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Por: Isabel Moya Richard* serviex@prensa-latina.cu
¿La noticia no tiene sexo, pero sí tiene género.? Ivonne Farah Seiscientas mil mujeres mueren cada año (1) por complicaciones derivadas del embarazo y el parto. Son 150 veces más muertes que las acaecidas en el atentado terrorista en las torres gemelas de Nueva York. Pero la noticia no acapara grandes titulares, coberturas en vivo, ni fotos desplegadas en las portadas de las revistas. Desde la invención de la imprenta hasta la irrupción del microchip, los diferentes soportes que se han ido sumando a o que hoy llamamos medios de comunicación masiva se han utilizado para cializar el fundamento ideológico hegemónico, a partir del cual, simbólicamente, se estructura la relación social de subordinación y discriminación de las mujeres. Las formas de la opresión y el silenciamiento se han reciclado y sofisticado hoy, pero la esencia de una estructura social y un pensamiento que invisibiliza a las mujeres y le niega espacio a sus voces, se mantiene. Vivimos una era en que la intensificación de los procesos comunicativos signa los contextos sociales y desde los medios se reproduce y construye el conocimiento, el poder político y el imaginario social; habitamos un mundo en que la dimensión que más se potencia en los individuos es la de consumidor, y en que coexisten y se contraponen la globalización y la fragmentación. En este contexto, los medios construyen una realidad representada que generalmente recibe el nombre de actualidad. En esta realidad mediática, los temas se retroalimentan continuamente hasta crear un mundo surrealista donde la referencia de la construcción mediática ya no es la realidad, sino la misma actualidad (2) creada por los medios. La concentración de los medios de comunicación en grandes conglomerados mediáticos de dimensión global no se produce solo en el sentido económico, sino también en la conformación de grupos que aglutinan los llamados medios tradicionales, la industria cultural, el marketing, la propaganda y la plataforma tecnológica de las comunicaciones. En este ámbito la llamada libertad de prensa se expresa en la libertad de empresa. Si todos los mensajes parten de los mismos mensajeros ¿dónde estarán la pluralidad, la diversidad, los múltiples enfoques de una realidad compleja? La censura en los medios se ejerce desde la propiedad estrechamente vinculada a la política, el acceso, los valores considerados noticia y las propias ideologías profesionales. Como bien afirma Matyas Mon (3), los ciudadanos pueden elegir a sus representantes pero no a los gerentes de los grandes consorcios multimediales. El control de los medios se convierte en un elemento fundamental de las estrategias de dominación y en el núcleo de esta acción se articula la representación de la imagen del otro ?a imagen y semejanza? del interés hegemónico. En la globalización neoliberal fragmentada, las sociedades son fundamentalmente sociedades mediáticas. Los medios son el gran espejo, no de lo que la sociedad es, sino de lo que debe aparentar ser. Plena de tautologías y evidencias, la sociedad mediática es avara en razones y argumentos. Para ella repetir es demostrar. (4) Los medios en la era de la globalización neoliberal son importantes elementos socializadores en la configuración de la cultura, las normas, los valores, la agenda social. Reproductores del pensamiento dominante en cada realidad específica se constituyen hoy en reforzadores o transformadores de las representaciones sociales e incluso han desplazado a otras instituciones que tradicionalmente tenían un gran peso en la configuración del imaginario colectivo. De acuerdo con las funciones que se asignan o desempeñan, los medios de comunicación pueden contribuir al progreso social y al desarrollo, o por el contrario, ayudan a mantener la ignorancia, la marginación social y a reforzar las desigualdades, la discriminación, la explotación y la opresión por razones de clase, raza, etnia, orientación sexual, discapacidad y sexo. En nuestros días, afirma el escritor Manuel Vázquez Montalbán (5), los medios de comunicación tienden a imponer el referente del triunfador social histórico que se corresponde con el prototipo del ciudadano emergente del norte. Le agregaría a la certera afirmación del creador del detective Carvalho, que el prototipo es el del ciudadano varón del norte. La globalización de la información y la comunicación no sólo influye en el proceso de producción de los