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El escritor norteamericano logró ubicar su flamante novela en las listas de los best-sellers del momento. El autor comienza a ser celebrado como "el príncipe de la oscuridad" y ya no oculta que su padre es el reconocido maestro del terror Stephen King.
Tras una década de escribir casi en el anonimato, el escritor norteamericano Joe Hill logró ubicar su flamante novela "El traje del muerto" en las listas de los best-sellers del momento, y mientras comienza a ser celebrado como "el príncipe de la oscuridad" ya no oculta que su padre es el reconocido maestro del terror Stephen King.
Joseph Hillstrom King, tal su nombre completo, despide en los ojos un destello similar al de Stephen King en las tapas de su novela "La danza de la muerte". Durante 10 años, sin embargo, hizo todo lo posible por ocultar sus genes y moverse en las penumbras, pese al obvio parecido físico.
"Alguna vez alguien dijo que lo que importa es la narración, no el narrador. Siempre preferí hacerme a un lado, para no atraer la atención. Mantener el foco en mi ficción. Igual, cuando empecé a vender las historias nunca nadie me preguntó si Stephen King era mi papá. O sea que no tuve que mentir", aseguró el escritor en una entrevista.
Hill estaba tan decidido a hacerse su propio camino en el mundo literario sin aprovechar el nombre de su padre que le ocultó su identidad a su propio agente literario por diez años, pero ahora que tiene un best seller en sus manos -el eficaz thriller de terror "El traje del muerto"- el secreto parece no tener sentido ni fundamento.
Para su primera compilación de cuentos de terror, titulada "20th Century Ghost" y aún inédita en castellano, el escritor no consiguió ni una editora en Estados Unidos que lo publicara y por eso recurrió a una empresa independiente de Inglaterra, que fue sacando el libro en brevísimas ediciones.
Misteriosamente, los libros comenzaron a huir de los estantes. Lo mismo pasó luego con "El traje del muerto" (cuyo título original, "Heart-Shaped Box" está inspirado en un tema del grupo Nirvana), que narra la vampiresca historia de un coleccionista de objetos de personajes célebres.
La novela, publicada hace unos meses en Estados Unidos, fue recibida con mucho entusiasmo y hasta figuró en el top ten de los best seller de The New York Times.
Jude Coyne, el protagonista de la novela, es una estrella de rock retirada que vive en una apartada mansión, con su representante y su joven novia. Su hobbie, coleccionar artículos relacionados con la muerte, lo lleva a comprar un fantasma por Internet.
El protagonista recibe entonces una extraña caja en forma de corazón que contiene el traje del muerto, James Craddock, que empieza a aparecerse de manera obsesiva. En un ambiente de terror, cuando su asistente se suicida, Jude y su novia deciden abandonar
la mansión y emprender una desesperada huida para salvar sus vidas, aunque no es fácil escapar de los fantasmas.
Hill está lejos de ser el único miembro de la familia King que siguió los pasos de Stephen: su madre, Tabitha King, ha publicado durante décadas numerosas novelas y su hermano menor, Owen King, surgió en 2005 con una bien recibida nouvelle y colección de cuentos.
El único hermano que todavía no debutó en la literatura fue Naomi King, la mayor de los tres, quien a lo largo de su vida cambió de carreras como de camisa, aunque trascendió hace unas semanas que la joven está trabajando en un proyecto de no ficción:
un extenso estudio sobre el lugar en la cultura norteamericana del sermón como texto literario.
El miedo -en versión Hill- no paraliza al lector, sino que lo sumerge en un inquietante terreno en el que uno está temiendo casi siempre lo peor. Pero la vida está llena de giros imprevistos, y los viejos rockeros como Jude Coyne se resisten a morir a manos de
los espectros traicioneros, aunque la fecha esté señalada y lo anuncien por adelantado la radio y la televisión.
Las buenas historias -sean de amor o de terror- son aquellas que te llevan al territorio de la incertidumbre: "Le vas lanzando al lector las mismas preguntas que te planteas tú en el momento de escribir, que al fin y al cabo es una manera de enfrentarte a ti
mismo, de conocer tus obsesiones y tus temores, de intentar sacudírtelos de alguna manera", aseguró en una entrevista reciente.
Los fantasmas son una herramienta muy poderosa cuando escribes ficción. Son la gran metáfora del pasado que gotea sobre el presente. "Ahora bien, en el mundo real creo que la evidencia no es tan buena -explicó Hill-. Si el alma sale de una persona cuando
muere, hay cosas mucho mejores que hacer que quedarse aquí merodeando o metiéndonos miedo.
Pero también reconozco que no pasearía por un cementerio tranquilamente a la dos de la mañana". Hill habla prácticamente todos los días por teléfono con su padre, y aunque no echó raíces como él en en Maine y se instaló en cambio con su familia en la vecina New Hampshire, se ven con bastante frecuencia e intercambian manuscritos.
"El me pasó Cell, su thriller sobre los teléfonos móviles, cuando yo le pasé El traje del muerto. Nos dimos las opiniones respectivas como lectores; la opinión de la editora se la dejamos a mi mujer, Leonora", aseguró en un reportaje publicado por el diario The Independient.
"Desde chico me fascinaba lo que escribía mi padre. Cuando se escriben buenas historias de terror, se pueden incluir distintas cosas: humor, música, política, sexo, violencia. Mi libro se lo dedico a él, pero no sólo por la excelente relación que tenemos, sino, porque considero que es verdaderamente uno de los buenos", explicó en esa entrevista.
Fuente: Télam
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