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Tras la tragedia de Cromagnón  

Una familia de Catán y una historia dolorosa


 

             Hace veinte días enterraron a quien creían era su hijo, tras la tragedia de Cromagnón * Pero ahora se presume que el padre se equivocó en la rueda de reconocimiento o bien que la morgue judicial entregó el cuerpo equivocado * Hoy habrá una exhumación porque se presume que el chico enterrado podría ser Nicolás Flores, el nene de cuatro años que permanece desaparecido desde el incendio * 
 

            Vivir el dolor de reconocer a un hijo en la morgue. Vivir el dolor de enterrar a un hijo. Una familia de González Catán deberá ahora soportar otro duro momento: el cuerpo del chiquito que enterraron semanas atrás deberá ser exhumado porque la Justicia intenta establecer si se trata de Nicolás Flores, el nene desaparecido desde la tragedia de República de Cromagnón.

Héctor Zerpa descubrió el fin de semana que había sepultado a otro chico y ahora se intenta establecer si hubo un error en el reconocimiento o en la entrega del cuerpo. Pero, mientras que exhumarán el cadáver y harán exámenes de ADN para determinar si se trata de Nicolás, la abuela del chico vio una foto del niño sepultado por la familia de González Catán y dijo que ése no era su nieto.

El hombre reconoció ahora como el verdadero cuerpo de su hijo al único que permanecía sin identificar en la Morgue Judicial. Por eso se plantea la fuerte probabilidad de que el cadáver enterrado bajo identidad equivocada sea en realidad el de Nicolás Flores, el nene de cuatro años que permanece desaparecido a partir del incendio.

Fuentes judiciales estiman que, en cuanto a las causas del error, dos versiones se confrontan: La primera atribuye el hecho a que el papá -bajo estado de shock en las horas siguientes a la catástrofe- haya confundido otro cuerpito con el de su hijo. La segunda plantea la posibilidad de una falla en los procedimientos de la Morgue Judicial

También se estima que la corta edad de ambos chicos pudo contribuir a la confusión, ya que no tenían todavía la ficha dactiloscópica completa que la policía utiliza, como práctica de rutina, para identificar cada cadáver ingresado a la Morgue Judicial.

            El 1º de enero último, Zerpa concurrió a la Morgue Judicial para intentar reconocer el cuerpo de su hijo. Allí vio la foto de un cadáver que, creyó era su hijo, y luego ingresó a un lugar con mesas le mostraron el cuerpo. El hombre no dudó que se trataba de Gustavo Zerpa, su chiquito de seis años.

            El cadáver del pequeño fue inhumado en un cementerio de La Matanza, mientras otro chico continuaba en la Morgue sin ser identificado y un tercero, Nicolás Flores, estaba desaparecido.

El fin de semana último, la jueza María Angélica Crotto citó a los tres padres que habían enterrado a los que creían eran sus hijos de seis a nueve años muertos en República de Cromagnón.

            En tanto, la abuela de Nicolás Flores, Estela Gómez y su tía abuela Cristina, fueron convocadas el fin de semana con urgencia a la comisaría 53ª, para iniciar los trámites que permitirán verificar, mediante análisis de ADN, si el cuerpo enterrado bajo el nombre “Gustavo Zerpa” es en realidad el de Nicolás Flores.

A esa misma comisaría había concurrido Héctor Zerpa para que le fuera mostrada la fotografía del cuerpo NN; desde allí tuvo que ir a la Morgue Judicial para reconocer el cuerpo que, hace veinte días, creyó haber enterrado.

 

  

Las hipótesis del caso

 

Error del padre. Una fuente vinculada con el caso piensa que Héctor Zerpa se equivocó porque bajo estado de shock “los familiares pueden fallar en el reconocimiento, y los dos cuerpitos eran parecidos”.

 

Error de la Morgue. Otra fuente vinculada al caso no cierra la posibilidad de una falla en el procedimiento: “En esos días, la Morgue Judicial trabajaba bajo una presión enorme para que acelerara la entrega de los cuerpos a los familiares. Sin embargo, era necesario individualizar la causa de la muerte para cada caso, mediante autopsia: quizá no tanto para el juicio penal, pero sí para probables juicios civiles correspondientes a cada una de las víctimas. El hecho es que el plazo para la tarea, que primero se preveía en una semana, se acortó a unos pocos días, y pueden haberse deslizado errores”.

 

El paso de las horas. Una tercera fuente también hizo referencia a un posible error del padre al reconocer el cuerpo. “Los cadáveres ya estaban un poco hinchados cuando llegaron a la morgue, y en esas condiciones pierden su fisonomía; y los dos nenes del caso eran parecidos. Por la edad de los chicos, todavía no tenían registro de huellas digitales de los diez dedos de las manos; sólo del pulgar y la huella de la planta del pie, que se toma después del nacimiento y sólo es útil durante los primeros meses. Todo esto hizo más difícil la identificación, que la Policía Federal efectúa rutinariamente por dactiloscopia” .

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