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23.03.08

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Categories: Carlos Osorio Morales

IDENTARIO DE UN HEROE PATRIO XIX

Lobo marino que esconde sus colmillos, sirve para otro combate

Por Carlos Osorio

Y ya se maneja a sus anchas con el lenguaje del mar, cada detalle de sus pericias va a parar a la bitácora de marinero que con pluma verde escribe, para asemejarse al poeta se dice profundo, son leguas y leguas de borradores, allí la goma ejerce su potestad de obsequiarle olvido a intensos momentos de su vida, espera, eso sí, algún día publicar inéditos pasajes de sus travesías en el barco asignado por su amada institución, desde ya publicarlos como si se tratase de un testamento para quienes le sobrevivan, que tenga como fin el principio mismo de su heroicidad, que otras generaciones sepan de su buena ventura, de su capacidad de carismático líder acuático, de quedar inscrito en los anales mismos del aguado y navegado periplo patrio.

¡Ah... si ya chapotea de lo lindo de sólo imaginarse tanta dicha! Es un hombre al agua, y cual marmota en celo domina a sus anchas la bahía. Ver gotitas lo aplaca, ver gaviotas lo entusiasma, son parvadas similares a las palomas que visitarán su monolito y no hay día que dejen de posarse sobre cubierta, las siente cercanas, como la brisa misma, hasta piensa es posible que aquel vuelo raso sea una importante labor de reconocimiento, de estudio a su obra, de vigilar su actuar. Quizás se trate de mensajeras para darle la bienvenida, probablemente sean las emisarias o embajadoras que todo líder carismático y con prestancia requiere para involucrarse y encumbrarse a otras alturas más idóneas, necesariamente menos siniestras para la vida misma.

Inclusive su mano derecha da de comer a cada una de ellas, ya tiene su regalona, Paloma la niña le llama, se la imagina en su hombro perpetua, mejor dicho eternamente presa de su lomo, bañadita de bronce, bien pulida y bien encajada, como si se tratase de un lorito dócil y tierno, con obligaciones por cierto, será la encargada de mirar lo que él no alcance, a mirar, su prótesis ocular exacta para observar, como de reojo, el horizonte y sus límites, la niña de sus ojos pues, que sirva para vislumbrar y cuchichearle más de cerca el futuro, y se imagina y hasta se cree pirata, cojea en la dicha de sentirse un símil de francis drake, un corsario cualquiera, pese al rasurado tremendamente institucional que porta.

Luce mejorado, ya no se marea en cubierta, bastante tuvo con aquella vez que dejó una tremenda estela en aguas atlánticas que más parecía mancha petrolera, era su viaje inaugural, su primer apronte náutico, allí sus tripas descargaron la furia nauseabunda y retazos de bilis acumulada, expulsó hasta la filigrana, fue como un lavado de la especie, el desagüe definitivo de los suyos, y eso lo consuela a pesar de tanto jadeo y esfuerzo, su estómago fue incapaz de controlarse, demasiada comida previa, mariscales a destajo, afectaron su ser ante la embestida de olas en ráfaga, ni el ancla pudo solidarizar siquiera, se hizo pedazos, hasta el intestino tenía mareado el pobre. Entre el ir y venir por cubierta, es un decir porque parecía mono de goma, y sin tener de donde sujetar su humanidad, tuvo la fantástica idea de bautizar a éste ojo de huracán con el nombre de Margot, le recordaba a su primera concubina, aquella que sin decir agua va no cesaba en darle cabida a los furiosos deseos de poseerlo, en darle al para arriba y al para abajo, que ahora de lado, que de frente, que arremétale, que póngale con todo, que arrase con lo que venga, que ya, que no se me maree, que agárrese fuerte, que menéese, que no se me suelte, que déjese ir, no, que no se vaya, que aguante como los valientes, que tuérzame hasta que duela.

