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Barrio El Porvenir
Según un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, el agua no es apta para consumo, ni siquiera para la limpieza * En esa zona muy pocos habitantes contarían con el servicio de agua potable * Además, contaron que la unidad sanitaria del lugar no funciona y se estaría por vender el terreno * Tiempo atrás realizaron serias denuncias por incorrecta administración de este centro de asistencia primaria de la salud * Reclamaban que el servicio sea municipalizado y así alcance a toda esa población humilde * Desde ese entonces piden ser escuchados y la intervención de las autoridades *
“Esta es tierra de nadie”, sintetizaron vecinas del barrio El Porvenir, de la localidad de Rafael Castillo, al contar las problemáticas en las que se ven sumidos y a la espera de una ayuda del Estado para que su calidad de vida mejore.
El principal inconveniente que dicen padecer es el de la inaccesibilidad al agua potable. En esta zona -en su mayoría poblada por la comunidad paraguaya y boliviana- pese a que la instalación “está en todo el barrio”, contaron, muy pocos habitantes gozarían de este necesario servicio, mientras que el resto debe caminar varias cuadras hasta la iglesia Nuestra Señor de Caacupé, donde hay un pozo para proveerse de un poco de agua más segura.
Es que según los resultados arrojados de análisis de aguas efectuados por un grupo de estudiantes, graduados y docentes de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), poseen “contaminación biológica, con carga bacteriana alta”, con bacterias fecales como la echerichia colis y pseudomona aeruginosa, presenta “elevada turbidez, dureza y bajo cloro activo”. Esto significa que no puede ser ingerida, ni usada para lavar ropa, utensillos, o para la higiene personal.
El grupo de investigadores universitarios realizaron dicho estudio en mayo de 2006, en que estuvieron realizando una encuesta y en noviembre de ese mismo año y junio de 2007 tomaron muestras de agua en las casas y en otros lugares del barrio. Así pudieron efectuar dos tipos de análisis: los biológicos, que permiten detectar en el agua la presencia de seres vivos que pueden verse a simple vista como las bacterias y diversos tipos de parásitos; y los fisicoquímicos, entre otras cosas posibilitan saber si el agua contiene sustancias químicas que no deberían estar presentes, o si lo están su cantidad no debería superar cierto valor de límite.
A través del análisis biológico detectaron la presencia de ciertas bacterias, por ejemplo la Pseudomonas aeruginosa, que de acuerdo advirtieron estos entendidos, pueden causar enfermedades tales como infecciones en la piel y respiratorias. Según comentó una de las vecinas del barrio, Estela Maris Enciso, quien se ha puesto al frente de la preocupación de los lugareños, tiene dos sobrinos afectados de los bronquios a causa del agua contaminada, los cuales se están siendo atendidos en el Policlínico de San Justo.
En el lugar también este grupo de la UBA llevó a cabo una “Jornada por el agua”, en forma de olla popular, en la que compartieron con todos los vecinos los resultados de los análisis y pusieron en común la problemática que los une a todos.
Ante esta situación, recomendaron a la gente no hervir el agua, porque de esta manera se concentran los contaminantes químicos, sino echarle sólo dos gotas de lavandina por litro de agua para matar las bacterias y parásitos; además, no dejar que los chicos jueguen en el arroyo porque tiene un elevado nivel de contaminación con bacterias que pueden afectar a su piel, y en lo posible, acarrear agua de la capilla ya que los análisis demostraron que es confiable.
Por otra parte, vecinas plantearon que la sala de salud no funciona más, está cerrada, y se estaría por vender ese terreno donde se asienta. De a cuerdo a lo que contaron, este centro asistencial -ubicada en la calle Rodney frente a la iglesia Nuestra Señor de Caacupé- se comenzó a edificar casi nueve años atrás; la tierra fue donada por un sacerdote y la construcción se levantó entre todos los vecinos que colaboraron con dinero y materiales. Pero el titular de la entidad “anda diciendo que la salita no es de los bolivianos ni de los paraguayos, siendo que nosotros donamos muchísimas cosas”, aseguraron anteriormente las vecinas Estela Maris Enciso y Rosalina Cantero Rodríguez.
El año anterior ya habían denunciado el mal funcionamiento y una serie de irregularidades en la sala de primeros auxilios, y por eso pretendían que la Municipalidad de La Matanza se hiciera cargo del servicio de salud de la salita, el cual, según denunciaron tiempo atrás, estaba fuera del alcance de sus posibilidades poder atenderse allí.
También, manifestaron claramente la intensión de comenzar a pagar los servicios que le suministra gratuitamente la comuna, como la electricidad, para poder contar con un “mejor” y regular servicio. “No queremos que nos provean, queremos pagar la luz y el agua como pagamos el teléfono”, afirmó Enciso y esperanzada pidió “que nos atiendan, nos escuchen, para que sepan lo que nos está sucediendo”.
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