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Detección de terremotos
Pollos subidos a los árboles, gallinas que dejan de cacarear y peces que intentan salir de las aguas, son algunas de las extrañas conductas que registran vertebrados e invertebrados ante la proximidad de un movimiento de la tierra. Los japoneses fueron los primeros en descubrir este fenómeno.
La región italiana de Friuli sufrió, el 6 de mayo de 1976, una extraña “rebelión en la granja”. Los pollos se subieron a los árboles, las gallinas dejaron de cacarear, los conejos se golpeaban con objetos contundentes y los peces trataban de escapar del su hábitat natural. Fue el día en que ese hermoso paraje de la península fue víctima de uno de los más intensos terremotos que se conocieran en la zona.
Este comportamiento anómalo de los animales en vísperas de un movimiento sísmico fue descubierto siglos antes por los japoneses, quienes observaron que el siluro, un pez de agua dulce que vive en zonas calientes, reacciona en un 80 por ciento de los casos con 24 horas de anticipación al momento de producirse el fenómeno.
La tragedia que vivió el Perú en los últimos días, donde un sismo con una intensidad de 8 grados de magnitud a escala de Richter dejó un saldo de más de 500 muertos y 1.500 heridos, fue otro ejemplo de cómo los animales presienten el acercamiento de un fenómeno de esas características; cientos de perros comenzaron a ladrar y aullar y escaparon de sus hogares.
Aunque se desconoce cuál es el elemento receptor que utilizan los animales para predecir los terremotos, algunos expertos atribuyen su extraño comportamiento al sistema auditivo por el cual, dicen, perciben ruidos como el de los crujidos de la corteza terrestre, que es imposible de detectar por las tecnologías más avanzadas, y mucho menos por los humanos.
Sin embargo, hasta el momento, ni las granjas experimentales que se utilizan en China, donde los animales detectan vibraciones de baja intensidad que preceden a un movimiento sísmico, ni los satélites de la NASA que vigilan desde el cielo, han sabido advertir de forma fehaciente el peligro.
El caso más famoso de predicción acertada de un terremoto se produjo justamente en China, en 1975. Los científicos barajaron mediciones y cálculos de diferentes factores, como sismicidad y geología de la zona, magnetismo, nivel de agua en los pozos e inclinación del suelo, que fueron pasando por las fases de largo, medio y plazo inmediato, y avisaron sobre el sitio, día y hora del fuerte sismo.
Para que una predicción se considere como tal, tiene que indicar lugar, tiempo, magnitud y probabilidad del terremoto. Los pocos casos reconocidos como pronósticos acertados son sismos con geologías muy diferentes, y se piensa que en el futuro la ciencia será capaz de pronosticar con exactitud, si no todos, por lo menos varios tipos de ellos.
En la actualidad, y pese a la visión pesimista de los especialistas en sismología que aseguran que no existen métodos fiables para predecir terremotos, existen varios para anunciar su posibilidad.
Uno de ellos es el "seismic gap" (vacío de sismicidad), por el cual los instrumentos situados a lo largo de la falla detectan la ausencia de actividad sísmica, lo que indica que no se está descargando energía, y existe, por tanto, más peligro de que ésta se descargue de forma violenta.
Este sistema se emplea en la falla de San Andrés, que atraviesa el estado de California, en donde los movimientos sísmicos suelen producirse al borde de la placa. La teoría tectónica de placas ha establecido que la corteza terrestre está formada por varias placas que se rozan entre sí.
Sin embargo, el terremoto más dañino y grave de la historia moderna se produjo en China el 28 de julio de 1976, a 150 kilómetros al este de Pekín, a causa de una rotura interior de la placa, que es mucho más difícil de predecir.
Por lo tanto, se debe seguir confiando en el comportamiento animal como método alternativo para la predicción de terremotos. La naturaleza es sabia y la antigüedad enseña que cualquier síntoma extraño que se observe en las criaturas que habitan la tierra, es el mejor alerta para tomar las precauciones necesarias por parte de los seres humanos.
Algunos terremotos “famosos”
El terremoto con mayor número de víctimas en América se produjo el 31 de mayo de 1970, en el departamento andino de Ancash, Perú, con 75.000 muertos. La magnitud del sismo, de 7,9 grados en la escala de Richter, hizo desaparecer el pueblo de Yungay.
El sismo de mayor intensidad registrado en el mundo tuvo lugar el 22 de mayo 1960 en Valdivia (sur de Chile), con una magnitud de entre 9 y 9,5 grados Richter , y causó seis mil muertos. Provocó un ’tsunami’ de 10 metros de altura que llegó hasta las costas de Hawaii, donde murieron 61 personas.
El terremoto más trágico del que se tiene noticia en la Historia de la Humanidad fue el ocurrido en el año 1.201 en Oriente Próximo y la zona del Mediterráneo, con 1.100.000 muertos. En el reciente pasado siglo, el sismo con mayor número de víctimas ocurrió en 1976 en China, con más de 600.000 muertos.
Pero, cada año se producen en el mundo millares de terremotos de poca intensidad y varias decenas muy violentos y devastadores. Sin embargo, habiendo traspasado el umbral del siglo XXI, la ciencia aún no ha encontrado un método capaz de pronosticar con fiabilidad estas catástrofes naturales, ni los gobiernos de las naciones en general se preocupan de tomar medidas de prevención o de hacer cumplir las escasas normativas que existen al respecto.
Geólogos, matemáticos, sismólogos y otros especialistas relacionados con el tema, coinciden en señalar que pese a los avances tecnológicos, la sociedad actual es paradójicamente más vulnerable a las catástrofes naturales, como terremotos, huracanes y erupciones volcánicas, que nuestros antepasados.
Las causas se deben al hacinamiento humano en grandes núcleos urbanos, al imparable aumento de la población en el mundo y a un florecimiento de las edificaciones de alto riesgo.
Fuente: Télam
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