Dos días, y sus noches, fue suficiente para que dicho tropical tropel de agua, viento y marea, dejara a la estoica tripulación entre exhausta y vacía, la limpia estomacal fue tal, que varias jornadas anduvieron suavecitos, se trató de una verdadera terapia a pesar del desastre, lo único rescatable fue haber estimulado la ascendencia y el respeto hacia los superiores, miguelangelito incluido que, pese a los vómitos y carreritas para el baño, tuvo su minuto de gloria, jugando un rol destacado, ordenando sin cesar, ejerciendo el mando, llevando el timón, repitiendo y repitiendo estrategias, entre ellos su propio plan daisi, aquel que tanto esfuerzo y complicaciones le significó en aquellos sus primeros años de vida, nunca lo entendió fehacientemente, para la ocasión, se notaba en su esmero, las labores de salvataje eran las que siempre había anhelado, que primero los niños y las señoras, que ahora los ancianos, que yo me quedo a toda costa, que nadie me contradiga, ni me sigan, que aquí me juego mi futuro de héroe, que si es necesario morir, procurándome el honor, aquí me muero, me ahogo sin más, exhalando con creces mi valentía. Nada de lo anterior fue posible, la veintena de clases, que por lo demás eran los únicos pasajeros, entre risitas contenidas, procuraban, pese al instante de locura de su capitán de fragata, el buen funcionamiento de la paupérrima embarcación, a estas alturas, bien mojada, guasqueada y a punto de la zozobra.

Aún con hipo y después de la refriega e incontinencia, del sarcasmo y burla colectiva, hace oídos sordos, como que la húmeda cerilla le prende la dignidad, y sigue, se alegra de la confianza adquirida, de aquello que solía carecer y que a toda costa intentó revertir sin éxito en cuanto sitio le había tocado, como que aquí se siente a la altura de las circunstancias, y es que la tierra erosionaba su humor, como que le encallaba su razón de ser, no así el mar que lo entusiasma y mantiene a flote cuanta dicha. ¡Ya era hora! se ufana, hoy pasea sus grados con holgura, hasta con desfachatez inclusive, su ancestral clase y su prestancia exigen que así sea, en el fondo (del mar inclusive) considera que su paso debe notarse, que suene a ritmo de sus rancios pies antepasados (de moda) y que no queden dudas que se trata de un caudillo con cara de cacique o tiburón con aroma a prócer, conquistador de los océanos.

Pese a todo y después de tantos años fue posible lograr, y pescar, con ganzúas, señuelos y redes, la auto confianza necesaria y así poder ascender gracias a los dotes que tarde o temprano fueron bien considerados, y reitera los agradecimientos al cielo, a dios y a toda su armada que ve encallada por allá en el paraíso, a los cuales y a cada instante reza con devoción, si no es tan difícil pertenecer a esta rama, es cosa de no hacer mucho ruido de follajes y obedecer la línea de mando, aunque el tronco y la parentela es requisito, el apellido es importante tanto como la piel que se porta, ahora, si el medallero incluye una cruz grandota mucho mejor, si es cosa de ver al almirante con apellido de catedral, hasta joroba se gasta por tanto esfuerzo y peso de la creencia, dios en definitiva es el mejor copiloto que un marino puede tener, concluye agradecido y un tanto desvariado.

Tanta meditación de sí mismo lo deprime a veces, y le viene la añoranza, su desdicha por el raro mundo que aún no le ha puesto atención, otro poco por el rechazo de su familia pese a ser considerado, en algún momento, lo mejor de ellos mismos, fueron unos cría cuervos astutos, arrancaron antes que éste les sacara los ojos, por lo demás, analiza, el también arrancó de sus fauces, sin embargo le aflige que nadie entienda su travesía por la vida, que no comprendan su modo de ver el mundo, su llamado a ser el transformador de la especie humana, un transbordador cualquiera, que ofrecerá todo lo mejor de si mismo, en aras de cargar con el bulto y ocupar el sitial que, insiste, le corresponde, es su desvarío inconsciente que lo inquieta de verdad, ya luego de varias copas encima, finalmente tararea aquella de - quizás, quizás, la nave pasará - y está seguro que, así también, pasarán las penas, los tragos amargos, cuestión que ciertamente lo reconforta.

