Por Oscar Beauvais

El cuantioso contrabando de cocaína destinado a España, que se realizó a través de la línea aérea Southen Winds de carácter privada sin ser detectado por los controles del Aeropuerto Internacional de Ezeiza, colocó en delicada posición a la Fuerza Aérea Argentina, encargada de la seguridad en esa terminal aérea.

El presidente Néstor Kirchner dispuso la intervención de la Policía Aeronáutica Nacional (PAN), que depende de la Fuerza Aérea, y colocó a su frente a un civil.

La Argentina era uno de los pocos países en el mundo que dejaba en manos de la aviación militar el control de los aeropuertos y del tráfico aéreo. Ese control se estableció durante el régimen militar instaurado en 1976 y nunca se modificó.

El desencadenante de este escándalo fue la aparición, en septiembre del año último, de cuatro valijas que llegaron al aeropuerto de Barajas, en Madrid, a bordo de un avión de la empresa privada Southern Winds, de capital argentino.

Las valijas no fueron retiradas y siguieron girando en la cinta transportadora de equipajes, hasta que las autoridades españolas las abrieron y comprobaron que contenían 60 kilos de cocaína.

Se presume que los contactos españoles que retiraban las valijas fallaron por algún motivo no revelado. El episodio recién se conoció públicamente a través de una denuncia periodística  Pero la justicia lo investigaba desde diciembre último.

El juez en lo penal Carlos Liporace, a cargo de la causa, dispuso la detención de dos ejecutivos de Southern Winds y pidió la captura Walter Beltrame (empleado de la firma), el que finalmente se entregó y resulta ser hijo del coronel de la Fuerza Aérea Alberto Beltrame, a cargo del Aeropuerto de Ezeiza hasta que fue relevado. El magistrado también declaró que podría haber habido varios envíos similares de cocaína rumbo a Madrid anteriores al que fuera descubierto.

Las valijas con la droga viajaron como equipaje no acompañado, lo cual está prohibido por los reglamentos. Se estima que su contenido no fue detectado por los controles de Ezeiza, o bien que fueron llevados al avión sin pasar por ellos.

Finalmente el escándalo determinó el relevo del Brigadier Carlos Rhode por el  nuevo Jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Eduardo Augusto Schiaffino, quien fue puesto en funciones por el ministro de Defensa, José Pampuro.

El Brigadier Carlos Rohde, en su discurso de despedida, visiblemente emocionado, expresó que abandonaba el cargo “con absoluta tranquilidad de conciencia”. Dijo aceptar las disposiciones del presidente Néstor Kirchner como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, aunque afirmó: “no puedo dejar de manifestar el profundo dolor” por la situación de retiro de algunos de sus camaradas “cuando se encontraban fuera de la cadena de responsabilidad”.

Empero el Presidente Néstor Kirchner manifestó que no lo conmovían las lágrimas de Carlos Rhode cuando dejó la fuerza. “Ese señor me ocultó durante cuatro meses un caso de narcotráfico”, señaló y  apuntó contra los que “se tapan corporativamente”.

El Brigadier Carlos Rhode debería haber aprendido de Alejandro Casona. En los árboles mueren de pie se ve el sentido de la vida, la fe, la determinación a seguir viviendo y morir con un y por un ideal. Personajes que se muestran no como caracteres, sino como figuras vivas y palpitantes, vivas e ilusionadas que muestran un dualismo entre el ser y querer ser.

Uno de los pasajes más hermosos de la literatura occidental que aborda problemas jurídicos, es el relato del juicio en El Mercader de Venecia. Allí se resuelve la controversia sobre un contrato de préstamo de dinero celebrado entre Shylock, prestamista, y Antonio, mercader en la ciudad, quien requirió el dinero para ayudar económicamente a un amigo.

El contrato tuvo como característica singular una cláusula en la que se establecía que en caso de falta de pago en tiempo por parte del deudor Antonio, éste tendría la obligación de entregarle una libra de carne de su propio cuerpo, elegida por Shylock.

No se cumple el pago por causa de una quiebra no prevista, y el judío Shylock está intransigente para substituir la cláusula, a pesar de los ruegos de amigos del deudor. Ni siquiera acepta el monto del pago multiplicado, sólo desea satisfacer su antiguo odio hacia Antonio.

Baltasar, un sabio joven jurista admitido por el Dux de Venecia, quien preside el tribunal, para aconsejar acerca de la correcta aplicación judicial de las leyes de Venecia, declara que "nadie en Venecia tiene poder para variar decreto alguno establecido ya. Se citaría cual precedente tan funesto caso, y en muchos yerros, por el mismo ejemplo, hundiérase el Estado." Las leyes son las leyes y los contratos deben ser cumplidos.

Por tanto: "Dueño eres de una libra de su carne. La ley lo manda; el tribunal lo otorga”.

"Hay algo más -continúa Baltasar–. El trato no te otorga ni una gota siquiera de su sangre. Una libra de carne, dice el pliego; son sus palabras: toma tu fianza, y la libra de carne, que es lo tuyo; mas si al cortarla, de cristiana sangre viertes sólo una gota, por las leyes de Venecia tus bienes y tus tierras para el Estado quedan confiscados". Shylock resulta finalmente penalizado por atentar en contra de la vida de un veneciano, confiscándole bienes, aunque se le perdona la vida

Coincidente con este escándalo se conoció que el Departamento de Estado estadounidense recomendó a los turistas de su país precaución en Argentina, no sólo por el "peligro terrorista de la Triple Frontera" -algo que nunca se ha demostrado- sino que hizo referencia a bombas incendiarias contra bancos, a la violencia de los piqueteros (desocupados), la delincuencia y ataques a restaurantes tipo McDonald’s, entre otros. 

        

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