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Por Domingo De Cristófaro.-
En la contratapa del poemario Versos terroristas, el autor escribe: "Estas estrofas pretenden conformar un panfleto. Un panfleto efectivo. No un panfleto inocuo, como las parrafadas que le propinaron Borges o Juan L. a una exaltación de la 'levedad'. No, éste es un panfleto que trata de exaltar de (sic) los fanáticos sentimientos de venganza que anidan en el alma de cada oprimido."
Y ése es el producto de su trabajo de artista-militante -Oscar Herrero es, además, músico y milita en las filas del Partido Obrero-: un libro en el que, en consonancia con Bertold Brecht, el arte de escribir está puesto al servicio no sólo de la toma de conciencia del lugar en la historia que ocupamos los trabajadores, sino que también es un llamado a ponerse en acción para luchar efectivamente contra el régimen de opresión capitalista.
El poeta no se detiene a contemplar el universo que lo rodea: pone su mirada sobre el mundo descarnado en el que los que nada tienen mueren de hambre o bajo las balas y los que algo tenemos mal logramos mantenernos a base de interminables jornadas de trabajo. Que, al cabo, la nuestra es una forma más de la miseria. Para él no son "la cálida brisa del atardecer" ni "la caída de las hojas amarillentas" motivos dignos ser recreados por su pluma encendida por la necesidad de vivir en un mundo mejor.
Para Herrero, la poesía nace de esa confrontación con las crudas contradicciones del sistema de explotación burguesa: "La palabra -leemos en el prólogo- no es una cosa que se adquiera en un taller literario. La palabra es la explicación del mundo que porta mudo el cuerpo explotado. Con la palabra se explica el mundo y se posiciona frente a él." La palabra debe conducirnos a la organización y a la acción directa. No podemos quedarnos, simplemente en el análisis y la comprensión de la realidad, sino que debemos actuar en forma conciente para transformarla.
Pero es indudable que este panfleto es poesía. Con un lenguaje directo, un lenguaje de todos los días, el de la calle, la fábrica, los amigos y compañeros, Oscar Herrero presenta un mundo personal atravesado por miles de luchas, derrotas y pequeños triunfos. Su discurso de barricada no oculta al hombre sensible -¿no es sensibilidad, acaso, sufrir en carne propia el dolor de los hambrientos, indignarse hasta el grito cuando un misil destruye a una familia entera en Medio Oriente o un adolescente es torturado en una comisaría?- que verso a verso, sigue escribiendo a ese ejército de hombres que, día a día pasan "con un pan debajo del brazo".
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