De a poco nota que parte del prestigio se acrecienta, el mentado medallero ya ni deja ver sus hombros que por lo demás son chiquitos, su hinchado pecho se balancea según la marea que lo fluctúe, y aprovecha su estatus para posarse cada vez que puede en la punta del mástil, porque es allí en donde más las condecoraciones titilan y el sonido de dorados metales se acrecienta, es un coro que anuncia su destino, es la tonada que hará bailar a su ritmo a todita la embarcación, a cuanto bicho contenga el mar y por supuesto a la humanidad entera. Si hasta el arcoiris, que a lo lejos observa la ridícula escena, se intimida, como que se opaca y diluye.

Ya da órdenes a los reclutas, que son como sus súbditos en todo caso. ¡Pobres! Ya ni descansan de tanta obligación absurda que les procura -que todos bien formaditos y púlanme la cubierta mientras la tormenta, que amarren el agua, que soplen las velas que falta brisa, que cacen gaviotas al vuelo y si pueden codornices para la cena- Y así los tiene, bien trapeados y absortos, para él son ejercicios de poder del noble oficio náutico, además que dentro del manual de las doctrinas de seguridad, es necesario tener atenta, si se puede desvelada, a la tropa en pos de la defensa más acérrima de los límites territoriales, para ellos, en cambio, tan sólo una mueca, apretar los dientes y contener las enormes ganas de amotinarse y de colgar al capitancito éste, de todos sus púdicos grados, inclusive.

Ni siquiera el rechazo u otras afrentas complican al marino miguelangelito, ninguna mácula en su que hacer y vestimenta se perciben, esto no es más que sinónimo que todo marcha bien, es el compás marcial y genuino que siempre quiso, cada día que pasa se esmera en su higiene, el blanco uniforme lo muestra de a deveras compuesto, su gorro de insignias lo encumbra sobre el resto de la tripulación, la pipa pareciera prende su arrebato, ni hablar de los pulidos zapatos, que ya no son los mismos que tanto cuidaba, sus charolones son la mejor adquisición que ha hecho, le calzan como a la misma cenicienta, los adquirió en ése su primer transatlántico por el mundo, fue después de vagar sin rumbo en aquel puerto europeo con fama de jaranero, justo en semana santa, luego de varios bares, repletos de frutas de la estación, se armó de valor para invitar a su suite… al cuartucho arrendado para la estadía, a la bailarina más cotizada de la noche, con el tiempo se transformaría en la madre de su segundo hijo, fue ella la encargada de vender sus viejos y regalones mocasines en aras de seguir con la fiesta, de darle a la parranda, era un buen pretexto, de por sí ya andaba apestada de soportarlos, por lo demás, qué tanto perderlos, valía la pena, ella era igualita a su madre, que no cesaba en sus deseos más ocultos, que no había marinero que no parara su camino e invirtiera incluso sus zapatos en pos de poseerla, de allí su adicción por ella, de volver a la pasión que le regalaba cada vez que visitaba esa zona del mundo.

Pese al esfuerzo, los altibajos continúan, su cautela y desconfianza cada día se acrecienta, y no le cree mucho a los contiguos del barrio costero, ha notado la misma suspicacia de sus superiores hacia las marinas limítrofes; él las nota sumergidas en guerras de baja intensidad, como escondidas y camufladas, como queriendo preparar el abordaje en contra de su patria, es así que pasa parte importante del día, con la venia de su comandante, sumergido en tareas de observación, en postura de vigilancia y acecho, los binoculares, obsequiados por el borracho comodoro y vecino colindante de su casa, son sus favoritos para tal misión, para auscultar el movimiento de embarcaciones con bandera enemiga, es un marino al acecho y no está dispuesto a tolerar invasiones y menos entregar alguna gota de agua salada a quién ose robarla, menos pescados y frutos del mar, salvo sean transnacionales que hayan firmado algún convenio previo con las autoridades nacionales, todo de acuerdo a lo estipulado en los asuntos de distribución de la riqueza y que son, también, temas que atesora en su cofre ideológico y que, de sobremanera, le apasionan.

