Huellas y pantanos


Por el Pbro. José Guillermo Mariani 
  

El mundo está pendiente de la salud y la decisión del Papa Juan Pablo II.-La veneración, la compasión, la incertidumbre, el reconocimiento a una vida desgastada en el servicio a la Iglesia, todo está mezclado en esta expectativa que podemos calificar de universal. Casi constituye una irreverencia atreverse a exteriorizar análisis que no sean absolutamente positivos y laudatorios en un momento como éste.  

Sin embargo un rápido balance es inevitable.  

Un largo pontificado. Una cantidad de expectativas después de la muerte (o atentado?) de Juan Pablo I. Excelente comienzo con una postura avanzada en lo social.  

Luego la “identidad” del Pontificado de Juan Pablo se fija en dos líneas.  Viajes y canonizaciones. No es lo único, desde luego. Pero es lo más notable y hasta original en lo positivo. Se trata de dos  realizaciones que no dejan huellas para el futuro.  Los últimos Pontífices  dejaron huellas  Pio XII para las relaciones con la ciencia, Juan XXIII para  la actualización eclesial con la convocatoria del Concilio Ecuménico, Paulo VI con la puesta en marcha del Concilio y las Encíclicas sociales más fuertes y realistas,.  Los viajes de J.Pablo son sólo visitas ampliando la solemnidad de un personaje y una función. Sin más resultados, Ni amplitud ecuménica, ni apertura a otras culturas, ni aprobación de procesos de cambio, a no ser el de Polonia.  

Los santos encajados exclusivamente en los criterios tradicionales y de  accediendo a las requisitorias de diversos grupos religiosos, tampoco dejan huellas. Porque falta notablemente lo que es más necesario y real en nuestro mundo: los criterios de la santidad política. La de los mártires de la pobreza, del cambio, de la justicia, de la verdad, de la apertura sin discriminaciones. Todo lo que podría haber marcado huellas para el futuro queda allí. Traslaciones geográficas y hornacinas sagradas.  

Pero además, se han abierto pantanos. Exclusión de los más notables teólogos, biblistas, moralistas, historiadores, pastoralistas. Todo para impedir el avance fluido hacia un futuro de la Iglesia servidora del mundo en su destino de liberación y felicidad, De manera especial en los últimos años esta conducta se ha fijado como norma habitual, dando predominio a los grupos lefevristas, vacantistas,legionarios y opusdeistas, de quienes quizás ha dependido la solución financiera del Vaticano que en momentos se tornó angustiosa.  

La esperanza está centrada en que la Iglesia despegándose de los pantanos y roturando huellas nuevas,  recupere con la firmeza del Espíritu la revolución cristiana. La del Cristo liberador que es la del Dios del amor.


      

Al fondo del mar


José Guillermo Mariani
 

¡Qué tentación ésta de tirar gente al fondo del mar! Los militares represores, tan afectos a las sentencias evangélicas, lo practicaron sin escrúpulo. Ahora, un Obispo (entiendo que castrense) Mons. Antonio Baseoto, invita a seguir con el mismo método. Visto desde la Ley, esto constituye claramente una incitación  a la violencia. Pero ¿qué es lo que ha provocado esta “salida de cadena” en el dignísimo eclesiástico, que ha perdido su compostura clerical y militar? El pronunciamiento del  Sr. Ministro de Salud de la Nación a favor de la  ley de despenalización del aborto. ¿Entiende Monseñor de qué se trata, como trata de explicárselo el Dr. Ginés González García?

 

Tratamos de explicarlo por nuestra parte.

 

1) No se trata de afirmar que está bien el aborto, ni que no se trata de un delito gravísimo que amerita penar a los culpables directos y a los cómplices.

 

2) Pero se trata de que es una solución que se ha hecho costumbre, impulsada por la presión de la pacatería social, por la imposibilidad de proveer al sustento material o a la educación elemental humana a chicos nacidos en la pobreza, por la prohibición impulsada por la  Iglesia de  usar métodos anticonceptivos aunque sean inocuos, por el desprecio por la vida humana que se muestra en tantos hechos de nuestra sociedad violenta.

 

3) Y ante esta realidad es posible elegir dos modos de comportamiento. El primero imponer graves penas.  La consecuencia práctica ha sido hasta ahora que se multiplican las muertes. Y también que, impuesta la pena a los culpables directos, la sociedad se queda tranquila porque los chivos emisarios han sido degollados Y la educación sexual, y la dignidad del trabajo y la asistencia psicológica y médica, y el acceso a verdaderos métodos anticonceptivos que no pretendan sólo penalizar el aborto sino cualquier uso placentero del sexo. . .

 

Todo eso queda marginado

 

 4) Si hay verdadera preocupación por respetar la vida como don de Dios, lo que corresponde es investigar por dónde se pueden buscar caminos para disminuir los abortos y las muertes. Hasta ahora la penalización no lo logró. Aumentan las cifras constantemente. Por eso se propone  despenalizarlo para desclandestinizarlo. Para que, aunque haya riesgo de que llegue a producirse, sea sólo por un acto voluntario y condenable. No por temor, no de manera absolutamente riesgosa y cruel, no sin haber tomado conciencia de qué se trataba, sin vislumbrar un porvenir y una protección para la vida que apunta, no sólo por la rebeldía que impulsa  a no hacer caso a las amenazas de quienes se adivina como desinteresados  por el bien del otro.