contenidos, en la circulación de la información, sino también en los modos de producción del conocimiento y el pensamiento. Estas nuevas formas, y algunas no tan nuevas, pero recicladas para el siglo XXI, nacen heredando el sexismo y la visión androcéntrica de los procesos sociales que han primado hasta hoy. La reproducción del sexismo a través del lenguaje, los contenidos, las imágenes se origina en la sobrevivencia de ideologías, ideas, creencias y tradiciones arraigadas y asentadas en la cultura de la desigualdad que legitimó secularmente la discriminación y opresión de las mujeres. La investigadora Sara Lovera (6) afirma que las imágenes sexistas son todavía las que permean segmentos muy grandes en el contenido de los medios: madres sacrificadas, mujeres ?machorras?, cuerpos ?buenos? y mujeres muy ?malas?, mujeres ejecutivas infelices, ejecutivas masculinas, mujeres frustradas, mujeres amorosas o mujeres fuertes aisladas o descontextualizadas, mujeres humildes y obedientes, no protagónicas, mujeres fieles, mujeres servidoras, mujeres ayudantes, mujeres madres. En parte se trata de la realidad, porque los cambios culturales de cómo fuimos formadas y mandatadas para actuar en la sociedad y en la vida cotidiana son muy lentos. Hoy, sin embargo puede hablarse de una relación desfasada entre la imagen y la realidad, porque en los últimos años han sucedido importantes cambios en la sociedad y en la vida concreta de hombres y mujeres en el mundo. Estos cambios han originado nuevos entretejidos en la vida y las mujeres han ido tomando otros lugares, haceres y propuestas en la sociedad, que no son reflejados en los medios y por el contrario con frecuencia son fustigados. Evolutions media ? Media watch (7) señala que las mujeres en los medios son invisibles y objeto de representaciones prejuiciosas, y en ocasiones reducidas a simple objeto sexual. Las mujeres ocupan cinco veces menos espacio que los hombres en la cobertura de los medios de comunicación en todo el mundo, con el 18 por ciento de las personas citadas. Por su parte, la boliviana Ivonne Farah (8) precisa que, para las mujeres, algunas de las dimensiones de la lucha por el poder en la comunicación se expresa en el silencio informativo sobre nuestras necesidades, en las imágenes distorsionadas de nuestras identidades, en nuestra ausencia como sujeto de las noticias... En el mundo mediático transnacional, las mujeres son vistas a través de las concepciones más atrasadas y reaccionarias. La ecuatoriana Irene León afirma que la globalización neoliberal es sexista no solo porque potencia la exclusión de las mujeres, sino también porque las margina de la gestión de lo mundial, un modelo que coloca el capital al centro de su devenir, relega lo humano y por lo tanto no tiene ningún enfoque de género.
Una sistematización de las formas en que se
estructura simbólicamente este discurso de subordinación y discriminación de
las mujeres me permite esbozar algunas regularidades: Las mujeres del tercer mundo solo aparecen en casos de catástrofes y conflictos... Se manipula el imaginario colectivo con el tema de las mujeres para justificar ?actos patrióticos?: el caso del montaje de rescate de la soldado Lychn es un buen ejemplo de ello. Se utiliza la situación y condición de las mujeres para justificar ?guerras preventivas?, y luego el tema es abandonado de los medios: las mujeres afganas, las mujeres iraquíes. Se presentan las mujeres como un todo único, homogéneo y estereotipado, sin reparar en su pluralidad y multiculturalidad. Se presentan descontextualizadas de sus realidades particulares. La mujer fragmentada y dicotómica es el modelo por excelencia: madre ?esposa versus sensual-devoradora. Asuntos como la violencia doméstica y la violencia contra la mujer son tratados con frecuencia como un show mediático descontextualizado. Y en muchos casos el tratamiento justifica la violencia: ?Por adúltera le dieron 20 puñaladas?. Los temas que interesan a las mujeres son considerados secundarios, de menor importancia y con frecuencia se banalizan. Se continúan reproduciendo las ideas y prácticas de subordinación y los estereotipos sexistas aunque se hable de ?la mujer de hoy? y ?la mujer liberada?. Persisten prácticas denigrantes y tratamientos peyorativos en el uso de la imagen como objeto sexual en la publicidad, el humor... La mujer se presenta en las llamadas revistas femeninas como símbolo fetiche del consumo incluso en países donde el consumismo propagado por los medios remite a un espejismo de