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Por el Pbro. José Guillermo Mariani
En el reportaje aparecido en La Voz del Interior, el Domingo 6 de Febrero, para el que dicho diario fue convocado con la condición de que se publicara en Domingo, el Arzobispo Ñáñez incurre en por lo menos cuatro inexactitudes
1ra) “Nunca he sancionado ni vigilado al P- Mariani. Lo he acompañado en toda su acción pastoral. Estuve celebrando con él los 50 años de sacerdote”
Estuvo realmente en los 50 años. La única verdad de esa afirmación. Los antecedente de su relación conmigo son bastante oscuros. En 1985, por ejemplo, siendo rector del Seminario, cuando los Diáconos hacían la experiencia, bajo la dirección del P. Juan Tenor, de ir a las Parroquias para tener contacto con predicación, liturgia y pastoral en diversos lugares y comunidades, Ñáñez les prohibió visitar esta Parroquia con el argumento de que yo era un “cura peligroso”. Cuando le pedí explicaciones por ese juicio, sólo me respondió”Yo soy dueño de mis decisiones.” Poco después como Obispo Auxiliar, me visitó en la casa parroquial para conminarme en representación del Arzobispo a dejar de emitir juicios cuestionantes para la Iglesia, bajo pena de quitar la autorización para los micros de Canal 10. La agresión que significó su carta pastoral a las parroquias con obligación de leerla en todas las Misas, como hubiera sido bueno que lo hiciera en su convivencia con Bussi, puede merecer hasta demanda civil puesto que arrasó con mi buen nombre hablando de relaciones sexuales con ambos sexos y de incluir a todos en la misma bolsa. Todo esto, como animadversión vieja y positiva, pero además, durante todo su episcopado nunca manifestó la más mínima aprobación para mi servicio ministerial ni la tarea pastoral en la Parroquia. No creo que sea modo de “acompañarme,” por más que haya estado presente en el almuerzo de mis 50 años de sacerdocio.
2da) “Leí el Libro entre una noche y una mañana”
Cuando yo fui a verlo después de su expresión
pública por todos los medios, desaprobando el Libro y a preguntarle qué
sanciones estaba previendo, me aseguró que lo había leído y, al preguntarle
“hasta qué página” me dijo “No, solamente lo he hojeado”. Sólo después de
los dos decretos ordenándome silencio me aseguró que lo daría a leer a tres
peritos para entablar juicio eclesiástico. No he podido descubrir quiénes
fueron y quienes leyeron porque en el Arzobispado todos a los que he
preguntado han dicho rotundamente ¡NO!!!! Como si se tratara de un pecado
mortal.
3ra) Se afirma en el reportaje que la única
prohibición fue hacer declaraciones a los medios.
4ta)El Arzobispo declara que yo he
rechazado la conciliación sugerida por el Decreto de las Congregación del
Clero.
5ta) Dice Ñáñez que no se imagina por qué
quiero presentar demanda ante la Signatura.
¿Se trata de pérdida de memoria? ¿O de intención expresa de falsear la verdad de los hechos? O acaso es un intento político de presentarse como víctima para librarse del concepto de represor en que lo tiene la mayoría? El sabe que en una institución verticalista como la Iglesia, nunca se puede desautorizar a un superior y, ante la indicación de que se debe recurrir a la conciliación, necesita aparecer como manso cordero. Su negativa a hacer declaraciones a los medios ha variado ahora en que necesita hacer conocer la aprobación de un organismo vaticano y llama a los medios a quienes despreciara olímpicamente, para dar a publicidad ese espaldarazo. Como si no supiéramos que aquello de que “entre bueyes no hay cornadas” es un viejo precepto de la diplomacia eclesiástica.
