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Alicia Dujovne Ortiz es autora de varias biografías rigurosas y de prosa tersa, como las de Eva Perón, Diego Maradona y María Elena Walsh, pero sólo la que acaba de publicarse: "El camarada Carlos. Itinerario de un enviado secreto", la atraviesa íntimamente.
Escrita en rigurosa primera persona, la historia de su padre, Carlos Dujovne, la interna no sólo en el terreno de su propia sangre sino en la del sueño revolucionario del siglo XX, del que ese hombre fue un protagonista apasionado.
"Toda la historia de mi padre cabía en un puñado de frases que ni siquiera salían de su boca", dice en la primera línea la autora, dispuesta a saldar una deuda y confirmar la veracidad del mito familiar.
Para ello, cotejó los relatos maternos escuchados mil veces con los de sobrevivientes y también con el contenido de carpetas secretas halladas en un viaje a Moscú, a los que se agregaron un centenar y medio de cartas escritas por su padre desde la cárcel.
Nacido en la colonias judías de Entre Ríos, Dujovne fue un dirigente destacado del comunismo argentino al que se unió a poco de su fundación en 1918 y siendo casi adolescente, pero luego de su renuncia al partido después de 1945 quedó olvidado, o más bien excluido de su relato.
"El Partido es una identidad. El que la pierde deja de ser hombre", reflexiona la hija de Carlos como un eco de aquel Milan Kundera desencantado, pero también rabiosa con la omisión de quien consagró la vida a una causa y es negado hasta por sus amigos.
La historia que reconstruyó arranca con el viaje de Carlos a la patria de sus padres en 1923 para participar personalmente en la Revolución Rusa, cuya extensión mundial en ese entonces se creía inminente,
Doctorado en ciencias sociales en Moscú, traductor del escritor francés Henri Barbusse en su entrevista con Stalin en 1927, fue regresado a América latina como emisario de la Internacional Sindical Roja con el alias de "Carlos Fuentes".
Ya como agitador y organizador sindical de la Kommintern se codeó con la crema revolucionaria de la región y hasta fogoneó el alzamiento de la marina chilena y la fugaz república de los soviets de Marmaduke Grove en 1932.
A su regreso clandestino a la Argentina conoce en la militancia antifascista a la escritora feminista Alicia Ortiz Oderigo, hermana el economista comunista Ricardo M. Ortiz, prima del escritor nacionalista Raúl Scalabrini Ortiz y sobrina de un general del GOU, luego relatora de las proezas de su marido cuya realidad o ficción su hija no alcanza a discriminar.
Es extraño que la autora de una biografía elogiosa hasta el extremo con la mujer más importante de Juan Domingo Perón no pierda ocasión de manifestar su antiperonismo visceral y la explicación puede leerse en este libro.
Uno de sus capítulos cuenta los viajes junto a su madre para visitar a Carlos, preso en la cárcel de Neuquén junto a todo el comité central del PC desde el golpe del 4 de junio de 1943.
La salida de Carlos del partido es presentada como un acto de pérdida de fe tras el ascenso del peronismo, similar al que viven otros intelectuales como Rodolfo Puiggrós, Manuel Sadovsky, Cora Ratto, Eduardo Astesano o Juan José Real, cuyos caminos luego se bifurcan. Su posterior acercamiento al presidente boliviano Hernán Siles Suazo, al que asesoró en los 50, sugiere una aproximación al nacionalismo revolucionario.
En cualquier caso, Carlos se fue del PC en silencio, internándose en la muerte civil y llevándose sus secretos con la revolución a la tumba, en 1973, según los códigos estrictos de esos tiempos y que hoy resultan inentendibles..
"El no haber pronunciado a tiempo alguna sencilla frase por el estilo de: 'Carlos, o papá, o viejo, o camarada, estoy orgullosa de vos', termina por acarrear inmenso trabajo", confiesa Alicia Dujovne Ortiz casi al final de este libro catártico y reparador, lograda pintura de un clima de época.
Fuente: Télam, por Rubén Furman
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