consumo. Devienen un ámbito donde se suspenden las diferencias de clase, raza, etnia. Prevalece un lenguaje sexista. El cuerpo femenino se reduce a un modelo que niega la diversidad. No se profundiza en las causas de la desigualdad entre hombres y mujeres, sino que se presenta como algo natural o desde un enfoque biologicista. En las mujeres empoderadas se resaltan su estado civil, su condición o no de maternidad, su forma de vestir y su físico, algo que no se hace con los hombres en igual categoría. Las mujeres de las culturas no hegemónicas son presentadas desde visiones ?folcloristas?. En las secciones en que más aparecen las mujeres son sociedad, deporte y cultura. *La autora es periodista, directora de la revista Mujeres, Profesora Titular Adjunta de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, presidenta de la Cátedra de Género y Comunicación del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, editora de la revista Espacio, especializada en temas de comunicación. Ha participado como experta en eventos nacionales e internacionales sobre medios de comunicación y género. Es coautora de Las cubanas ante el fin de siglo, realidades y desafíos, Editorial de la Mujer(1995) e Imagen de la mujer en los medios en la era de la globalización neoliberal, Editorial de la Mujer(l998); artículos suyos aparecen en Tendencias del Periodismo Contemporáneo, Editorial Pablo de la Torriente Brau (2003) y Un periodismo que refleje al mundo. Akeru Publicaciones, Santo Domingo (2004).
Voces secuestradas (II PARTE Y FINAL) Por: Isabel Moya Richard*, serviex@prensa-latina.cu
Sería interesante y necesario abordar también la representación masculina en los medios, ya que lo masculino y lo femenino están construidos de manera dicotómica y excluyente: lo no masculino es femenino. Por tanto, también se presenta estereotipada la masculinidad, pero eso sería objeto de otro estudio. Las identidades de género se construyen posesionándose, identificándose y diferenciándose en relación con las construcciones culturalmente asignadas de ser hombre y mujer y en ello, como hemos visto, desempeñan un papel socializador importante las imágenes y representaciones que diseñan los medios articulados en una dinámica global y dentro de un proceso de integración vertical y horizontal presentando un paradigma que se intenta mundializar como parte de la estrategia de un pensamiento único. Sin embargo, no son los medios el único elemento socializador, y en dependencia de los contextos, muchas veces ni siquiera tienen un peso relevante. Como bien señalan Canales y Peinado: ?Entre las prácticas sociales y su discurso hay siempre una interacción; y el segundo no es una mera emanación de los primeros, sino que retorna sobre aquellos.? Ignorar el poder de la imagen y la representación sexista sería ingenuo y sumamente peligroso, pero debemos tener en cuenta también la importancia de la mujer y el hombre en la construcción de su propio universo simbólico. Estudiar los complejos procesos de frustraciones a nivel individual y de grupo que produce no responder al paradigma (por ejemplo, las enfermedades de la belleza), reivindicar la necesidad de escuchar en los medios la voz de los excluidos, presentar los nuevos roles que las mujeres han asumido, educar para la comunicación son también aspectos a abordar con enfoque de género desde la propia comunicación. La brecha entre la realidad vivenciada y la realidad mediática, la voluntad y el talento de comunicadoras y comunicadores, la lucha del movimiento de mujeres y de las feministas, el aumento de una conciencia de género en sectores de la intelectualidad, la academia, las organizaciones internacionales, los movimientos populares y otros actores sociales han permitido el nacimiento de una comunicación alternativa que pretende abordar el mundo con otra mirada. Agencias de Noticias sobre las Mujeres, sitios Web feministas, publicaciones alternativas en la red, experiencias radiales, el propio trabajo del Women's Programme of World Association for Christian Communication, revistas y periódicos alternativos, estudios e investigaciones desde las universidades y los centros de investigaciones sociales, congresos de Naciones Unidas y de gobiernos, donde se ha reflexionado sobre estos asuntos, son indicadores de que una luz se asoma en el horizonte. Sin embargo, Margaret Gallanger(9) alerta de que la actual lucha por la igualdad social de la mujer y la diversidad en los medios de comunicación apunta a un blanco en constante movimiento.
