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Ciudadanos chinos (cuarta entrega)
La valoración del lenguaje y la comunicación
Por Raquel T. Fazio.-
Cada vez más cantidad de jóvenes chinos, que trabajan en los supermercados, desean estudiar el idioma castellano. Les resulta tan difícil (como a nosotros el idioma chino), pero lo valoran no sólo como herramienta cultural, sino para el desarrollo laboral y la relación con la clientela.
Según una encuesta publicada en Internet y realizada por el Centro Universitario de Idiomas (CUI) de la Facultad de Agronomía de la UBA, el 68% considera que aprender castellano es "muy difícil", mientras que el 21% lo cree "difícil". Al mismo tiempo, este idioma está considerado un elemento de cultura general (42%), una herramienta para trabajar (37%) y un valor agregado (21%). El 95% sostiene que "las culturas son muy diferentes".
“Los estudiantes chinos tienen una dificultad real con el aprendizaje del español, que tiene que ver con la grafía, con el habla y la pronunciación, con la semántica de la lengua pero también con los métodos de enseñanza.”
La metodología de la enseñanza de la lengua está enfocada en nuestro sistema hacia el objetivo central de la comunicación . Esto dificulta la alfabetización de los estudiantes chinos, que todavía tienen una forma de aprender más ligada al trabajo sistemático de la repetición.“La enseñanza más libre les resulta algo caótica”
Cuando un profesor de castellano intenta explicar la estructura lingüística del idioma a sus alumnos orientales, en primer lugar debe pensar que el idioma de ellos es una lengua conceptual, un sistema de escritura (y lectura) basado en tres elementos:
· Ideogramas, o sea, imágenes o símbolos que significan un ser, un objeto o una idea, pero no palabras o frases fijas.
· Pictogramas o dibujos simplificados de los objetos que nombran.
· Fonogramas, o sea, caracteres o símbolos usados para representar una palabra, sílaba o fonema, que están compuestos de un elemento que da una idea aproximada de la palabra y de otro que marca cómo debe pronunciarse.
Además el docente deberá tener en cuenta que el idioma chino es un idioma tonal y que dependiendo de cómo se entone una palabra el significado varía considerablemente. Existen en él cuatro tonos principales:
· El primer tono, que se pronuncia de forma sostenida, sin variación y se representa con un macrón sobre la vocal. ( ˉ )
· El segundo tono, que empieza bajo y acaba alto, tal como hacemos en castellano cuando formulamos una pregunta y se marca con un acento agudo. (ˊ)
· El tercer tono, que empieza medio, luego baja mucho y acaba alto y se representa con un carón. ( ˇ )
· El cuarto tono, que empieza agudo y acaba bajo se simboliza con un acento grave (ˋ)
· Finalmente, el tono neutro, que se caracteriza por ser corto, usado básicamente en partículas auxiliares y se representa con una vocal normal sin acentos gráficos.
Tener en cuenta estos saberes previos en cuanto a la lengua “madre” ayudará a encontrar las estrategias didácticas que den mayores oportunidades para el aprendizaje de un idioma tan disímil como lo es el castellano
Por todas estas características del chino, sucede a veces que cuando escuchamos hablar a un grupo de personas de ese origen percibimos un lenguaje mas bien melódico en el que es preciso tener en cuenta cómo se dicen las palabras o frases; o sea, si se lo entona suave, enfadado, como suplica o pregunta, por ejemplo. Los variados sonidos que solemos percibir en una conversación nos puede causar a veces tanto sorpresa como risa, dado que nuestro oído no se encuentra acostumbrado a la variación de graves y agudos en la voz de una misma persona.
Sin pensar en un enfoque de enseñanza tradicional basado en la decodificación (grafemas y fonemas) y la ausencia de sentido en la lectura y la construcción escrita, tenemos que definir la realidad de que en castellano cada símbolo del alfabeto representa un sonido sin una tonalidad específica o marcada. Esto implica que las personas chinas han de pasar de una lengua basada en ideas, y cuya pronunciación y acentuación presenta numerosas variables, a una lengua basada en sonidos con registros distintos al otro idioma, que se unen para conformar las sílabas, las palabras, la mayoría de ellas con acentuación grave (y las demás agudas, esdrújulas sobreesdrújulas, etc.). Estos sonidos les son, en la mayor parte de ellos, ajenos, y por tanto, las primeras dificultades que seguramente tendrán que afrontar serán las de reconocer y reproducir los mismos. Un ejemplo claro es la pronunciación de la erre.
Si afirmamos que tanto la escritura como la lectura, en cuanto ámbitos de conocimiento constituyen prácticas sociales, aceptaremos como sustento el hecho de que se aprende de los demás por medio de la interacción cotidiana. En lugar de ser consideradas como actividades cuasi subjetivas, se las concibe desde una perspectiva social, en la que el sujeto participa empleando la lengua escrita para construcción de significados y aún más de sentidos. Y, si las dificultades lingüísticas son evidentes, las dificultades a las que podemos denominar “culturales” son aún más insidiosas y barreras para la comunicación.
Las normas culturales de un país occidental (Argentina) y las de un país oriental (China) conforman estructuras que las personas de ambas naciones las tienen y aplican “sin pensarlo” y además las viven como “universales”. Además hay una estrecha relación entre lengua y cultura, que identifica a cada pueblo...
Y en cuanto a la enseñanza del idioma sabemos que, por un lado hay un profesor que brinda muestras de lengua, crea interacciones lingüístico – comunicativas, asegura un feed back, y por el otro hay un alumno, un sujeto que aprende según modalidades realmente desconocidas.
Conocer al estudiante significa conocer sus características psicológicas (afectivas, cognoscitivas, sociales), sus modalidades de aprendizaje, las motivaciones y muchos otros aspectos de su personalidad y del contexto en el cual ha vivido. Esto indica que la enseñanza debe ser calibrada sobre la medida del estudiante y también, sobre un conocimiento del lenguaje natal, que le ha proporcionado a ese sujeto de aprendizaje direccionalidad a sus pensamientos.
Estas y muchas otras problemáticas se vienen planteando en la enseñanza del idioma castellano a niños y jóvenes chinos, aceptando la realidad de diferencias culturales que, como analizamos, jamás van a estar apartadas del lenguaje.
Esperamos que en nuevos artículos podamos ir profundizando en este desafío , y que desde este medio periodístico podamos abrir una ventana al mundo, brindando un valioso aporte en la alfabetización de alumnos provenientes de tierras lejanas, situadas en otro continente, y que hoy son nuestros comerciantes y vecinos.
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