Síntomas y raíces Por el Pbro. José Guillermo Mariani
Tres días de horror, de incertidumbre, de arrojos y heroísmos, de lágrimas e insultos, de pantallas televisivas lanzando constantemente el vómito sangrante de una tragedia. Motín en la cárcel de San Martín. Motín, hay que reprimir. Levantamiento de los presos, esos que no tienen derechos porque son enemigos de la sociedad. Los que no pueden rebelarse contra los malos tratos porque ellos comenzaron este desafío a la convivencia civilizada que fueron sus delitos. Acabar con ellos es el único modo de disminuir el riesgo para los ciudadanos honestos y pacíficos. Y, a la par de estos razonamientos, una orientación de la pesquisa. Para descubrir quiénes fueron los cabecillas. Para encontrar a los responsables directos entre los empleados, contratados y funcionarios superiores del Servicio Penitenciario. Esos responsables directos que podrán ser destituidos de sus cargos, sometidos a juicio, pero que disponen de medios para burlar la justicia haciendo desaparecer pruebas y comprando testimonios. Muertos, ocho, diez, quince, no lo sabremos exactamente, porque hay muertes anónimas, así como hay culpabilidades anónimas. Calificar el motín como un síntoma de una sociedad deshumanizada parece una exageración. Pero no lo es. Muchos vericuetos sucios convergen hacia ese aluvión incontenible. Cincuenta guardia cárceles (ahora hablan de 200 con salarios elevados) con sueldos de hambre para vigilar y tratar con mil setecientas personas humanas, no animales, ni árboles. Insistencia obsesiva en la seguridad represiva que adquiere ribetes eleccionarios y ambiciona dejar limpia de delitos a una sociedad que está cometiendo incesantemente los delitos de la exclusión, de la marginación, del fomento de la corrupción en los niveles más altos, del aprovechamiento de los “carismáticos” de la política que muchas veces no son otra cosa que los más hábiles engañadores y descarados mentirosos en las tribunas y en los cargos por los que van trepando silenciosamente hasta lograr sus objetivos. La globalización nos metió en su vientre con la sonrisa seductora de economistas y políticos que nos pintaron un “estamos mal pero vamos bien” “Ya ingresamos al primer mundo” “hemos comenzado una nueva Argentina, prestigiosa en todo el mundo”. Cuando estuvimos adentro y triturados con sucesivos y promisorios ajustes, el empobrecimiento paulatino fue tragándose la clase media y las esperanzas de vivir con dignidad. Se perdió la cultura del trabajo, porque no hay trabajo. Se enseñoreó la cultura de la explotación, del trabajo en negro, de los politizados subsidios para desempleados, del arrebato, del asalto y hasta del desprecio desde una vida despreciada por el precio de la vida ajena. Y entonces brotaron las iniciativas de reformas de leyes, de disminución de la edad imputable, del aumento del material de seguridad, de personal armado custodiando cada esquina y cada institución (arriesgando la vida por unos pesos) Y como lo grave no es que no existan leyes sino que las leyes no se cumplen ni siquiera por parte de los que las fabrican o promulgan, las cárceles se sobrecargaron hasta desbordar toda posibilidad, incluso con la maniobra promesa de construir rápidamente otras. Y en ellas todos vivieron como si no fueran personas, como si no tuvieran derecho a ser considerados hombres, hacinados y confundidos los criminales alevosos con los pequeños ladrones y los que se equivocaron de camino porque nadie los guiaba con los integrantes de adiestradas bandas internacionales, y hasta con algunos inocentes víctimas de manejos de los grandes que muestran sus manos limpias y escapan de todas las sentencias. El horror de una sociedad injusta y pervertida permanece oculto, hasta que un día se sube a los techos de una cárcel o incendia un penal y nos deja el gusto amargo de sentirnos, con los responsables directos e inmediatos, culpables anónimos por haber permitido tantas cosas, inocente y cándidamente.
Por Pbro. José Guillermo Mariani
Sc. ¿Me permite, Padre, hacerle algunas preguntas sobre esto tan curioso que sucedió con las declaraciones del representante del Episcopado español con respecto al uso de preservativos?
Ig. Pero le advierto que yo no voy a decir otra cosa que las que dice la Iglesia oficial
Sc. Padre, dígame por favor, es que uds. ¿tienen prohibido pensar?
Ig. No tenemos prohibido, pero aceptamos gustosos lo que dice nuestra Santa Madre.
Sc. ¿Podría decirme las razones que tiene la Santa Madre para prohibir el uso de preservativos, como acto inmoral, aún en el caso extremo en que se trate de frenar el SIDA?
Ig. Primero, porque se trata de un medio de evitar la procreación, que es la finalidad primera del acto sexual.
Sc. Dos cositas, Padre, ¿no sería el primer objetivo del acto sexual la completa comunicación humana como expresión del amor y experiencia del placer? Y, cuando la procreación está absolutamente imposibilitada por otro motivo (enfermedad, esterilidad, edad, sexo) ¿no desaparece absolutamente la fuerza de su argumento?