HACIENDO CAMINO AL ANDAR: LA EXPERIENCIA
CUBANA Me gustaría, finalmente, referirme brevemente a la experiencia cubana en este aspecto. Al proceso de transformaciones, a los logros, las insatisfacciones, a todo lo que queda por hacer en este campo, y a los retos del presente y el futuro. En gran medida las recomendaciones aprobadas en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing, en el acápite Mujer y Medios de Comunicación, ya han sido implementadas en Cuba desde hace varias décadas, pues la creación de políticas para el acceso de la mujer cubana a los medios, la elevación de su nivel cultural y el esfuerzo por lograr que la imagen de la mujer responda a los profundos cambios ocurridos en su vida, es voluntad del estado cubano desde el triunfo de la Revolución en 1959. En Cuba se ha eliminado el tratamiento denigrante y peyorativo de la mujer en la publicidad que se realiza desde nuestro país, las mujeres constituyen más del 44 por ciento de las comunicadoras y más de la mitad de las estudiantes de Comunicación. Pero las investigaciones igualmente señalan que las complejidades, contradicciones y dificultades de la vida cotidiana y la creatividad de las cubanas para enfrentarlas son temas casi ausentes de nuestros medios, falta aún abordarla en su diversidad. Por otra parte, la representación de la mujer negra y mestiza no se corresponde totalmente con nuestra realidad actual. En ciertos casos incluso no se ha logrado rebasar el estereotipo del rol tradicional de la mujer responsable de la casa, la educación de los hijos, el cuidado de los ancianos... Se produce en este panorama una situación contradictoria, donde conviven productos comunicativos de gran calidad y enfoque de género junto a otros evidentemente sexistas. Lo que refleja también el estado de reconceptualización de lo femenino y lo masculino en la sociedad cubana. La lucha entre viejos y nuevos paradigmas se produce en un complejo decursar de avances y retrocesos, signados por la voluntad de cambio, pero marcados a su vez por rezagos y concepciones estereotipadas. Este proceso es un fenómeno complejo porque, como bien afirma Michele Mattelart, lo que depende del orden simbólico no se articula automáticamente sobre los cambios ocurridos en el orden de la producción y la organización de los roles sociales. En este sentido el Plan de Acción Nacional de la República de Cuba de Seguimiento a la Conferencia de Beijing, que tiene carácter de ley, ha propuesto tres medidas fundamentales para perfeccionar el trabajo de los medios de comunicación en la promoción de una cultura de la igualdad: Aplicación consecuente de las políticas informativas que orientan el tratamiento no sexista de las mujeres, a través de códigos de ética profesionales, líneas editoriales y rutinas profesionales. La capacitación de comunicadores y comunicadoras en materia de género. La investigación comunicológica con enfoque de género de todos los procesos comunicacionales. Otra experiencia interesante ha sido el trabajo articulado de la Federación de Mujeres Cubanas, organización no gubernamental que agrupa a más de cuatro millones de mujeres y es el mecanismo nacional para la promoción de la mujer con los medios, los comunicadores y comunicadoras, los artistas e intelectuales en el análisis de productos comunicativos y artísticos, la capacitación, la producción conjunta de nuevas propuestas y en la investigación. Sin embargo, no hay recetas a la hora de construir representaciones más equitativas de hombres y mujeres dentro de los medios. Es un proceso plagado de contradicciones, donde la sensibilización en materia de género de los decidores desempeña un papel fundamental. Una comunicación verdaderamente democrática e incluyente no puede prescindir de la voz de las mujeres. Voz secuestrada durante siglos, pero que comienza ya a romper silencios. Me apropio de los versos de una poetisa cubana, Dulce María Loynaz, para definir el periodismo incluyente, no sexista, plural y responsable que necesita y demanda el siglo XXI: debe ver más allá del mundo circundante y más adentro en el mundo interior, pero no detenerse allí, sino saber hacer ver a los demás lo que se ha visto.
