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Con textos de Reynaldo Sietecase, esta obra teatral entremezcla las pinturas del aragonés con poetas del siglo XX, como Federico García Lorca, para marcar semejanzas y diferencias en su aporte a las revoluciones artística y política. En el teatro Larreta.
La obra teatral "La última carta de Goya", con textos de Reynaldo Sietecase inspirados en las pinturas de Francisco de Goya y Lucientes, tiene música de Néstor Ballesteros y dirección de Guillermo Asencio, y se presenta en el teatro Larreta (Mendoza 2250) sábados y domingos a las 19.
La pieza es narrada por Rosalinda Varveri, con Carolina Valcarcel en canto y Pablo Cheselky en guitarra, y en ella se entremezclan las pinturas del pintor aragonés con poetas del siglo XX como Federico García Lorca y Blas de Otero.
"Cuando con Ballesteros comenzamos a pergeñar algo sobre Goya, el tema fue su ’pintura negra’ -explicó a Télam el director Asencio- y fue por una crisis artística nuestra, en la que sentíamos que el arte y la posibilidad de revolucionar la cultura estaban completamente disociados."
Ballesteros agregó que también sufrieron una crisis política "y vimos a las pinturas negras como algo muy expresionista, algo incierto, oscuras de profundidad y de veracidad".
Para Asencio, "Goya es el iniciador del expresionismo con su último cuadro, después de haber pasado toda la etapa cortesana clásica en intimidad con los reyes y luchar con toda su insoportable pacatería política".
-¿Goya era un hombre de su tiempo?
Ballesteros: -Empezamos a situar la vida de Goya en tiempo y espacio y a ver las coincidencias de tiempo y espacio con las revoluciones independentistas americanas, con Napoléon, y cuáles fueron las elecciones personales con respecto al reinado de Fernando VII.
-¿Tenía una posición reaccionaria?
Asencio: -Nos dimos cuenta de que era un pusilánime total, un pintor de corte; el tipo estaba con Fernando VII y cuando viene José Bonaparte sigue en la corte. Entonces pinta los fusilamientos de los franceses de 1808 en 1814, cuando regresa Fernando VII, para congraciarse.
Ballesteros: -Había quedado proscripto; como durante la ocupación napoleónica siguió trabajando en la corte, con la restauración del monarca español hubo una persecución política muy grande para los colaboracionista con el régimen inviasor.
"Los fusilamientos..." parece un cuadro tan heroico y tan ético, tan sincero, cuando en realidad es una cosa de una pusilanimidad absoluta.
Asencio: -Lo que nos impactó a nosotros es que Goya evidentemente revoluciona el arte y ése es un cuadro ante el cual nadie puede dejar de conmoverse.
Ballesteros: -Eso sería lo que se llamaría en los comienzos del siglo XIX la Guerra por la Independencia, en los comienzos del XX la Guerra Civil Española, y es donde empezamos a ver una unión entre una cosa y la otra.
Allí aparece la figura de Lorca y comenzamos a investigar la analogía y el contraste: uno con una actitud de gran compromiso político, muy claro y coherente, al que le cuesta la vida muy temprano y un arte si se quiere "naif", maravilloso pero chiquito en cuanto a lo revolucionario.
-Algo común en algunos artistas...
Asencio: -Es pequeño como arte, y sin embargo el posicionamiento político que él toma es importantísimo; entonces la asociación entre el revolucionario artístico y pusilánime político y el artista coherente (Lorca) en arte y política, se hace más evidente.
-¿Qué lugar ocupan entonces los ’Caprichos’?
Asencio: -El los pinta mientras es pintor de corte y los tiene escondidos, porque una de las cuestiones más interesantes de Goya
es que era masón y muy buen guardador de secretos; entonces pintaba los Caprichos para él, aunque en el momento no tienen ese nombre.
Aparecen, entonces, como la expresión más interna de lo que él sentía siendo pintor de cuadros; cosa que en realidad detestaba, pero accede gracias a un cuñado que lo lleva a ganarse el sustento, y además le interesaba mucho el dinero.
Ballesteros: -Las ’pinturas negras’ de Goya que hay en el Museo del Prado son reproducciones, ya que los originales eran frescos que había pintado en su Quinta del Sordo, cuando ya se había retirado de la vida cortesana.
Nadie sabe quién los pintó, seguramente algunos discípulos; pero esas obras pintadas al óleo en las paredes, estaban en la famosa Quinta, que ni creo que exista ya.
Fuente: Telam
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