 

Puede que la misión del Obispo sea señalar el pecado para evitar que se cometa. Al Ministro le corresponde directamente evitar la multiplicación de muertes. Cada uno puede y debe cumplir con su  misión sin necesidad de “atarle al cuello una piedra de molino y arrojarlo al fondo del mar”


 

¿Perdida de la memoria o falseamiento de la verdad?


Por el Pbro. José Guillermo Mariani 

 

En el reportaje aparecido en La Voz del Interior, el Domingo 6 de Febrero, para el que dicho diario fue convocado con la condición de que se publicara en Domingo, el Arzobispo Ñáñez incurre en por lo menos  cuatro inexactitudes 

 

1ra) “Nunca he sancionado ni vigilado al P- Mariani. Lo he acompañado en toda su acción pastoral.  Estuve celebrando con él los 50 años de sacerdote”

 

Estuvo realmente en los 50 años. La única verdad de esa afirmación. 

 Los antecedente de su relación conmigo son bastante oscuros. En 1985, por ejemplo, siendo rector del Seminario, cuando los Diáconos hacían la experiencia, bajo la dirección del P. Juan Tenor, de ir a las Parroquias para tener contacto con predicación, liturgia y pastoral en diversos lugares y comunidades, Ñáñez les prohibió visitar esta Parroquia con el argumento de que yo era un “cura peligroso”. Cuando le pedí explicaciones por ese juicio, sólo me respondió”Yo soy dueño de mis decisiones.”

Poco después como Obispo Auxiliar, me visitó en la casa parroquial para conminarme en representación del Arzobispo a dejar de emitir juicios cuestionantes para la Iglesia, bajo pena de quitar la autorización para los micros de Canal 10. 

La agresión que significó su carta pastoral a las parroquias con obligación de leerla en todas las Misas, como hubiera sido bueno que lo hiciera en su convivencia con Bussi, puede merecer hasta demanda civil puesto que arrasó con mi buen nombre hablando de relaciones sexuales con ambos sexos y de incluir a todos en la misma bolsa. 

Todo esto, como animadversión vieja y positiva, pero además, durante todo su episcopado nunca manifestó la más mínima aprobación para mi servicio ministerial ni la tarea  pastoral en la Parroquia. No creo que sea modo de “acompañarme,” por más que haya estado presente en el almuerzo de mis 50 años de sacerdocio. 

 

2da) “Leí el Libro entre una noche y una mañana”

 

Cuando yo fui a verlo después de su expresión pública por todos los medios, desaprobando el Libro y a preguntarle qué sanciones estaba previendo, me aseguró que lo había leído y, al preguntarle “hasta qué página” me dijo “No, solamente lo he hojeado”. Sólo después de los dos decretos ordenándome silencio me aseguró que lo daría a leer a tres peritos para entablar juicio eclesiástico. No he podido descubrir quiénes fueron y quienes leyeron porque en el Arzobispado todos a los que he preguntado han dicho rotundamente ¡NO!!!! Como si se tratara de un pecado mortal. 
 

3ra) Se afirma en el reportaje que la única prohibición fue hacer declaraciones a los medios.

 No es cierto. El decreto impone además silencio sobre el Libro en todos los ámbitos que enumera detalladamente y añade que “ni en privado ni en público”, imponiendo además que para cualquier manifestación pública, en cualquier medio y sobre cualquier tema, se requerirá la aprobación de la autoridad competente. Lo cual aquí y en la Luna es una censura absolutamente violatoria de los derechos más fundamentales del ser humano. 

 

4ta)El Arzobispo declara que yo he rechazado la conciliación sugerida por el Decreto de las Congregación del Clero.

Mis palabras textuales han sido “Para responder yo necesito consultar con mis abogados. Porque esto ya lo hemos vivido otra vez”.- Lo cual no significa rechazo sino previsión de que pueda suceder lo que en julio 2004, en que acudí, presto a conceder la supresión de toda declaración a los medios y la renuncia a hablar del libro en cualquier ambiente, como un modo de acabar con el conflicto. Y ellos (Ñáñez y Rovai el auxiliar en espera de ascenso) no cedieron ni un paso en la severidad del silencio impuesto. Fue entonces cuando me retiré decepcionado, asegurándoles que si ellos estaban decididos a que muriera, iba a morir pero pataleando, como los árboles, de pie. 

 

5ta) Dice Ñáñez que no se imagina por qué quiero presentar demanda ante la Signatura.

Y sabe muy bien, si es que lo han enterado del texto de la demanda, que es  1) porque omitió en el tiempo debido el recurso previo de la consulta y la conciliación  2)porque se tragó los plazos canónicos para entregarme los comunicados de la Congregación del Clero (habiendo recibido la primera el 15 de Noviembre, la entregó el 3 de Diciembre y recibida la segunda el 3 de Enero, la entregó el 3 de Febrero) La excusa es que estaba de vacaciones. ¿Qué tribunal serio puede admitir que no se observe un plazo establecido jurídicamente porque “está de vacaciones”? La demanda se elevó precisamente el 29 de Enero, día en que expiraba el plazo canónico para la comunicación al interesado. 