NOTAS: (1) La mayor parte de estas mujeres vivían en África y Asia, y hubieran podido ser salvadas, según afirma la Organización Mundial de la Salud en su nota informativa No 3. Boletín Igualdad entre los géneros, igualdad y paz para el siglo XXI. New York. Junio 2000. (2) Alberto Sáez. Subdirector del diario Avui y profesor de la Universitat Ramón Llull. (3) Mon, Matyas. Contracultura. 14/08/2003 (4) 4Sub Comandante Marcos. El Intelectual de derecho. En La Jiribilla de Papel. 17 de enero 2004. (5) Vázquez Montalbán, Manuel. Del gran inquisidor al gran consumidor. Conferencia en el ciclo Medios de Comunicación y Tercer Mundo. Colegio de Periodistas de Cataluña, otoño de 1993. Recogida en el libro La aldea Babel, de la colección Intermón de la editorial Deriva. (6) Lovera, Sara. Las imágenes de las mujeres en los medios de comunicación de masas. Boletín No 10. CIMAC. (7) AFP, París, marzo 7, 2001. (8) Farah, Ivonne. Discurso de Bienvenida. En Seminario Internacional sobre estrategias de comunicación con enfoque de género: Desafíos y Estrategias. 1998. (9) Gallagher, Margaret. La Mujer y el Nuevo Panorama de los Medios en Europa. Lola Press 1997. Por todos los medios. Comunicación y Género.
Suman 80 las mujeres asesinadas en Guatemala en lo que va de año
Guatemala, (PL) Al menos 80 mujeres murieron asesinadas en Guatemala en lo que va de año, cifra que representa casi el doble respecto a igual período de 2004, se informó hoy. De acuerdo con organizaciones que velan por los derechos de la mujer, en enero del año anterior 26 mujeres habían perdido la vida de forma violenta, y al concluir febrero eran otras 27, sin embargo, en 52 días de 2005 murieron ya 80. La Policía Nacional Civil (PNC) precisó que del total de víctimas, 30 fallecieron en la capital y 50 en las provincias. Hilda Morales, de la Red de la No Violencia contra la Mujer, señaló que efectúan estudios sobre hechos concretos para presentar ante la opinión pública y las autoridades ejemplos de lo que no debe suceder en el sistema de justicia. Morales deploró la ausencia de celeridad en la captura de los responsables de hechos violentos contra mujeres, y tiene mucho que ver el tratamiento que la justicia le da a los casos, pues en algunas ocasiones se toman como un "mero trámite". "Se minimizan los hechos, se burlan de las denunciantes, las desprecian y encima, éstas tienen que hacer largas colas y esperar mucho tiempo para ser atendidas", recriminó. A lo anterior, se añade la dificultad de establecer las causas de los asesinatos, bautizados aquí de "feminicidios" debido a su magnitud, lo cual impide deducir si son producto del crimen organizado, riñas entre pandillas o violencia intrafamiliar. La dimensión de los hechos de sangre contra las mujeres hizo que en 2004 viajaran a este país las relatoras especiales de la ONU y de la Organización de Estados Americanos (OEA) para ese tema, Yakín Erturk y Susana Villarán, respectivamente. Ambas constataron, por separado, que fueron asesinadas 317 mujeres en 2002, 383 en 2003 y 531 el pasado año. El lunes, un tribunal guatemalteco condenó a 100 años de prisión a un pandillero hallado culpable de violar, mutilar y ultimar en agosto de 2003 a dos jóvenes, cuyos cadáveres abandonó en un tonel en una zona periférica de esta capital.
