Protagonismo de Latinoamérica


  

El inicio de 2005 ha visto como los ciudadanos de Bolivia paralizaban la actividad laboral, bloqueaban vías y se manifestaban en paz para exigir que el agua potable deje de ser un negocio y para que quede sin efecto la subida del 11% del precio de los carburantes. En Venezuela, el presidente Chávez intenta acelerar la reforma agraria propuesta en la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario de 2001 con un decreto contra el latifundio. El decreto busca inspeccionar más de 40.000 fincas agrarias, comprobar su aprovechamiento y constatar la legitimidad de los títulos de propiedad, porque la propiedad de muchos latifundios es más que dudosa. Por supuesto, las poderosas patronales agrarias han puesto el grito en el cielo.  

En Perú, un militar nacionalista presumiblemente resentido, Antauro Humala, toma una comisaría con 150 hombres y exige que dimita el presidente Toledo que por cierto está en sus horas más bajas de aceptación y apoyo popular (un 10 ó 12% según sondeos). Su política de apretar el cinturón de los ciudadanos, de dar todas las facilidades a grandes empresas extranjeras y la tozuda persistencia de la pobreza y la desigualdad estarían en el origen del desencanto general. 

Podríamos recorrer desde Río Grande hasta la Patagonia y comprobar que América Latina entra agitadamente en el nuevo año, tal vez porque el rumbo actual del mundo no conduce a ninguna parte, salvo a un desastre de mayor o menor cuantía, pero también de que es posible otra Latinoamérica.  

Un inmigrante argentino llegado hace poco a España, me hablaba de otra agitación, que tiene que ver con la situación general de agotamiento económico y social. Quise saber por qué había emigrado. “Marché de Argentina por seguridad –confesó-. Cuando me asaltaron por undécima vez, me dije que había llegado el momento de cambiar de aires”. De Argentina nos llegó también hace unos meses la noticia de la aparición y extensión de los secuestros por unas horas a gentes que no son ricas para obtener posibles rescates.  

Qué duda cabe de que pobreza y desigualdad son caldo de cultivo de delincuencia e inseguridad. La otrora próspera Argentina, hoy aceleradamente empobrecida gracias al voraz capital transnacional, a corruptos nacionales y al FMI, cuenta con una notable parte de nuevos excluidos, y los excluidos recurren a lo que sea para sobrevivir.  

En Brasil, el informe sobre respeto a los derechos humanos, gracias a la labor de una treintena de organizaciones, arroja un preocupante aumento de la exclusión social y de la violencia generalizada, así como del incremento de niños y adolescentes en el pujante y oscuro mundo del narcotráfico. El teólogo brasileño Leonardo Boff, hombre comprometido en la lucha contra la injusticia, aporta una pauta de entendimiento de lo que ocurre en el gigante latinoamericano. Manteniendo aún su esperanza en el presidente Lula, dice Boff que la vigente opción económica de política fiscal severa, control de inflación, libertad absoluta para los capitales y crecimiento macroeconómico, se paga con la crisis social permanente. Buenos resultados macroeconómicos pero mala vida de las gentes. Matiza el teólogo de la liberación que aumenta el empleo pero lo hace a costa de la reducción generalizada de los salarios y de la evidente pérdida de su poder adquisitivo, al tiempo que parecen desintegrarse derechos básicos indiscutibles como la salud y la educación.  

Latinoamérica es territorio propicio para demostrar de una vez por todas que la cacareada lucha contra la inseguridad es ante todo un combate frontal contra la pobreza, la injusticia y la desigualdad. Hay montones de indicios, pruebas y ejemplos. Me viene a la memoria el exitoso trabajo del cantante Carlinhos Brown, que consiguió pacificar y convertir en un lugar pacífico la favela donde creció, una favela tan violenta como otras de Río de Janeiro. El secreto fue ofrecer horizontes, metas reales a los niños y adolescentes de la favela para huir de la pobreza. Lo hizo demostrándoles en la práctica que podían ser buenos músicos percusionistas. El modo y objetivo concretos en esa lucha contra la pobreza pueden ser otros, no precisamente el de Carlinhos, pero se trata de que todos y cada uno de los ciudadanos latinoamericanos tengan un horizonte claro y un presente y un futuro dignos. América latina tiene que estar a la altura del protagonismo que le corresponde. 

 

Xavier Caño

Periodista

ccs@solidarios.org.es

 

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