 

 ¿Se trata de pérdida de memoria? ¿O de intención expresa de falsear la verdad de los hechos? O acaso es un intento político de presentarse como víctima para librarse del concepto de represor  en que lo tiene la mayoría? El sabe que en una institución verticalista como la Iglesia, nunca se puede desautorizar a un superior y, ante la indicación de que se debe recurrir a la conciliación, necesita aparecer como manso cordero. Su negativa a hacer declaraciones a los medios ha variado ahora en que necesita hacer conocer la aprobación de un organismo vaticano y llama a los medios a quienes despreciara olímpicamente, para dar a publicidad ese espaldarazo. Como si no supiéramos que aquello de que “entre bueyes no hay cornadas” es un viejo precepto de la diplomacia eclesiástica.


 

Síntomas y raíces
Motín en la carcel San Martín


Por el Pbro. José Guillermo Mariani 

 

Tres días de horror, de incertidumbre, de arrojos y heroísmos, de lágrimas e insultos, de pantallas televisivas lanzando constantemente el vómito sangrante de una tragedia. Motín en la cárcel de San Martín. Motín, hay que reprimir. Levantamiento de los presos, esos que no tienen derechos porque son enemigos de la sociedad. Los que no pueden rebelarse contra los malos tratos porque ellos comenzaron este desafío a la convivencia civilizada que fueron sus delitos. Acabar con ellos es el único modo de disminuir el riesgo para los ciudadanos honestos y pacíficos. 

Y, a la par de estos razonamientos, una orientación de la pesquisa. Para descubrir quiénes fueron los cabecillas. Para encontrar a los responsables directos entre los empleados, contratados y funcionarios superiores del Servicio Penitenciario. Esos responsables directos que podrán ser destituidos de sus cargos, sometidos a juicio, pero que disponen de medios para burlar la justicia haciendo desaparecer pruebas y comprando testimonios.  

Muertos, ocho, diez, quince, no lo sabremos exactamente, porque hay muertes anónimas, así como hay culpabilidades anónimas.  

Calificar el motín como un síntoma de una sociedad deshumanizada parece una exageración. Pero no lo es. Muchos vericuetos sucios convergen hacia ese aluvión incontenible.  

Cincuenta guardia cárceles (ahora hablan de 200 con salarios elevados) con sueldos de hambre para vigilar y tratar con mil setecientas personas humanas, no animales, ni árboles. Insistencia obsesiva en la seguridad represiva que adquiere ribetes eleccionarios y ambiciona dejar limpia de delitos a una sociedad que está cometiendo incesantemente los delitos de la exclusión, de la marginación, del fomento de la corrupción en los niveles más altos, del aprovechamiento de los “carismáticos” de la política que muchas veces no son otra cosa que los  más  hábiles engañadores y descarados mentirosos en las tribunas y en los cargos por los que van  trepando silenciosamente hasta lograr sus objetivos.  

La globalización nos metió en su vientre con la sonrisa seductora de economistas y políticos que nos pintaron un  “estamos mal pero vamos bien” “Ya ingresamos al primer mundo” “hemos comenzado una nueva Argentina, prestigiosa en todo el mundo”. Cuando estuvimos adentro y triturados con sucesivos y promisorios ajustes, el empobrecimiento paulatino fue tragándose la clase media y las esperanzas de vivir con dignidad. Se perdió la cultura del trabajo, porque no hay trabajo. Se enseñoreó la cultura de la explotación, del trabajo en negro, de los politizados subsidios para desempleados, del arrebato, del asalto y hasta del desprecio desde una vida despreciada por el precio de la vida ajena. Y entonces brotaron las iniciativas de reformas de leyes, de disminución de la edad imputable, del aumento del material de seguridad, de personal armado custodiando cada esquina y cada institución (arriesgando la vida por unos pesos) Y como lo grave no es que no existan leyes sino que las leyes no se cumplen ni siquiera por parte de los que las fabrican o promulgan, las cárceles se sobrecargaron hasta desbordar toda posibilidad, incluso con la maniobra promesa de construir rápidamente otras. Y en ellas todos vivieron como si no fueran personas, como si no tuvieran derecho a ser considerados hombres, hacinados y confundidos los criminales alevosos con los pequeños ladrones y los que se equivocaron de camino porque nadie los guiaba con los integrantes de adiestradas bandas internacionales, y hasta con algunos inocentes víctimas de manejos de los grandes que muestran sus manos limpias y escapan de todas las sentencias.  

El horror de una sociedad injusta y pervertida permanece oculto, hasta que un día se sube a los techos de una cárcel o incendia un penal y nos deja el gusto amargo de sentirnos, con los responsables directos e inmediatos, culpables anónimos por haber permitido tantas cosas, inocente y cándidamente.  
 

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