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O las mamaderas con leche
Ser “mamila” en México, es sinónimo de arrogante, desenfadado, cortante, aburrido, y así lo hacían ver quienes hace unos días atrás, intentaban convencerme de ir al Estadio Azteca en pos de la final del fútbol local. La verdad es que mi negativa se relacionaba también con las mamilas, pero aquellas con leche. Biberones y mamaderas se han transformado durante estos meses, en mi única preocupación en pos de satisfacer la tripa nutritiva de la nueva integrante del plantel familiar. Alimentar a las fuerzas básicas, definitivamente consume un buen tiempo, allí están los jadeos, llantos y quebrantos del lomo en ambas escuadras rivales y que cada jornada, se reencuentran gustosamente en un cariñoso fair play a pesar de los muchos pañales desechables que arden de juego sucio. Además que en la práctica láctea, la chamaca no tuvo la posibilidad de disfrutar titularmente de la teta materna post natal, tan cobijadora de nutritivas y sustanciosas pócimas. Tal vez y por lo mismo, esta hija en franco desarrollo, algún día practique un deporte digamos más delicado que el del fútbol, no vaya a ser que descuide la plenitud y amplitud del variado rubro deportivo, en pos de andar atrás de las pelotas de alguien.
Al final de cuentas y presionado por las circunstancias del rey de los deportes, nos fuimos de estadios y finalísimas. Ir al coloso de Santa Ursula en el antiguo pueblo de Coapa, al sur de la Ciudad de México, se transforma en un colapso de paseo dominical. Construido y diseñado por arquitectos mexicanos, amantes de la monumentalidad, orgullosos de su pasado azteca, zapoteca, totonaca, mixteca, tolteca y etcétera, olvidaron que las arterias que llevan al recinto, podían haber sido proporcionales al número de visitantes fanáticos que acudirían al evento de turno. Proyección a futuro supongo que se podría llamar eso, en términos urbanos. Seguramente esos “lúcidos” y egoístas personajes tan solo se esmeraban en objetivos “patrios” muy personales de la buena paga y algún premio otorgado por el gremio de arquitectos, no dudando eso si, en crear una mole de cemento tan descabellada y demoledora de modo que quedara claro ante el mundo que, en México, encarrerado el ratón, que se jodan los pinches gatos.
Así, el soccer, término demasiado utilizado en estas tierras en la orfandad del idioma inglés para referirse al balompié, nos deletrea y habla, que duda cabe, de aquella realidad de encontrarnos en un país ubicado muy lejos de dios y demasiado cerca de los estadosunidos. También, por qué no, del deseo de muchos habitantes mexicanos de arribar y de pertenecer en cuerpo y alma, al sueño americano del millón de dólares, del feroz automóvil y si se puede, parecerse un tantito más a estos rubios republicanos del norte, agüita oxigenada de por medio. Pero tampoco podemos olvidar a los miles de otros que emigran día a día muertos de hambre, a esas tierras de la oportunidad a pesar de los peligros que esta travesía representa, tanto por las condiciones climáticas del cruce a pié como también últimamente, debido a la presencia de los grupos nacionalistas - asesorados seguramente por el otrora soplón “garganta profunda” - que enfermizos y paranoicos, al igual que su presidente de turno, delatan, humillan, torturan o llevan a la muerte a quienes osen cruzar su frontera ideológica, en este caso, al norte del Río Bravo.
Decíamos entonces, que este templo de la adoración al gol, ha sido sede de dos mundiales futboleros, unas cuantas misas papales y un sin número de conciertos musicales de corte internacional, sin faltar las peleas de box, en donde la afamada escuela mexicana, mantiene un número importante de machucados campeones del mundo. Por tanto, no deja de ser interesante visitarlo. Allí tuve la dicha de ver al maestro Maradona en la cúspide de su carrera, en aquel inolvidable triunfo del seleccionado albiceleste sobre la flemática y colonial Inglaterra en el año 86 y que a la postre, le permitió acceder al campeonato, mano de dios incluida. Pero no vayan a pensar en que tuve la fortuna de estar al interior del estadio, no señores, la mano de la reventa especuladora, no me ayudó mucho. El consuelo más bien, fue la prehistórica pantalla gigante de nuestra imaginación y que acondicionada en nuestras mentes de pichanga y cascarita de barrio, nos hizo vibrar junto a los doscientos mil y tantos huérfanos de la butaca, apostados tristemente, en los alrededores del mentado estadio.
Pero la historia no se volvió a repetir en esta ocasión. Para esta final local, quedé adentro, si señores, a boca de jarro junto a ciento veinte mil hinchas que vibraron cual cólera, con el partido entre las águilas del América y los tecolotes de la Universidad Autónoma de Guadalajara - cabe agregar que los equipos de la liga local, llevan nombre de animalito o de pajarito – que entretuvieron al respetable, haciendo nueve goles en conjunto. Permitiendo además, la euforia de la fanática concurrencia que curiosamente y por suerte del espectáculo, aún asiste en familia, con su camiseta favorita incluida, al disfrute del partido de turno, y a propósito de mamilas o mamaderas, es posible consumir impunemente, la rica cerveza que permite coronar la victoria del equipo favorito a pesar de la presencia de las barras bravas locales, apenas unos niños de pecho comparadas con aquellas otras del hemisferio sur y que tan mala fama arrastran por el mundo.
Allí andaban los piojos López deleitando con su andar canchero y metiendo goles de lo lindo. No en vano gana 170 mil dólares mensuales y curiosamente a ninguno de los especialistas del balompié, se le ocurrió insinuarlo como refuerzo para estos días de copas libertadores, en donde un mudo Boca Juniors vino a México tan solo para llevarse cuatro goles en contra en su duelo ante el otro representante del estado de Jalisco, las chivas del Guadalajara que mención aparte, en un acto desmesuradamente chovinista, cuenta con un plantel plagado de puros nacionales. Todo lo anterior, no se piense que es mera invención, lo dicen los diarios deportivos locales que a propósito, anuncian para próximamente, el duelo entre el Inter de Milán contra el seleccionado del EZLN. El Sub-comandante Marcos hizo la invitación a los sensatos Javier Zanetti y compañía, quienes aceptaron gustosos el compromiso que seguramente, se llevará a cabo en cancha neutral. No vaya a ser que la inteligencia política, militar y últimamente económica, a cargo en este caso del grupo BBVA-Bancomer, sigan metiendo su mano saquera, con afán de capear sus malos resultados durante la eterna temporada del neoliberalismo y quieran, en esta ocasión, aprovecharse de las circunstancias para cancelar a las huestes de Zapata de un solo pelotazo. Por suerte guerrillero-peloteras, entre los invitados seguramente por confirmar se cuenta a Diego Armando Maradona, como árbitro del cotejo, Eduardo Galeano y Mario Benedetti, como locutores del encuentro y por último a Jorge Valdano, seguro entrenador de este modesto equipo de la esperanza. Espero también, me puedan invitar, a pesar que justo a la hora del partido, probablemente deba darle tres onzas de leche a la pequeña Emilia Mailén, a modo de subir su puntaje nutricional, no vaya a ser cosa que quede de colista en la tabla de posiciones de los recién nacidos.
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