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Quienes pensaban que Barack Obama podría modificar el apoyo de Estados Unidos a Israel estaban equivocados, pero en cambio resultó sorpresivo el respaldo de Nicolas Sarkozy a la división de Jerusalén, como reclaman los palestinos.
El candidato presidencial demócrata estadounidense así como el senador John Edwars son respaldados por los sectores de izquierda de ese partido, mientras que el presidente de Francia es uno de los líderes de la derecha europea que estrechó filas con George W.
Bush. Sarkozy, que propone la expulsión de los inmigrantes ilegales, dijo esta semana ante el Parlamento israelí que Jerusalén "debe ser la capital de dos Estados" y pidió la paralización de los asentamientos judíos en Cisjordania.
Su posición es similar a la que expresaron en su momento otros líderes franceses como el ex presidente Francoise Mitterrand y Jacques Chirac, luego de que Francia ayudara a construir en los años 50 el reactor nuclear de Dimona, considerado fundamental en el desarrollo atómico israelí.
Sarkozy, quien según algunos analistas es ahora más popular en Estados Unidos que en Francia, organizó una cumbre mediterránea para el próximo 13 de julio, a la que fue invitado el presidente sirio, Bashar al-Assad.
Para Israel es vital el apoyo de Estados Unidos, y por eso motivo resultaron fundamentales las declaraciones que formuló el pasado 4 de junio el candidato presidencial demócrata de respaldar a Tel Aviv frente a las posibles amenazas de Irán.
En un intento por atraer a la poderosa comunidad judía estadounidense, de fuerte respaldo entre los republicanos, Obama apoyó la alianza histórica de Washington con Israel y dijo que no negociará con organizaciones terroristas.
También se pronunció a favor de la creación de un Estado palestino, aunque rechazó la "división" de Jerusalén, como reclaman los palestinos y que fue una de las principales causas del fracaso de la Cumbre de Camp David, en 2000, impulsada por el ex presidente Bill Clinton.
Sus declaraciones constituyeron un balde de agua fría para los palestinos, quienes reclaman que Jerusalén Este, capturada por Israel en la Guerra de los Seis Días en 1967, sea la capital de su futuro Estado.
Incluso algunos analistas estadounidenses dijeron que Obama pronunció un discurso de "halcón" como un "campeón de Israel", incluso más duro que el que dio un día antes la secretaria de Estado, Condoleezza Rice.
En un artículo publicado en la revista Time, Jay Newton-Small señala que desde que ganó la nominación presidencial demócrata el senador afroamericano ha subrayado que su "identificación con el ïcambioï no significa una amenaza o, peor aún, una actitud revolucionaria".
"De algún modo él está boxeando contra sí mismo; tratando de contener las críticas sobre su falta de experiencia. Por eso compró un equipo lleno de consejos de cabellos grises, que establecieron posiciones y relaciones con Washington", señaló.
El analista se refiere a que Obama eligió como consejeros a la ex secretaria de Estado Madeleine Albright y a Warren Christopher, quienes a su juicio representan "lejanas cosas" desde el cambio que propone el senador de Illinois para cambiar el país luego de ocho años de gobierno de Bush.
Más allá de que mantiene una ventaja de doce puntos sobre el candidato republicano, John McCain, según la mayoría de las encuestas, Obama provoca controversia no sólo por ser afroamericano sino por su posible vinculación con el mundo musulmán.
Esta semana el senador por Illinois tuvo que disculparse luego de que dos mujeres musulmanas, que usaban un pañuelo sobre su cabeza, fueron sacadas por miembros de su comitiva en un acto en Detroy, Michigan.
"Vine a apoyarle y me he sentido discriminada por la persona que supuestamente me siento identificada", dijo Hebba Aref, una joven de 25 años que dio a entender a la prensa que Obama no quiere que se lo relacione con la comunidad musulmana.
En un artículo publicado en el diario The Internacional Herald Tribune, el analista Roger Cohen propone a Obama que visite una mezquita, ya que durante la campaña para lograr la nominación demócrata, en la que derrotó a Hillary Clinton, el senador negro sólo asistió a sinagogas e iglesias.
A pesar de sus diferencias sobre Jerusalén, tanto Obama como Sarkozy coincidieron en señalar que Irán, con su programa nuclear, representa una amenaza para Israel, mientras crece la tensión contra Teherán luego de que Washington decidiera sacar del llamado "Eje del Mal" a Corea del Norte.
El acuerdo para suspender el programa nuclear de Pyongyang es considerado un logro diplomático del gobierno del presidente Bush, pero en la práctica constituye un nuevo paso para que todas las miradas internacionales se concentren en Irán.
Fuente: Telam
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