Pasará momentos inacabables en esa tarea, se tomó a pecho la necesidad de proteger la tierra que lo vio nacer, de embarcarse y defender con la vida si fuese necesario la arremetida de otros, son conceptos, se aclara, que cada patria dona en pos de obsequiar xenofobia a los fanáticos que la habitan, son costumbres por lo demás que adquirió en su infancia hogareña y en cuanto recinto fue inscrito, será parte y arte de su experiencia acumulada, si es cosa de recordar su incapacidad de compartir golosinas, era tanta su furia y egoísmo que siempre fue necesario aislarlo de cumpleaños y cuanto evento colectivo existiera, he allí una fortaleza que lo hará cada día más amigo del chovinismo, desde luego del nacionalismo.

Y a propósito de experimentado y viajado, de tener un pasaporte con demasiadas páginas y sellos de distintas naciones, es un nómade anfibio sin más, son meses enteros fuera de su tierra, se revuelca en cada playa que siente a su paso, entre que lo hacen más libre, más aireado, sentarse frente al mar lo despabila, su lógica es que la tierra toda, lo vaya reclamando de a poquito, que le grite lo que corresponda, que le anuncie sus deseos, que lo vaya estimulando como necesario, que no pierda de vista sus capacidades, en cada puerto es donde siente, que quienes lo acogen, dan un espaldarazo a su propuesta de ser héroe.

Sin embargo, no faltan los resentidos que se acercan a la embarcación con intensiones de boicotear su remanso sueño, son pancartas y gestos mustios que se reiteran en varias capitales del orbe, gritos y consignas contrarias a la presencia del navío, de sus tripulantes, hasta embajadores y cónsules se hacen presente en aras de aliviar la tensión que allí surge, simplemente se encargan de llamar a la fuerza pública local y ya luego de la represión hacia los convocantes, y en señal rastrera, casi de lameculósculos, saludan protocolarmente al distinguido y lleno de chapitas oficial a cargo, de ese modo se lava la ofensa, de paso el orgullo patrio ante la acometida de resentidos exiliados, y claro, si son exiliados seguramente serán porfiados.

A propósito de gritos y extraños gestos, desde hace un tiempo a la fecha nota cierta preocupación a bordo, asuntos sin competencia se dice, de otra índole y que, contra sus deseos, pasaron a transformarse en un dolor de cabeza permanente; simples rumores, tímidas confesiones, hasta ciertos chistes de mal gusto han dado pié a que crezca la curiosidad, y el temor, como si se tratase de una ola que no ceja en su afán, tal olla de grillos ocupa su bitácora en donde anota sin descanso, hay veces que no alcanzan las hojas para seguir detallando sucesos que allí acontecieron años atrás, en aquella época donde cientos terminaron sus días indefensos, humillados, ahorcados, fusilados, impunemente asesinados y arrojados al mar.

Y claro, si el río suena es porque piedras trae. Si es una cosa de locos tanta información que se va apareciendo; torturas y asesinatos que no se atreve a mencionar en público, menos ante sus subalternos, si hasta se imagina algunos sublevados, nunca todos, porque si bien desliza que a veces sobre cubierta penan, que son ánimas desesperadas, que gritan su dolor, está dispuesto a sembrar la duda y desperfilar el asunto, además que cuenta con respaldo institucional y con una serie de oficiales aliados en extraños pactos de silencio, que permiten dar la cobertura necesaria para que todo funcione como dios manda y claro, a río revuelto, ganancia de… cómplices.

¡Pero si ya esos temas están resueltos! se dice y se pregunta y se responde al mismo tiempo - ¿Acaso no bastan informes, mesas, comisiones e indemnizaciones? ¡A otro perro con ese hueso! alcanza a maldecir, a ladrar mejor dicho, antes que un nuevo grito por allá en la proa alerta a la tripulación, efectivamente se trata de un grupo de jóvenes oficiales que arrancan entre platos y ollas del casino ante tanto crujido y situaciones sobrenaturales que se están sucediendo incontrolables, patitas para qué las quiero es su lema, varias siluetas negras corren tras ellos repitiendo hasta el cansancio, lanzando panfletos sobre la vela mayor, junta a la bandera, acusando en coro, onda escrache, tipo funa, a distintos comandantes, oficiales y reclutas en servicio activo y a otros ya jubilados.

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Una sección en el diario Noticias con Objetividad del partido de La Matanza, dedicado exclusivamente a artículos de cultura y opinión.

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