Ig. De ninguna manera. El preservativo es inmoral porque de por sí, aunque se lo oriente a otro fin, está destinado a una inmoralidad que fomenta la promiscuidad. La inmoralidad de buscar el placer esquivando la responsabilidad de la procreación.
Pero, además se trata de un violación de la ley natural, porque priva al acto sexual de las características establecidas por la naturaleza.
Sc. Perdone, Padre, ¿me está diciendo Ud. que el único modo de admitir el uso de preservativo sería que cada chico naciera con un condón móvil provisto por la naturaleza?
Ig. No admito esa falta de respeto
Sc. Pero Padre, si yo adhiero a su argumento, todas las conclusiones científicas que se basan en la investigación más profunda que la simple constatación de lo que al hombre le sucede naturalmente o se ha acostumbrado a hacer por ingenuidad o ignorancia, sería inmoral. Y entonces, hasta tomar una cafiaspirina contra el dolor, o, mucho más grave, trasplantar un órgano para remediar una grave deficiencia natural, entraría en esa calificación. ¿No le parece que esto sí es una falta de respeto a la ciencia, a la inteligencia y al derecho a la salud y la felicidad de todo ser humano?
Ig. Si la Santa Iglesia, con experiencia de siglos enseña y sostiene todo esto que Ud. no admite, por algo será. Y esto es un argumento de fe que Ud. no puede refutar.
Sc. Disculpe nuevamente, Padre, soy cristiano, soy Iglesia, pero no renuncio a pensar y la conducta que Ud. fundamenta con sus argumentos no es otra cosa que darle las espaldas a la vida, con la misma actitud que les hizo silenciar, no hace demasiado tiempo, los ultrajes que significaron, las torturas, desapariciones y eliminación de personas.
Ig. Es el argumento habitual de lo enemigos de la Iglesia. Y yo soy hijo respetuoso y obediente. Hemos terminado.
(las abreviaturas usadas para distinguir a los dialogantes son Sc.= sentido común - Ig.= Iglesia oficial)
Por el Pbro. José Guillermo Mariani
El espectáculo del Ballet Argentina con Julio Bocca, con que comenzó la quinta luna coscoína fue realmente excepcional. Arrancó frecuentes aplausos y signos de admiración. La perfección lograda por el conjunto de bailarines en las diversas y variadas interpretaciones, hablan de un trabajo sostenido y serio que a la vez que resulta halagador para su responsable y creador, hacen olvida el protagonismo absoluto y tradicional de Julio. La interpretación del tango con los cuerpos semidesnudos de Julio y su partener, dejó una sensación de delicadeza y riqueza de expresión corporal. El público no mezquinó sus aplausos y se advertía un clima de contagio de admiración respetuosa ante la maravilla de la flexibilidad y original coreografía con que se traducían las diversas situaciones musicales en la pareja. Eran como pinceladas que llenaban de colorido la tela invisible del magnífico y amplísimo escenario, a pesar de tratarse nada más que de dos diminutas figuras en comunicación gestual. En algún momento la actitud silenciosa de la gente parecía devoción. Al día siguiente, la críticas de algunos medios y de algunas personas a las que esos medios dan gustosamente cabida exagerando con sus comentarios las opiniones expresadas, armaron un clima de escándalo puritano Es para preguntarse. ¿Se trata de “pacatería” tradicional a la cordobesa? Ya ha tenido varias expresiones en los últimos tiempos. Sin embrago hay que notar que no es “cordobesa”, sino de algunos cordobeses paquetones que conservan con su nobleza desgastada, una actitud moralista que los adhiere a organizaciones como el Opus Dei, Legionarios de Cristo, Lefebristas o Vacantistas y les asegura así beneficios temporales y eternos. Comentaba un psicólogo muy amigo que “realmente, para sentirse herido en el pudor, por el desnudo presentado de ese modo, había que tener instalada en los ojos y en la mente, una buena dosis de sexofobia” Lo cierto es que, dio la impresión para quienes no habían presenciado el espectáculo de que había constituido una ofensa a la decencia. Y así la “pacatería” paqueta, empaquetó con un rótulo denigrante una magnífica expresión artística. Lamentable.
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