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21.02.08

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Categories: Cultura, Augusto Munaro

Radiana, la mujer robot

Entrevista a Esther Cross

Juan José Saer ha escrito en su ensayo El concepto de ficción, que “la obra de un escritor no debe definirse por sus intenciones sino por sus resultados”. Si seguimos este precepto al pie de la letra, la literatura de Esther Cross (Buenos Aires, 1961), no adolece de ningún reproche estético. Las novelas Crónica de alados y aprendices, La inundación y El banquete de la araña, así como sus libros de cuentos La divina proporción y Kavanagh, confirman que Cross es dueña de un estilo propio, y que ha depurado los elementos estructurales de su narrativa hasta alcanzar con su última obra, la nouvelle Radiana (Ed. Emecé), un ritmo completamente único.

Radiana es una obra que despliega a través de sus 45 breves capítulos, un mundo imaginario autónomo y verosímil. Lo que no es poco. En la nouvelle, -que tiene como protagonistas a una eximia pianista, un inventor, un profesor de ciencias eléctricas y claro, a Radiana, la mujer robot-, se despliega una prosa ágil y fluida. El lenguaje que utiliza, por cierto austero y directo, permite una economía expresiva precisa. Toma algunos elementos de la ciencia ficción –hay ecos ineludibles de Angélica Gorodischer-, para ofrecer una lectura crítica orientada hacia el cientificismo y la deshumanización de la sociedad consumista actual. Otro rasgo distintivo, es que la autora utiliza –como Felisberto Hernández, en su relato Las Hortensias-, un peculiar uso del humor, lo que otorga mayor fluidez narrativa.

Antes de finalizar, haré una salvedad. Se sabe, que el problema capital que plantea la literatura –léase con atención Don Quijote, Gargantúa y Pantagruel o Tristram Shandy, por ejemplo-, es el cómo representarla. Quiero destacar que en Radiana, subyace la idea de no caer en la inconsistencia narrativa. Cada párrafo está lúcidamente construido, obteniendo a cambio, un fuerte sentido de unidad a lo largo de las 141 páginas del libro, lo que permite al lector gozar de su amena lectura.

-¿Cómo surgió la nouvelle Radiana?, ¿por qué los robots?
-La idea se me ocurrió hace muchos años, en la librería de un museo. Miraba un libro con fotos de época y encontré la foto de una especie de muñeca-robot que se llamaba Radiana y que era manejada por un profesor en ciencias eléctricas a través de un panel lleno de bombitas. Ahí tenía una novela. Por otro lado, los robots siempre me gustaron. En literatura y en el cine –cine clase B casi siempre, aunque también de chica me fascinaron robots de películas de primera, como la robot de Metrópolis.

-¿Sus libros parten de una imagen o una idea?
-Depende, en el caso de Radiana, por ejemplo, fue una imagen. Después se le tiene que sumar una idea si no, por lo menos para mí, no funciona. Por la misma razón, cuando parto de una idea se le tiene que sumar una imagen porque si no es una idea vacía, sin historia.

-Si bien el género de la nouvelle no es actualmente muy transitado, ¿cuáles fueron los aspectos formales que le atrajeron de él?
-Me atrajeron los aspectos formales que identifico, como lectora, con el género: que pueda leerse de una sentada, que tenga la concisión de un cuento y la respiración de una novela, que el final resignifique el principio, como en un cuento.

-El libro consta de 45 capítulos muy cortos, y está escrito a través de un lenguaje limpio y directo. ¿Cuánto le demandó alcanzar el grado de aparente simplicidad . ¿Es exigente a la hora de escribir?
-La historia la escribí bastante rápido. Lo que me llevó más tiempo fue limar el lenguaje. Me llevó mucho tiempo. Soy exigente cuando escribo, como la mayoría de los escritores. En mi caso, la exigencia más fuerte llega a la hora de la corrección –de la primera corrección y de todas las que le siguen. Pero cuando escribo el borrador de la historia trato de dejar esa exigencia de lado. Esa exigencia puede matar cualquier idea buena.

-¿ La repetición de párrafos y frases –como los que abren y cierran el libro-, es debido según aclara el poeta Enrique Solinas-, para resaltar “la robotización preexistente en nosotros mismos”, esa automatización de las personas?
-Sí, por un lado es eso. Y por el otro es ver cómo puede cambiar de significado histórico algo dicho en distintos momentos. Eso era lo que más me interesaba.

-Desde su experiencia, ¿cuándo cree que una novela está lista para ser publicada?
-Dicen que una novela nunca está lista y es verdad. Pero llega un momento en que una se harta de la novela y se da cuenta de que las correcciones empiezan a empeorar el texto, en vez de mejorarlo. Creo que el momento es ése.

-Radiana recuerda por su nivel inventivo y desenvoltura estilística, a las obras del injustamente subvalorado escritor Adolfo Bioy Casares. ¿Tuvo en cuenta el estilo de Bioy en la escritura de Radiana?
-No lo tuve en cuenta intencionalmente pero Bioy es un escritor muy querido para mí. Me gusta cómo escribe, era un escritor que buscaba el nombre justo de las cosas y al mismo tiempo le daba libertad, por decirlo de alguna manera, a los textos. Me gustan las historias que cuenta.

-¿Escribe pensando en el lector?
-Sí, pero no es un lector definido. Cuando tengo un borrador más o menos aceptable, se lo paso a un par de lectores excelentes –algunos son escritores, otros no- para ver qué les parece. Después trabajo el texto teniendo en cuenta lo que me dijeron.

-¿Qué le resulta más relevante en una narración, prestar mayor atención al desarrollo de los personajes o al hilo argumental?
-No creo que una cosa pueda separarse de la otra, no por lo menos en un caso ideal y una no renuncia a los ideales. Pero si tengo que elegir, me quedo con el desarrollo del personaje.

-Radiana no es una historia convencional de amor. Tampoco se inscribe en el campo de la Ciencia Ficción. ¿Puede tal vez considerarse una sátira a la banalización y consumismo desenfrenado?
-Seguro que sí. Ese consumismo tiñe todo, hasta el amor y la manera en que vivimos la técnica. La técnica aplicada al cuerpo de una manera determinada implica una ideología respecto al cuerpo, a la persona. Espero que la historia también dé cuenta de eso.

-¿Qué significa para Ud. la imaginación luego de publicar libros como El banquete de la araña y Kavanagh?, ¿cuáles son los aspectos que más le interesa explorar de ella?
-Creo que para escribir la imaginación es fundamental. Creo que escribir es imaginar por escrito o soñar a propósito, por decirlo de alguna manera. Claro que por imaginación entiendo la capacidad de asociar, de establecer uniones de sentido. No me refiero a la fantasía.

-¿Qué autores relee y considera influyentes?
-Muchos, clásicos.

-Como lectora, ¿qué es lo que más disfruta de la literatura fantástica?
-Lo que más disfruto como lectora de literatura fantástica es entrar a un mundo diferente y vivir ahí adentro, en ese mundo tan distinto –pero al mismo tiempo familiar- por un tiempo. Es entender que hay otras leyes que pueden regir el funcionamiento de la vida y comprender, además, cómo son esas leyes. Es la comparación, siempre implícita, de ese mundo con el mundo tal como lo vivo todos los días.

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Una sección en el diario Noticias con Objetividad del partido de La Matanza, dedicado exclusivamente a artículos de cultura y opinión.

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