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Benedicto XVI decidió retornar al sistema que requería el voto de las dos terceras partes de los cardenales. Así, se modifica la reforma que había establecido Juan Pablo II en 1996, que permitía que el el jefe de la Iglesia católica fuera elegido por mayoría simple tras varios días de votación.
El papa Benedicto XVI reinstauró hoy la norma que establce que el próximo pontífice deberá ser elegido por dos tercios del Cónclave y de esta forma dejó sin efecto la medida tomada por su antecesor, Juan Pablo II, en 1996.
El Papa restauró así la regla que establecía que quien podía llegar al cargo de Sumo Pontífice lo hacía con el apoyo de la mitad más uno de los cardenales que votaban, porcentaje al cual se podía recurrir en caso que los electores no lograsen encontrar un acuerdo amplio en el escrutinio 33.
La nueva disposición, además, convierte en obligatorio el ballottage entre los dos candidatos más votados tras la votación 33 y también en ese caso será necesaria una mayoría de dos tercios. También estableció que los dos candidatos más votados no podrán participar en esta parte de la elección.
En el resto de los puntos, la Constitución Apostólica "Universi dominici gregis" de Juan Pablo II se mantiene igual, siguen abolidos los modos de aclamación y por compromiso, mientras que la elección se seguirá haciendo por escrutinio secreto.
Según el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi, con esta modificación se pretende "garantizar el más amplio consenso posible en el nombramiento del nuevo Papa", informó la agencia Ansa.
En el "motu propio" -documento que el Pontífice escribe por iniciativa propia y no como respuesta a una solicitud- emitido en latín, el Papa se convirtió en la quinta máxima autoridad de la Iglesia Católica desde 1904 en intervenir en la forma de elección de quien dirige al Vaticano.
En enero de ese año, Pío X introdujo disposiciones para impedir que autoridades políticas externas vetaran a un candidato y Pío XII incorporó, en 1945, la norma de los dos tercios más un voto para la elección del Pontífice.
Pablo VI, en 1970, estableció el límite de edad de 80 años para los cardenales electores y en 1975 dispuso que el número de cardenales electores no superara los 120.
En 1996, Juan Pablo II había dispuesto la mayoría absoluta para que algún hombre sea elegido como Papa, método que fue utilizado únicamente en la elección de Joseph Ratzinger.
Juan Pablo II también había instaurado que los cardenales electores se alojaran en un edificio construido en el Vaticano, e impuso al voto secreto como la única forma de elección de un nuevo Pontífice, decisión que Benedicto hasta el momento no retocó.
Hasta 2005, los cardenales se instalaban en habitaciones separadas por mamparas, sin duchas y con las ventanas selladas, lo cual representaba un tormento para los más ancianos.
Santa Marta, el edificio que desde el último Cónclave alberga a los cardenales, cuenta con 120 confortables habitaciones -que son asignadas por sorteo- y 20 salones comunes.
El documento de hace 11 años también señalaba -al igual que el comunicado de hoy- que la votación para elegir al Pontífice seguirá realizándose en la Capilla Sixtina, adonde los electores son trasladados para cada sesión de voto en medio de un aislamiento total.
Además, siguen en pie las reglas de secreto establecidas en 1975 por el papa Paulo VI, que prohíben a los cardenales ingresar con teléfonos móviles y los obliga a abstenerse de correspondencia epistolar, telefónica o por otros medios con personas ajenas al Cónclave.
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