Somos diferentes, somos iguales
Diez años después de la Conferencia de Pekín donde 189 países de todo el mundo firmaron una declaración para luchar contra la discriminación y la desigualdad entre géneros, las mujeres y las niñas siguen sufriendo graves atropellos a sus derechos. Dos tercios de los analfabetos del planeta son mujeres y niñas, medio millón de mujeres mueren cada año durante el embarazo y el parto, hay más mujeres infectadas de SIDA, las mujeres sólo poseen el 10% de los recursos mundiales cuando aportan dos terceras partes de las horas de trabajo y el 70% de las mujeres viven en condiciones de pobreza. Nacer mujer supone un mayor riesgo de discriminación y marginación. En Pekín, los gobiernos se comprometieron a avanzar en sus legislaciones para luchar contra la desigualdad, promover la participación de las mujeres en los asuntos públicos, apoyar el acceso de las mujeres a trabajos bien remunerados y a puestos de toma de decisiones, asegurar la educación de las niñas, promover una educación no-sexista, aplicar medidas para prevenir y eliminar la violencia doméstica, etc. Sin embargo, aún queda mucho camino. Hasta el próximo día 11 de marzo, los 189 países de la Conferencia de Pekín se reunirán en Nueva York para valorar lo que se ha hecho y lo que aún queda por hacer para garantizar los derechos de la mujer. Rachel Mayanja, asesora de Naciones Unidas para los temas de la mujer, asegura que “se han logrado avances, pero muy desiguales y lentos”. Aún existen leyes discriminatorias en muchos países, como las de ‘obediencia de la esposa’ vigente aún en Sudán y Yemen, o el código penal de Nigeria que permite al marido usar la violencia para castigar a la mujer. La ONU también denuncia que las mujeres y niñas siguen siendo las mayores víctimas del tráfico de personas y la prostitución. Todas estas medidas legales no servirán de nada si no van acompañadas de otras que ayuden a cambiar las actitudes y los roles tradicionales de la mujer. Cuando se establece que el trabajo más importante de la mujer es la reproducción, la mujer deja de tener acceso a una serie de recursos que son los que le permiten ser independientes. No sólo se trata de ingresos económicos, también de acceder a la educación o a la salud. Es difícil que las mujeres reclamen sus derechos si desconocen cuáles son. La educación debe estar basada en valores para eliminar los prejuicios y estereotipos relativos a los sexos, ha de ser una educación crítica y transformadora. La vida de una niña que consigue acudir al colegio es muy diferente a la de aquellas que no son escolarizadas. Las niñas que reciben educación se casan más tarde, tienen menos hijos, proporcionan mejor atención y alimentación a su familia y solicitan atención médica. Con ello, se abre el camino para una mejora de la comunidad ya que así se reduce el índice de mortalidad infantil, se controla el índice demográfico, mejora la nutrición y la salud de la población y, todo ello, repercute en el desarrollo de la comunidad y su progreso económico. Además, hay que conseguir que las mujeres tengan el mismo apoyo y posibilidades de acceso al mercado de trabajo. En este sentido, tanto al Primer Mundo como los países empobrecidos del Sur tienen mucho por hacer. En los países desarrollados, las mujeres tienen un mayor índice de desempleo y los sueldos por un mismo trabajo son menores. La desigualdad supone un alto coste. Estudios de Naciones Unidas han puesto de manifiesto que si a las mujeres se las ofrece el mismo apoyo que a los hombres, éstas incrementan en un 20% el rendimiento de los cultivos. También, que si en Latinomérica se eliminasen las desigualdades en el mercado laboral, el producto interior bruto aumentaría un 5%. En las sesiones de Nueva York, habrá cuestiones polémicas como la promoción de los derechos sexuales y reproductivos o las cuotas de género para que las mujeres lleguen a puestos de decisión. Hay países afirman que estas medidas buscan “enfrentar al hombre en el ámbito familiar y social”. Voces retrógradas que entorpecen el progreso de la sociedad y la consecución de la igualdad entre personas. Mujeres y hombres, a pesar de nuestras diferencias, somos iguales y debemos luchar por tener los mismos derechos y obligaciones.
