Plantar cara a la impunidad


   

Kofi Annan, secretario general de Naciones Unidas, ha pedido recientemente al Consejo de Seguridad  medidas inmediatas para zanjar la crisis de Darfur, en Sudan, donde ha habido 70.000 civiles muertos en dos años. Una comisión de investigación de la ONU ha acusado al gobierno de Sudán y a sus milicias aliadas de asesinatos, torturas, saqueos, destrucción de poblados y abusos sexuales. Amnistía Internacional ha pedido que el Tribunal Penal Internacional procese a los responsables de crímenes de guerra y contra la humanidad en Darfur, pero es improbable que el Consejo de Seguridad los lleve ante la justicia internacional. A pesar de ello, Amnistía ha pedido a la ONU “un plan global para acabar con la impunidad en Sudán”, donde se ha firmado la paz el 9 de enero, pero nadie ha mostrado interés por pedir responsabilidades por las atrocidades cometidas durante la prolongada guerra civil. 

La lacra de la impunidad –ausencia de castigo- es universal. Responsables de graves crímenes resultan indemnes en todo el mundo. Se encierra en cárceles durante años a quines roban gallinas o a quiénes contrabandean con ciertas sustancias, pero permiten que estén libres quiénes lesionan, violan, secuestran, asesinan, torturan, saquean y destruyen. 

En Croacia, el gobierno no ha dado un paso para llevar ante la justicia a soldados y policías croatas que violaron gravemente derechos fundamentales durante la guerra que siguió al desmembramiento de Yugoslavia. Muchos responsables de crímenes de guerra y de lesa humanidad incluso ocupan cargos políticos. Amnistía Internacional ha manifestado su sorpresa porque la Unión Europea considere que Croacia cumple los criterios de respeto de los derechos humanos y la considere país candidato a ingresar en la Unión. En Macedonia, que también sufrió embates del conflicto balcánico, el proyecto de amnistía que prepara la Asamblea Nacional apesta a declaración de impunidad para los responsables de asesinatos como, por ejemplo, los de siete paquistaníes y un indio en marzo de 2002. 

En Colombia, Human Rigth Watch denuncia que la desmovilización de los paramilitares no los desmantela y proporciona “la impunidad de las peores atrocidades” porque las normas gubernamentales de desmovilización otorgan beneficios jurídicos inaceptables. Human Rigth Watch teme que los paramilitares queden impunes de crímenes cometidos y continúen actuando. Según Amnistía Internacional, desde que se declaró un alto el fuego en 2002, los paramilitares son responsables de 1.900 asesinatos y desapariciones, y  algunos de esos crímenes los cometieron paramilitares teóricamente desmovilizados. 

En Honduras, policías, militares o personas bajo su protección, responsables del asesinato de menores de 14 a 16 años en 1998, no han sido llevados aún ante la justicia. En Guatemala, no hay  intención de procesar a los responsables de miles de asesinatos hasta 1996. Y las violaciones graves de derechos continúan. Amnistía Internacional denuncia que en Guatemala hay un “Estado de Mafia Corporativa” en el que empresas multinacionales violan sistemáticamente derechos humanos con el concurso de policías, soldados y delincuentes comunes. Y no pasa nada. En Salvador aparecen de nuevo cadáveres como en tiempos de los escuadrones de la muerte, pero nadie es investigado ni procesado. Y, en Perú, se dilatan durante años los juicios de los acusados del escuadrón de la muerte “grupo Colina”, responsables de decenas de asesinatos. 

El Comité de Derechos Humanos de la ONU denuncia la total impunidad de los responsables de torturas y abusos en detención en Marruecos. En Nepal continúan los asesinatos cometidos por fuerzas de seguridad con impunidad total. La situación se ha agravado con la declaración del estado de excepción por el rey. En Camboya, hace un par de meses, un grupo de proxenetas secuestró a punta de pistola a casi un centenar de mujeres y niñas, que habían sido prostituidas, en la sede de la organización humanitaria Asesip de Pnom Penh. Los rufianes detenidos fueron puestos en libertad al día siguiente y suspendido el jefe de policía que los apresó.  

La lista es todavía más larga. La impunidad de responsables de crímenes graves es posible por la cobarde e interesada protección y complicidad de gentes, grupos y gobiernos pretendidamente civilizados e incluso presuntamente democráticos. Pero la impunidad es tan destructora para la humanidad como lo es el calentamiento de la Tierra. Aunque temamos no acabar con la impunidad, es preciso plantarle cara. Como en el juego de tirar de la cuerda. Quizás no ganes, pero si aflojas, te arrastrará el que tira del otro extremo. 

 

Xavier Caño

Periodista

ccs@solidarios.org.es

 

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