieran recibido, aprovechándose del miedo bastante real, de perder el empleo si no acceden a esa firma? 

No hace mucho tiempo estuvo con nosotros Jesús Olmedo cura de La Quiaca. Señaló que en un comienzo los planes “trabajar” dieron muy buen resultado. Hasta que cayeron en manos de los punteros políticos, esos personajes tan importantes cuando se trata de conseguir votos o afiliaciones de independientes para  elegir a una presidenta del partido y que, insensiblemente se hacen dueños de todo lo que pueda significar alivio o mejora de la situación de las clases más empobrecidas. 

Este es otro nivel en que naufraga cualquier  iniciativa que no los tenga en cuenta. En Córdoba el Gobierno Municipal proyectaba disminuir  la influencia de los punteros que siempre es corrupción. No pudo lograrlo. Ellos tienen  más fuerza en la pulseada. 

Y a esto viene el título de esta reflexión. Allí en los niveles intermedios está ahora instalada la corrupción más fuerte. Si no se logra desenmascararla seguirá siendo esponja que absorba todos los esfuerzos e iniciativas. Y quienes denuncian al Gobierno debieran fijarse, aunque esto pueda quitarles votos, en denunciar concretamente esos niveles intermedios. Del “que se vayan todos” se defendieron bastante  bien los políticos. En realidad no se fue ninguno. Pero, además, cada uno se quedó con sus punteros obsecuentes y sus empresarios patrocinantes.   Y “allí está la madre del borrego”..


 

Y no se fueron



Que se vayan todos. Nació de las cacerolas, posiblemente, como después se supo, impulsado por intereses muy concretos y turbios. Pero se extendió al país, y la justicia del reclamo y a la vez sentencia popular ante la ineficacia y la corrupción de los políticos, llenó todos los ámbitos. Se han cumplido tres años. 

Se defendieron bastante bien, hay que reconocerlo. En un principio se atemorizaron. Asumieron la discreta resolución de no mostrarse en público para no ser abucheados o escarchados por la gente que adquirió extraordinaria sensibilidad para descubrirlos. A tanto llegó el miedo que algunos planearon la construcción de un túnel secreto que les permitiera llegar a la legislatura, sin “pasar por la gente”. 

Y, finalmente, no se fue ninguno. Allí están. Aun aquellos que, desde adentro anunciaron su retiro y fueron ácido denunciantes, allí permanecen. Las aguas se han aquietado y lentamente se están retomando viejas tácticas. Decía que no se fue ninguno pero no es exacto. Algunos figurones sí se fueron. Pero ¡están volviendo! Recogiendo desde su pobreza, colaboraciones para reunir los pesos que se les exigen como caución. Y , entre paréntesis ¡que mal gusto anunciar la vuelta para Navidad! 

Pero afortunadamente no es sólo eso lo que nos trae este fin 2004. El clima de incertidumbre y escepticismo ha disminuido. Se respira mejor si comparamos con los finales de año del pasado inmediato. Ha entrado lentamente, en varios gobiernos de todo nivel, nacional, provincia y municipal, un nuevo estilo, que se está defendiendo y manteniendo. Se han tomado decisiones fundamentales que, seguramente los más severos críticos de hoy, no se hubieran atrevido a tomar. La trenza de la resistencia en búsqueda del poder es muy fuerte y muy poderosa. Se han cometido errores y hay promesas que no se han terminado de cumplir. Pero lo cierto es que la gente está más animada y hay un rayito de esperanza que no significa pasividad sino, al contrario, aliento para continuar la lucha. 

Creo que tenemos que aprovechar ese rayito y apoyarnos en él para seguir buscando la luz. Navidad significa eso para los cristianos. Una luz pequeñita, infantil, que puede producir un incendio luminoso y feliz.  

Alrededor de la mesa familiar, los que creemos en Cristo alentémonos en nuestro compromiso por mejorar lo que nos resulta posible. Pasando por alto al gordo de los regalos, que reduce esta fiesta a la superficialidad de unos colores y una obesidad que se derrama y prolonga con la bolsa de juguetes llenos de tickets comerciales, recuperemos nuestra posibilidad de renacer, aunque tengan que repetirse los dolores de parto..   

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