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ECOLOGIA- MEDIO AMBIENTE- CONSERVACION
Todos los animales al nacer poseen una importante cantidad de información conocida como "carga genética". La aplicación de esta información a la vida cotidiana es lo que solemos llamar erráticamente "instinto". En los animales que poseen un cerebro más desarrollado se presenta, además, la capacidad de aprender. Cuanto más aprende un animal, más se aleja del instinto; cuanto más información recibe, menos utiliza e interpreta la carga genética.
Por tal motivo, en la década del 70 se reunió toda la tecnología existente al momento para determinar la época de la rotura. Más de 100 estaciones meteorológicas de la costa de Siberia, magníficamente dotadas de instrumental y dirigidas por los mejores meteorólogos y científicos del área, trabajaron en conjunto para calcular la fecha exacta sin lograr ningún resultado. Con la mirada puesta en los hielos durante años, vieron con asombro que las morsas llegaban a la zona exactamente diez días antes de que el hielo se partiera, requisito indispensable para poder obtener alimento de la captura de peces. ¿Podían estos grasosos animales saber más que los mejores científicos de la época? La respuesta parece ser afirmativa. Desde entonces se puede prever la rotura del hielo con diez días de anticipación al observar que las manadas de morsas se acercan a la zona, lo que resolvió definitivamente el grave problema.
No resulta entonces difícil de entender que en el gran tsunami de Tailandia, donde perecieron más de 190.000 personas, no haya muerto un solo animal salvaje de los que se encontraban en la costa. Ellos sabían lo que estaba pasando y previnieron el desastre mientras que los hombres no se percataron de la presencia de la gran ola ni siquiera cuando la tenían a pocos metros de si mismos. Si podemos entender que perdimos definitivamente la conexión, debemos entonces profundizar la observación de quienes aún la poseen. Debemos desarrollar nuestra inteligencia al punto de poder entender, al menos por una vez, que los animales saben cosas que nosotros desconocemos por completo y que la única posibilidad de supervivencia de nuestra especie es aliándonos y protegiéndonos mutuamente con aquellos a los que siempre consideramos "animales inferiores". Pues sin ellos, nuestro solitario destino estará definitivamente sellado.
Tito Rodríguez Director Instituto Argentino de Buceo
Bajo el mar las cosas no son tan diferentes. Muchos animales eligen el cardumen como método de defensa. Los peces gato, al igual que las cebras tienen cuerpos rayados para confundir al depredador pero además su figura alargada y sus movimientos rápidos y sinuosos acentúan aún más esa confusión. El nombre de "pez gato" proviene de la media docena de barbas que poseen en la mandíbula inferior que le permiten hurgar en la arena del fondo en busca de alimentos. La particularidad de este cardumen es que los individuos vagan por el fondo alimentándose más o menos separados unos de otros pero ante una agresión se juntan mucho más apretadamente que otras agrupaciones de peces. Es probable que muchos depredadores confundan esta masa sinuosa y de movimiento uniforme con un solo animal, demasiado grande para atacarlo. Otros, conocedores de la treta embestirán directamente al medio de la agrupación. Entonces los peces gato, en un veloz movimiento crearán un orificio por el que el cazador pasará del otro lado del cardumen sin lograr el éxito, confundido al no conseguir una presa. Pero quienes tengan éxito en el ataque, descubrirán inmediatamente que los peces gato poseen varias pequeñas espinas muy venenosas en sus aletas. Una picadura de estas espinas puede resultar sumamente dolorosa, pero el conjunto de varias espinas aplicadas al mismo individuo puede ser mortal y, como es de suponer, cuando los peces gato se agrupan colocan todas sus espinas hacia afuera formando una especie de armadura que repele cualquier ataque. Es notable que la agrupación de peces gato sólo se forma en la etapa juvenil de su vida; es normal ver a los adultos vagando solos por el fondo en busca de alimento. Tal vez la unión de individuos sea sólo necesaria en la etapa juvenil y, al alcanzar la madurez, el ejemplar aprenda a protegerse a si mismo con al ayuda de sus espinas venenosas. Sería lógica y razonable esta presunción. Los juveniles de todas las especies suelen ser los más expuestos y por lo tanto los que más sufren. De hecho entre los humanos llamamos "adolescentes" a nuestros juveniles y también es normal, en esa etapa, verlos agrupados en tribus, luciendo una indumentaria asombrosamente similar. Tal vez ellos también requieran de la manada para sentirse menos vulnerables, amparándose en aquella vieja frase que asegura que "la unión hace la fuerza". Tal vez.
