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A 61 días de las Elecciones 2009
Por: Oscar Roberto Pettinato.-
A prácticamente dos escasos meses de una elección, que normalmente sería casi rutinaria de recambio legislativo, impensadamente nos encontramos con que se transformó de un simple trámite democrático de renovación de legisladores, en una suerte de plebiscito para definir qué país, qué modelo económico y qué ideología primará en la toma de decisiones internas y externas de una nación periférica, que intenta salir lo más indemne posible de una de las peores crisis económicas mundiales. elige el soberano.
¿Por qué? Porque las heridas y los quiebres sociales no cicatrizan tan rápido y el costo de una democracia interrumpida sistemáticamente hasta el ‘83, es mucho más caro de lo que una democracia que salió de los pañales y comenzó a gatear puede pagar.
Está claro que no es el escenario propicio, de la misma forma que ambos contendores, oficialismo y oposición, llegaron a él más por necesidad que por intencionalidad.
Ahora bien, en las elecciones presidenciales de 2007, la Sociedad Argentina en su conjunto terminó de fracturarse; de un lado quedaron los adherentes al gobierno, a su modelo de país y al rumbo elegido.Y del otro, todos aquellos que se declararon frustrados o estafados por un supuesto fraude electoral, junto a los que por intereses sectoriales no conjugan los verbos distribución, justicia (social) o industrializar.
De la misma forma que en algún momento Gorriaran Merlo o Jorge Ceballos se incorporaron decididamente al sistema con una clara orientación y rumbo ideológico, ahora lo ratifican Patti desde la cárcel o la señora Pando desde cualquier tribuna.
Bien fracturado, casi en partes iguales 50% y 50%, con una clara diferencia, la porción “K” que pudo debilitarse con algunos éxodos recientes de movimientos sociales o funcionarios como Montoya, o legisladores como Reutemann, sigue siendo un bloque homogéneo, por convicción o adecuación.
Néstor Kirchner no deja opciones; las candidaturas “testimoniales” no son otra cosa que ‘no quiero sorpresas, el que traiciona que se vaya ahora, el que juega que ponga los dos testículos en la canasta...’ y pasó la “gorra”. Desde lo ético, no desde lo legal, puede tener observaciones; desde lo fáctico fue un violín afinado para la estrategia oficialista.
Esto es una parte, la otra casi igual o mayor exiguamente en porcentaje, es un mosaico granítico donde los pedazos no pueden cuajar con un tejido o argamasa común, de hecho, Pando y Ceballos, Patti y Tumini, Solá y Ledesma o más audaz aún Ricardo Alfonsín, Margarita Stolbizer, Francisco de Narváez, Jorge Macri…
Seguramente habrá un voto de descontento, otro castigo y un tercer voto opositor por convicción. Lo que digo es que se diluirán en dos fuertes continentes Unión Pro; Coalición Cívica y un cuarto en discordia que surgirá de entre todo el resto de las opciones.
Y entre un 15 y un 17% de la sumatoria de los demás partidos que participan.
Con solo esa ecuación se empareja cualquier ventaja que sectores de la oposición al gobierno esgrime hoy.
Si el gobierno descendiera 10 puntos de su última elección -que no es poca cosa- dejaría para repartir el 60% de los votos positivos. Si le restamos el 15 a 17% de resto u otros (partidos o frentes minoritarios que se presentarán) ya comienza a aventajar un cúmulo de sufragios que luego se tienen que repartir dos fuerzas con más volumen y una tercera, que logrará un porcentaje igual o solo algo inferior al resto, o sea entre un 11 y un 14% lo que en el mejor de los casos le deja a los dos grandes frentes opositores un 36% para repartirse de acuerdo a la voluntad popular.
Así que en el orden nacional, siempre hablando de la provincia de Buenos Aires,
con dos meses de anticipación arriesgo una victoria del oficialismo clara, lo que no quiere decir contundente en los números o porcentajes finales.
Veamos con más menos tres puntos de margen de error, de atrás para adelante un cien por cien de votos positivos con esta hipótesis.
* Resto de partidos u otros = 15% cuarta fuerza 11% Coalición Cívica 18% Unión Pro 20% FPV 36% *
* Todos los menos contemplados, se irían a la primera mayoría, con lo cual en una elección ideal, el oficialismo lograría alcanzar entre el 45 a 48% de los votos finales.
Esto en la provincia de Buenos Aires. El lunes hablamos de la incidencia de los distritos históricos, del crecimiento potencial del radicalismo y de las colectoras en Unión Pro, que a nivel distrital cambiarán sustancialmente el orden de los factores, que tal cual sentencia la regla, no alteraría el producto.*
*Resultado final de la Provincia de Buenos Aires.
¡Hasta el lunes!
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