Ana Muñoz Periodista
Mejorar la salud materna, objetivo presente
Cada minuto una mujer muere en el mundo debido a complicaciones relacionadas con el parto. Esa mujer que ahora ha fallecido forma ya parte de las 500 mil que mueren cada año y de las más de 50 millones que sufren de mala salud reproductiva y de enfermedades relacionadas con el embarazo. Reducir la tasa de mortalidad materna en tres cuartas partes antes del año 2015 es uno de los ocho Objetivos del Milenio que tanto Naciones Unidas como 189 países se han comprometido a cumplir. La mortalidad materna mide el número de mujeres que fallecen cada año por causas relacionadas con el embarazo por cada cien mil niños nacidos vivos. Ésta es la causa principal de discapacidades y muertes entre las mujeres de 15 a 49 años. El 99% de estos casos suceden en países en vías de desarrollo. Una mujer que se queda embarazada en la región del África Subsahariana tiene una posibilidad entre 16 de morir, mientras que si lo hace en un país desarrollado el riesgo se reduce a uno por cada 2800 casos. La principal causa de estas muertes es la falta de personal capacitado en el momento del parto. Esta ausencia es más acuciante en las zonas rurales e inaccesibles donde la falta de incentivos que recibe el personal médico cualificado las hace inviables. A ello se añade el coste, la calidad escasa y la falta de servicios sanitarios básicos. Incluso en algunos países africanos y en la India el gasto público no cubre las necesidades de los más pobres para favorecer la de aquellos que poseen una situación económica privilegiada. En medios rurales, las mujeres suelen carecer del dinero necesario para costearse los cuidados médicos y el transporte e incluso necesitan del permiso de sus maridos para pagarlos. Los gastos derivados de un parto normal se tasan entre 10 y 35 dólares. Este coste se incrementa hasta cien dólares en caso de complicaciones durante el mismo o si es necesaria una operación de cesárea. En otras ocasiones, los factores culturales y sociales impiden la aplicación de medidas y soluciones. Una mujer que casi fallece durante su último parto y necesite usar anticonceptivos por prescripción médica no será aceptada en el entorno donde vive. Su sociedad, su religión e incluso su madre pueden culparla por evitar futuros embarazos. Hay 120 millones de mujeres que desean no quedarse fecundadas, pero el acceso limitado que tienen para obtener recursos económicos procedentes de la tierra, créditos o educación, les obliga a ello. Por el contrario, hay numerosos estudios que demuestran que la mujer educada busca atención prenatal, se vacuna, utiliza métodos contraceptivos, distancia los embarazos, tiene menos hijos para salvaguardar su salud y es menos vulnerable a intercambiar servicios sexuales por dinero y protección. Asegurar la salud materna en su integridad conlleva el esfuerzo de conseguir la atención de la mujer durante el embarazo, así como que sea atendida en el momento del parto por personal sanitario cualificado. De este modo, se evitará que la mujer sufra lesiones o fallezca en caso de que padezca posibles complicaciones en forma de hemorragias, hipertensión o infecciones. Además, el personal sanitario que la atienda debe contar antibióticos, sangre para transfusiones, equipos de cirugía y resto de medios adecuados que faciliten su labor. China, Egipto, Honduras, Indonesia, Jamaica, México y Túnez han reducido el número de defunciones derivadas de la maternidad durante la década comprendida entre 1990 y 2000. En todos estos países se ha generalizado la presencia de personal sanitario cualificado para la atención del parto y sistemas eficaces de traslado a centros con mejores medios sanitarios y servicios básicos. Muchas organizaciones han criticado la reducción de este Objetivo a términos de mejora de salud materna en lugar de que abarcase también el incremento de la salud sexual y reproductiva de la mujer. Esta ausencia va en detrimento de la consecución de otros Objetivos del Milenio, como la promoción de la igualdad de género, de la independencia y autonomía de la mujer y de la reducción de los casos relacionados con el SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual. La mujer es futuro, tesoro y esperanza de la humanidad. Mejorar su salud materna contribuye a desarrollar la vida. La consecución de estas metas implica a toda la comunidad internacional para que los Objetivos del Milenio no sean promesa de un día, sino acción y superación día tras día.