Tito Rodríguez Director Instituto Argentino de Buceo
Algunos descubrimientos recientes pueden que contesten esta inquietante pregunta. A las ballenas se les adhieren unos pequeños organismos llamados balanos que se sitúan en su cabeza, cola y aletas. Una vez adheridos comienzan a reproducirse a gran velocidad aumentando significativamente sus poblaciones. El balano posee una caparazón externa de calcio que genera una importante resistencia al avance del animal de la misma manera que afecta la velocidad de los barcos cuando se adhiere a sus cascos. La cantidad, el peso que representan y el aumento del esfuerzo al nadar hace indispensable para la ballena el deshacerse de tan molesto comensal. El balano de las ballenas jorobadas pertenece a la especie más grande que se haya podido observar adherido a un animal o superficie alguna. En 1937 el científico ruso B.A. Zenkovich logró extraer los balanos de la cabeza de una ballena jorobada, registrando un peso total de 450 kilogramos. En proporción es como si un ser humano llevara sobre su cabeza un sombrero de unos 15 kilogramos de peso y que va en aumento. Seguramente también haría un considerable esfuerzo para sacarse este peso de encima. La guerra entre los balanos y las ballenas es una simple cuestión de piel. El balano, una vez adherido se apresura para que crezca la base de su concha atravesando la piel de la ballena y fijándose antes de que el enorme animal pueda desprender esta piel. Y la velocidad con que la piel de una ballena crece y se desprende es realmente asombrosa, la división celular en la piel de los cetáceos es de 320 veces más rápida que en la piel de los humanos.
Parece increíble pensar que un animal tan grande como una ballena pueda ser molestado por un organismo tan pequeño como los balanos. Lo que para los antiguos era un terrible monstruo marino se desnuda hoy ante nuestros ojos como un animal muy sensible y frágil. En estos momentos David y Goliat vuelven a cobrar vida en la piel de una ballena, una guerra sin cuartel sobre la cabeza de los animales más grandes del planeta.
Tito Rodríguez Director Instituto Argentino de Buceo
Una de las diferencias entre el humano y las bestias es que el humano sabe que morirá.
La muerte es un hecho totalmente ignorado por los animales que, no sólo la desconocen, si no que no la comprenden cuando sucede. Es por eso muy común ver a animales sociales como la ballena o los elefantes tratando de empujar a sus compañeros muertos (Secretos 97). Y esto, tal vez, permita explicar algunas conductas. Si un tiburón tuviera hambre sólo tendría que pasar cerca de una ballena y con un único y rápido movimiento arrancarle un trozo enorme de jugosa grasa rica en proteínas a ese lento animal. Pero los tiburones no funcionan así, si así fuera las ballenas se hubieran extinguido hace miles de años. Tal vez los tiburones, al igual que el resto de los animales, creídos que vivirán por siempre, no harán nada para alterar el medio ambiente, sobre todo a aquellas presas que pudieran necesitar en el futuro. Los humanos sí funcionamos así. Pero, si fuéramos conscientes de que nuestra vida pudiera extenderse por miles de años... ¿talaríamos todos los bosques? ¿envenenaríamos el coral? ¿ensuciaríamos al punto de abandonar en la playa un pequeño envase plástico de bronceador que terminaría matando a una tortuga marina? (Secreto 131) ¿permitiríamos que el planeta se caliente hasta el punto de derretir los polos hasta tapar con agua las tierras emergidas?. Seguramente no. Seguramente estaríamos más preocupados por nuestro futuro que por nuestro presente. Pero hoy les pedimos a los gobernantes de los países que busquen una solución para problemas que sucederán en 200 años. Unos 195 años después de que sus mandatos hayan terminado y unos 150 años después de que el último de ellos haya muerto. Incluso nosotros mismos: ¿Estaríamos dispuestos a gastar nuestro dinero hoy para solucionar problemas que se les presentarán a los nietos de nuestros nietos? La respuesta es "no, ellos ya se arreglarán para resolverlos". Tal vez se trate de que, conocedores del final de nuestros días, nos cueste ver el futuro más allá de nosotros mismos. Ser animales inteligentes nos nubla la razón y el sentido común, hasta el punto de no entender que no habiendo otros animales inteligentes, tampoco los habrá estúpidos. La inteligencia y la estupidez están tan ligadas que se necesita de una para que la otra exista. Los tiburones son simples tiburones, ni inteligente, ni estúpidos, sólo tiburones. Se requiere de la oportunidad de la inteligencia para sufrir por la falta de ella. En tanto, el Planeta avisa silenciosamente. Lo que antes sucedía en una era geológica hoy sucede en el término de una vida humana. El Planeta ha cambiado más en los últimos 50 años que en los anteriores 500.000. Lo que antes era el futuro hoy es simplemente "mañana", lo que le pasaría a nuestros bisnietos, nos pasará a nosotros mismos en los años finales de nuestra vida. A menos que comencemos a utilizar el sentido común, nuestros sucesores nos recordarán como la generación más sucia, la más descuidada y por ende la más carente de inteligencia. Personas que dicen amar a sus hijos, sin preocuparse realmente por su futuro inmediato: Mañana.
Tito Rodríguez Director Instituto Argentino de Buceo |
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