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El escritor portugués se definió como un autor "espacial" obsesionado con el mal y el dolor, durante su paso por la Feria del Libro argentina. “Me gusta que lean dos veces la misma historia, que sientan la necesidad”, agregó.
El escritor portugués Gonzalo Tavares afirmó que pretende que los lectores "lean como escuchan una canción" y se definió como un autor "espacial" obsesionado con el mal y el dolor, durante su paso por la Feria del Libro argentina.
Autor de varios libros laureados por la crítica -en Argentina la editorial Letranómada acaba de publicar dos de ellos, "Historias Falsas" y "Agua, Perro, Caballo, Cabeza"-, Tavares es la esperanza europea de tener un escritor parecido a Jorge Luis Borges pero incluso así original.
Tras presentarse ante decenas de personas en la Feria, la entrevista comenzó cuando un Tavares ansioso le obsequió al cronista el dibujo de un barrio en el que habitan "señores" con apellidos de autores famosos de la literatura contemporánea.
-¿Qué es esto?
-O barrio (el barrio). Es un proyecto muy loco. Son homenajes a escritores. Pero no me interesan las biografías. Tiene algo que ver con el tono de la escritura de los escritores, o con los temas. Henri Michaux poeta belga), por ejemplo, es un señor fascinado por la enciclopedia. Bertold Bretch vive historias muy políticas, Paul Valery es muy lógico. Es un proyecto largo, utópico.
-¿Cómo surgió?
- Empezó como un proyecto muy espacial. Es paralelo a las novelas. Si esto es el barrio, las novelas son el reino. Son dos palabras muy espaciales y muy opuestas en términos geográficos. El barrio como algo familiar, doméstico. Y el reino como un gran espacio, donde nos sentimos perdidos. Hago un diálogo en lo escrito entre la familiaridad del barrio y el peligro del reino. Mi organización mental es muy espacial. Después de ver 10 años el barrio todo para mí fue más claro. Ante la proximidad de las casas escribo de una manera diferente sobre cada personaje.
-¿Pero puede variar?
- Sí, es un barrio, las personas se pueden mudar. Coincide que ninguno está vivo, excepto Pina Bausch. La idea es hacer una historia de la literatura desde la ficción. Pero son personajes autónomos.
-¿Qué sucede con otras obras fuera de ese proyecto, como "Historias Falsas", donde la atmósfera borgeana está clara, mientras que en "Agua, Perro, Caballo, Cabeza" no queda nada de eso, es caótico?
- Esos libros son un poco representativos de dos líneas muy distintas de mi escritura. Una línea, la de "Historias Falsas", que tiene que ver con lo que hago en "El Barrio", una literatura más de creación de mundos imaginarios, de un mundo paralelo, no real. Y por tanto es algo que tiene que ver con la idea de encantar, de continuar una canción. El otro es representativo de otra línea que es más explícita en "Jerusalem" o "Aprender a rezar en la era de la técnica", que son novelas sobre el mal, la violencia, la agresividad. Es esa línea de desencanto, la idea de romper la canción, origen etimológico de la palabra. Por ello es más violento, agresivo. La línea tiene que ver con los temas, no con la escritura.
-¿Con qué línea te sentís más cómodo?
-Siento necesidad de escribir diferentes libros, por tanto, distintos. Cuando estoy muy depresivo intento escribir libros como "El Barrio", que son libros más tranquilos. En las novelas intento percibir y estudiar la locura, la relación con la racionalidad y cómo el mal está más próximo de la racionalidad que de la locura, que es más benigna.
"Agua, perro, caballo, cabeza" intenta desasosegar a los lectores, perturbarlos. No son cuentos, yo los llamo canciones. No son historias con una lógica, con un principio, medio y fin. Son como impresiones de diferentes niveles.
Cosas biográficas, mezcladas con noticias, administradas con un pensamiento y reflexión sobre los acontecimientos. Es una mixtura, con una escritura muy instintiva. Pretendo que los lectores lean como escuchan una canción.
Me gusta que lean dos veces la misma historia, que sientan la necesidad. Me agrada la idea de relectura. Los textos no están terminados, es necesario que el lector los termine. Y cada lector es un final diferente.
Me interesan temas básicos, como el dolor. No para procurar una solución, sino entender mejor el problema. Que al final los lectores perciban mejor los problemas. No quiero dar una respuesta.
Me gustaría que los lectores terminasen siendo más lúcidos. La idea de la lucidez me agrada mucho. No tiene que ver con tener una respuesta para los problemas, sino con percibir mejor los problemas. El cansancio, el tedio, la violencia...
Fuente: Telam, Gonzalo Bustos
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