Por la preservación de monumentos 

Nuestra querida, eficiente y destruida vieja salita de auxilios de San Justo


 

Por Alfonso Corso.-

 

Distintos motivos entre los cuales no es ajeno el enorme territorio que abarca y el explosivo crecimiento demográfico, hicieron que la salud pública en general no fuera lo floreciente que debía ser, al menos hasta los principios del siglo XX. L a historia de la medicina en nuestro pago está prácticamente ligada a recuerdos históricos: el primer hospital del país fue “empuje” entre otros eficientes ciudadanos de un matanceros, y muchos de los grandes médicos estuvieron en La Matanza, entre ellos el protomédico de la Patria, el doctor O’Gorman, el doctor Casullo, el doctor Argerich, el doctor Finochietto, para nombrar a los más antiguos.

Es por eso que no debió extrañar mucho cuando en el mes de marzo del año 1915 se inaugura en una de las “salas” del antiguo edificio de la comisaría, la primera sala de auxilios de La Matanza.

Pero más de 13 años debieron transcurrir hasta que, en el año 1928, el jefe de Gobierno, don José María Ezcurra, el doctor Domingo Rossi (primer médico actuante) y el enfermero Primo Vázquez, pudieron recibir el subsidio de 50 mil pesos m/n para hacer frente a los gastos para la instalación de la Sala de Primeros Auxilios.

La suma venía del Gobierno nacional y esos pesos se fueron dividiendo en prioridades: poco más de 13 mil se invirtieron en la compra de un solar (en la esquina de Villegas y Almafuerte) y, cuatro años más tarde, después de haber cubierto los gastos previstos y superarlos se logra la inauguración de la soñada Sala de Auxilios.

La misma contaba con los más modernos adelantos de la época y los más eficientes y humanos profesionales del momento. Dos años más tarde, en 1934, se logra agrandar el plantel y se nombra un nuevo médico, el doctor José E. Mazo; un practicante mayor, Luis A. Yansen; y una enfermera, Margarita Hours. Sobre la base de este plantel y de la sede es que se estructura La Policlínica Central (que para nosotros cariñosamente seguirá siendo siempre La Salita de Auxilios de San Justo). La misma cubría con su presencia las necesidades básicas de internación de la población, al menos en lo que se refería a las urgencias.

            No debemos olvidar algunos hitos históricos. Si bien Escurra fue indudablemente el factotum, es recién con el gobierno de Cullen Ayerza cuando se decide la construcción de la Sala y, es entonces, cuando en el año 1931 la Municipalidad compra el predio e intervienen algunos de los protovecinos matanceros.

            El que vende el lote es Alfonso Tomás Ramón Martínez (padre de Dardo Leonel Martínez), y el escribano actuante fue Adolfo Coto Gutiérrez. Aunque la suma de 50 mil pesos no alcanzó lógicamente para todo, ya que se gastó en total -incluido el terreno- 63 mil pesos.

No sería del todo honesto el hablar de esta histórica y querida salita, que gracias a Dios sigue siendo muy eficiente, si no se hablara sintéticamente de dos de los protomédicos: el doctor Adolfo Argerich asume su cargo cuando toma el poder como jefe de Gobierno don Lino Lagos, el 30 de diciembre de 1857, y daba como domicilio la chacra de Madariaga. El doctor Argerich se había recibido en el año 1850.

Doctor José María Casullo, heroico y altruista médico, que fue prácticamente el único que nos acompañó durante la trágica epidemia del Cólera (diciembre de 1867 a febrero de 1868), había nacido en Buenos Aires y se recibió en el año 1860 en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, pero su fuerte en defensa de la salud se desarrollaría en la zona oeste del gran Buenos Aires (Morón y La Matanza).

Si bien su actividad fue en general su labor más intensa, se llevó a cabo como durante la terrible epidemia de Cólera, su actividad en La Matanza fue prolongada y en los principios del Siglo XX aún “actuaba” en San Justo. Uno de los pacientes el querido don Domingo Nicolini. El 29 de diciembre del año 1929, el intendente don José Luis aprueba la inversión de 3 mil pesos para la compra de un torno, un sillón, e instrumental con el que se habilitaría el consultorio dental en la Sala de Primeros Auxilios de San Justo.   

            Los años pasan y esa joyita que era el continente de la Salita empieza a ser “fea” para los “snob” y un día desaparece. Esa misma salita que cobijó en su seno a muchos de nuestros proto-médicos y miles de esperanzados pacientes o dolidos que buscaban alivio allí, donde también se vio nacer a muchos de nuestros laboriosos habitantes, “fue” y hoy debe ser recordada como un espacio histórico que nunca más veremos.   

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