Iván Trenado Turrión Periodista
Nuevas formas de esclavitud
Hace doscientos años que la Revolución Haitiana acabó con el sistema esclavista en el que vivía para instaurar la primera república negra del hemisferio occidental. Este hecho supone un hito en la historia de la liberación de los pueblos de Sudamérica y simboliza el triunfo de los principios de libertad, igualdad, dignidad y derechos de la persona. La ONU, aprovechando el aniversario de este suceso, ha declarado el 2004 Año Internacional de la Conmemoración de la Lucha contra la Esclavitud y de su Abolición. Sin embargo, hoy existen más personas viviendo en condiciones inhumanas que en cualquier otro momento de la historia. Las cifras hablan de 27 millones de personas que sobreviven en auténticas condiciones de esclavitud y algunos estudios de la Unión Europea llegan incluso a los 200 millones de personas que viven en servidumbre forzada. Los niños, las mujeres y los inmigrantes indocumentados son las principales víctimas de este nuevo sistema esclavista. La prostitución, el tráfico de personas, la servidumbre por deudas y el trabajo infantil son claros ejemplos de ello. El germen de toda esclavitud se encuentra en la creencia de superioridad de una persona respecto a otra. Se sustenta en un sistema de desigualdad y de dominio, de pérdida de derechos y de dignidad, en el que uno ya no depende de sí mismo, sino que toda su existencia permanece encerrada en los deseos de otro. Esclavo proviene de eslavo porque, tras las conquistas romanas, éstos pasaron a ejercer trabajos en condiciones de esclavitud, gracias a los cuales se mantenía el sistema de bienestar romano. Desde entonces se ha establecido una relación de superioridad y dominio de unas personas sobre las otras, asociada generalmente a la victoria bélica. En el sistema feudal el vasallaje se forjó como sistema de dominación, aunque existían contraprestaciones como la seguridad. Con la conquista de América los indígenas quedaron a merced de los deseos del conquistador. Y ya en el siglo XVI, el sistema esclavista se multiplicó hasta el absurdo con el comercio trasatlántico de esclavos desde África que supuso el exterminio de 140 millones personas, las más fuertes y jóvenes, que aún hoy no ha sido reparado. Existen muchas formas de esclavitud y, a veces, las peores cadenas son las invisibles, las que uno busca y acepta como única forma de supervivencia, sin pensar en la sublevación. La ausencia de unas condiciones mínimas menoscaba la dignidad, y esa falta de dignidad no es tan diferente a la inexistencia del alma en los esclavos africanos del siglo XVI. Antes la esclavitud tenía su origen en la guerra, ahora el dinero es su principal sustentador. El mercado internacional y el libre comercio generan niños esclavos de 10 años, que permiten la producción de productos más competitivos, al igual que hace siglos permitían agasajar con todo tipo de joyas, oro y diamantes a las cortes europeas. Un niño que no recibe más educación que la del trabajo en jornadas de 14 horas al día durante 7 días a la semana no puede recibir otra denominación que la de esclavo. No se trata de un hecho excepcional, el “trabajo” infantil afecta a trescientos millones de niños, según datos de UNICEF. A ellos hay que sumarles todos los niños que son raptados, vendidos o convertidos en soldados. Estos niños nacen en la peor forma de esclavitud, la de no llegar a conocer la libertad. Todas las redes de prostitución y trata de blancas cosifican a la mujer y la esclavizan. También existe una esclavitud emocional, la que realiza un marido sobre su mujer, maltratándola, obligándola a mantener relaciones sexuales por la fuerza y confinándola a un encierro doméstico. En EEUU, la esclavitud fue una de las causas principales de la Guerra de Secesión. Hoy, 150 años después, los trabajadores “ilegales” no gozan de derechos laborales ni de protección. Se ha instaurado una nueva forma de esclavitud desde que la Suprema Corte de Estados Unidos dictaminó, hace dos años, que los trabajadores indocumentados no tienen derecho a demandar a las empresas que violen la ley al despedirlos o al castigarlos por ejercer sus derechos básicos. De este modo quedan al arbitrio del patrón sin capacidad de defenderse. Esta situación se repite en todo el mundo. Millones de personas trabajan sin derechos sociales ni horario en condiciones infrahumanas. Si es cierto que se ha proclamado la abolición de la esclavitud, ¿cómo pueden persistir estas prácticas inhumanas y no son perseguidas como crímenes contra la humanidad? El silencio con el que se tolera esta injusticia nos convierte en culpables.
Fran Araújo Periodista |
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