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17.05.07

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Categories: Cultura

Ultimos días para ver la retrospectiva del pintor Alfredo Volpi en el Malba

El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires continuará hasta mañana exhibiendo las pinturas del ítalo- brasileño. El artista inscribió su obra en el proyecto de modernización y afirmación nacionalista impulsado en Brasil en la primera mitad del siglo XX.

Por Elba Pérez. Una muestra antológica de Alfredo Volpi, pintor ítalo-brasileño que inscribió su obra en el proyecto de modernización y afirmación nacionalista impulsado en Brasil en la primera mitad del siglo XX, se exhibe en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

Alfredo Volpi (Lucca, Italia, 1896 - San Pablo, Brasil, 1988) comparte protagonismo en el mercado internacional con Tarsila do Amaral, Mario y Oswald de Andrade, Di Cavalcanti, Lasar Segall, Cándido Portinari. Eran la flor y nata de la elite intelectual y social que formuló la noción de "antropofagia".

Se proponían "poner en hora" su país, insertarse en el contexto mundial, en la modernidad, sin abandonar la idiosincracia y la rica tradición mestiza. Asimilar las vanguardias internacionales y metabolizarlas en términos nacionales era la meta que se fijaron y que sostiene la política cultural del país hermano.

Volpi se mantuvo aislado de los cenáculos donde se debatían estos conceptos ideológicos y estéticos. Su condición de inmigrante, la humildad de su origen y las tareas artesanas que aseguraban el precario sustento familiar lo marginaban de las tertulias intelectuales ya fueran sesudas o bohemias.

Sin embargo, su obra es enrolada -abusivamente- en la corriente de abstracción geométrica que en la Argentina dio curso al movimiento Madi y del Arte Concreto-Invención. La filiación es adjudicada al período de las llamadas "fachadas" y a las emblemáticas "banderitas".

En rigor Volpi estilizaba en las "fachadas" los humildes caseríos costeros de Itahaém. La geometría sencilla y sensible, claramente figurativa, se ordena en trazas ortogonales, de progresiva abstracción. Pero este orden está más próximo a los primitivos italianos, a Giotto del que Cézanne fue continuador, que a los principios del arte concreto.

El curador Olivio Tavares de Araújo acierta al observar que Volpi rehizo intuitivamente el camino histórica de la primera modernidad. Cada lienzo, dice Araújo, nace de la obra anterior en un proceso que abandona la narrativa para construir la autonomía de los elementos plásticos.

La obra de Volpi es hija de si misma. Autodidacta, supo fiarse de la intuición sensible, del amor al oficio. La entonación de su pintura es siempre exquisita, afinada, trasparente. La capa de pintura es siempre ligera, acuarelada, de exacta sencillez en la pincelada.

Esta idiosincracia se cumple en el período de las "banderitas", diminutivo tierno para nominar las complejas tramas de una forma básica repetida y modulada por el color. El dinamismo de estos estandartes crea zonas contrastadas donde el color hace vibrar la composición.

El artista legó tardiamente a la pintura. Se ganó la vida como pintor decorador, tradición artesana de brocha gorda y fileteado que se transfigura en la pintura de caballete.

Volpi era consciente de la nobleza de este linaje y siempre preparó los bastidores y telas, molió pigmentes al antiguo modo de los talleres italianos, fabricaba el solvente preparaba la témpera al huevo, secreto de la poética trasparencia de sus pinturas.

En 1935 se vinculó a otros artistas de origen inmigrante. Fundaron el primer grupo de artistas proletarios de Sao Paulo. La consagración no varió su sentir ni su conducta. En la II Bienal de Sao Paulo (1954) recibió el Premio de Mejor Pintor Nacional, distinción compartida con Di Cavalcanti.

El grupo concreto lo adoptó como uno de los suyos. Volpi supo aprovechar la incursión en el grupo pero no siguió ninguna de las preceptivas teóricas y conceptuales de sus colegas. En su única visita a Europa (1951) centró su interés en el estudio de la pintura italiana de los siglos XIII al XVI. El virtió vino nuevo en viejos odres. Fue su modo de llegar a la modernidad por cuenta propia.

Integró cuatro veces el envío brasileño a la Bienal de Venecia, tuvo sala especial en la Bienal de Sao Paulo (1961) y grandes retrospectivas en esa ciudad y Río de Janeiro. Con la misma sencillez y laboriosidad de toda la vida Volpi murió, pincel en mano. Tenía 92 años.

Fuente: Télam

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