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Participaron los músicos 

Una gran columna en Tapiales y Celina a un mes de la tragedia de Cromagnon


 

            La lluvia no impidió la movilización * El líder de Callejeros caminó con un cartel con el nombre de su novia en la mano *

 

Una importante columna de manifestantes caminó entre las localidades de Tapiales y Villa Celina en el partido de La Matanza, donde vive la mayoría de los integrantes del grupo Callejeros a un mes de la tragedia de Cromagnon.

Custodiados con celo por amigos y familiares de las víctimas de República Cromañón, los miembros del grupo Callejeros participaron de la marcha.

Patricio, el cantante de la banda, por ejemplo, se excusó antes de partir desde la plaza de Tapiales y lo mismo hizo durante la marcha, cuando cronistas de otros medios intentaron acercársele.

Vestido con short negro, remera del mismo color con una ilustración de Carlos Gardel y zapatillas de lona blancas, el líder del grupo marchó en silencio con un cartel en el que figuraba el nombre de Elisa Mazzurco, su novia fallecida en el incendio.

            Bajo una fuerte lluvia, varios chicos -sobrevivientes de aquella noche- evidenciaban en su cuerpo las consecuencias de la tragedia. Una joven de 19 años, que no quiso dar su nombre, por ejemplo, soportó estoicamente el tránsito por las 18 cuadras, muchas de ellas inundadas.

             Los cánticos se incrementaron al llegar a Barros Pasos, donde los dueños y trabajadores de distintos locales comerciales de la zona recibían a los jóvenes con aplausos. Allí se vivieron los momentos más emotivos de la tarde, con cinco discursos que conmovieron a todos los presentes, manifestantes y espectadores casuales.

Los chicos exigieron justicia, culparon a organizadores y dueños del boliche, responsabilizaron al jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, rechazaron a los partidos políticos en sus marchas y, por último, recordaron con tres minutos de silencio inquebrantable a sus familiares y amigos muertos.

Los carteles con los nombres de las víctimas en alto, el abrazo de dos jóvenes caídos en llanto, las miradas perdidas y unos panfletos con una cinta con los colores argentinos y otra negra, en señal de luto, que los mismos chicos distribuyeron "para que cada casa de cada vecino de La Matanza tenga en su puerta", fueron las últimas imágenes de la protesta.

Sin incidentes, los manifestantes comenzaron a desconcentrarse cerca de las 20, aunque prometieron volver a juntarse "todos los días 30 de cada mes", para que la tragedia de Cromañón no quede en el olvido.

 

Una dura realidad

 

Muchos de los pibes fallecidos vivían en los barrios más pobres del conurbano bonaerense, como La Matanza o Lanús y trabajaban para sostener la economía familiar. Por eso “Familias por la Vida”, la organización que nuclea a parientes de las víctimas, expresó que muchos están gestionando ante los municipios locales puestos de trabajo para sacar adelante a los hijos, hermanos y padres que estaban a cargo de los muertos. No obstante, voceros municipales de La Matanza negaron haber recibido una solicitud formal de trabajo por parte de los familiares, aunque aseguran que colaboran con subsidios. Funcionarios de la Municipalidad de Lanús, a través de un comunicado de prensa, se pusieron “a disposición para cualquier requerimiento que sea necesario”, pero no dieron más detalles.

Las “Familias por la Vida”, que se reúnen todos los jueves, atraviesan una situación de duelo emocional que las sumerge en un profundo dolor, pero encima que tienen que pedir juicio y castigo, no tienen para comer y buscan trabajo.

Mariana Márquez es la mamá de Mariana Elizabeth de Olivera -Liz, como la llamaban todos- una de las tantas chicas que murieron en Cromañón.

Liz tenía 17 años, era de González Catán y trabajaba como recepcionista en una remisería. No ganaba mucho, pero alcanzaba para pagar la comida, porque el papá está desocupado, la mamá tiene cáncer y la hermanita menor, 8 años.

Márquez está segura de que “la necesidad de la gente es mucha y hay varios que van a aceptar la plata que ofrece el Gobierno, que es una coima explícita, un soborno que no tiene nombre”. 

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